
El sector del cava atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. En los últimos meses, varias bodegas históricas han decidido abandonar la Denominación de Origen Cava. La salida más reciente y simbólica ha sido la de Juvé & Camps, una casa con más de un siglo de trayectoria. No es un caso aislado. Antes que ella ya habían tomado el mismo camino nombres de peso como Gramona, Recaredo, Llopart o Torelló. El goteo es constante y refleja un malestar que viene de lejos.
Para entender qué está pasando hay que empezar por una anomalía poco conocida: el cava no es una denominación de origen al uso. Mientras que otras denominaciones españolas están ligadas a un territorio concreto, el cava se define por un método de elaboración y puede producirse en distintas zonas de España. Aunque la mayoría se concentra en Cataluña, especialmente en el Penedés, también hay producción en Extremadura, Comunidad Valenciana, Aragón o La Rioja.
Esta dispersión geográfica ha sido durante años una fortaleza —permitía crecer rápido y abaratar costes—, pero hoy, para algunas bodegas, se ha convertido en un problema. El consumidor no asocia el cava a un territorio claro, como sí ocurre con el champán en Francia. Y en el mundo del vino, la identidad lo es todo.
Diferentes modelos de negocio
A este problema se suma otro aún más importante: dentro de la propia denominación conviven modelos completamente distintos. Por un lado, grandes productores orientados al volumen, con precios bajos y fuerte presencia en supermercados (Freixenet, Codorníu, García Carrión...). Por otro, pequeñas y medianas bodegas que apuestan por la calidad, la producción limitada y largas crianzas.
Esa convivencia ha generado tensiones crecientes. Muchas bodegas consideran que la imagen global del cava se ha deteriorado porque se ha asociado a un producto barato, lo que dificulta vender botellas de mayor valor añadido. En otras palabras: el éxito del cava como producto de masas ha terminado perjudicando a quienes quieren posicionarlo como un vino de prestigio. De ahí nace la ruptura.
Una nueva marca: Corpinnat
Las bodegas que abandonan la denominación no lo hacen para desaparecer, sino para reubicarse. La mayoría se integra en proyectos como Corpinnat, una marca colectiva que agrupa ya a 22 productores del Penedés con normas mucho más estrictas: vendimia manual, cultivo ecológico, mayor tiempo de crianza y, sobre todo, el vínculo del producto con el territorio.
El objetivo es claro: competir en la liga del champán. No en volumen, sino en prestigio y precio.
La salida de estas bodegas cobra aún más relevancia si se tiene en cuenta que estamos hablando de casas como Gramona, Recaredo, Llopart o Juvé & Camps, que llevaban en algunos casos más de medio siglo elaborando cava bajo el paraguas de la DO.
Momento complicado para el cava
Este cambio de estrategia llega en un momento económico complicado para el sector. Las ventas y exportaciones de cava han caído con fuerza en el último año. En 2025, el sector vendió alrededor de 190 millones de botellas, un 12,8% menos que el año anterior, mientras que la facturación se redujo un 10%, hasta los 2.048 millones de euros.
A ello se suman factores externos como la sequía, que ha reducido la producción de uva, y un cambio en los hábitos de consumo: se bebe menos alcohol, pero se busca más calidad.
El resultado es una tormenta perfecta. Por un lado, cae el volumen de ventas. Por otro, se rompe la unidad del sector. Sin embargo, la DO Cava ha asegurado en un comunicado que, pese a la salida de marcas veteranas, cuenta con activos "muy sólidos" que le permiten mirar hacia el futuro con "confianza y ambición".
También ha remarcado que el dinamismo forma parte de la "evolución natural de cualquier denominación de origen en Europa" y que su objetivo seguirá siendo el de seguir "incrementando el valor, el prestigio y el reconocimiento del cava a nivel global".
La batalla estratégica sobre el futuro del cava ya ha comenzado. El sector se divide en dos bandos que apuestan por modelos de negocio totalmente diferentes con el objetivo no sólo de sobrevivir, sino de conquistar el terreno que hasta ahora ostenta un único rey: el champán.


