
L'Estany, un municipio del Moyanés en Barcelona con apenas 390 habitantes, ha recuperado su pulmón comercial. Tras el cierre el pasado mes de enero de la única panadería de la localidad, debido a que su propietaria, Alba Codina, fue diagnosticada con celiaquía tras dos décadas al frente del negocio, el municipio se enfrentaba a la desertificación de servicios básicos.
La solución ha llegado de la mano de Román González, quien ha decidido dar un giro radical a su trayectoria profesional, según un reportaje de la televisión autonómica 3Cat.
Del éxito de la gran ciudad al servicio mínimo
González no es un recién llegado a la gastronomía, sino que procede de las cocinas de El Celler de Can Roca, uno de los templos culinarios de Gerona. Sin embargo, decidió abandonar el ritmo frenético de la capital para apostar por un proyecto artesanal en el entorno rural. Según el reportaje, el nuevo panadero confiesa que "no estaba muy seguro porque es un estilo de vida completamente diferente", pero la necesidad del pueblo y las posibilidades del local terminaron por convencerle.
La reapertura ha supuesto un alivio para los vecinos, especialmente para la gente mayor, que se veía obligada a desplazarse hasta Moya para adquirir un producto tan básico como el pan. "El cierre del horno era como una especie de cierre del pueblo", explica Joaquín, uno de los residentes. Para muchos, sin coche ni medios de transporte ágiles, la falta de este comercio se había convertido en un problema de logística diaria.
El reto de un horno previo a la Guerra Civil
La transición no ha sido sencilla. González ha tenido que enfrentarse a un proceso de "aprendizaje a la brava" para dominar un horno de leña cuya construcción data de antes de la Guerra Civil. "Los primeros días tiraba la mitad de la producción", reconoce el profesional, quien ahora trabaja en solitario desde las 00:30 de la noche hasta las 13:00 del mediodía para cubrir tanto la elaboración como la venta al público.
El objetivo de este nuevo proyecto no es la producción industrial, sino la recuperación de la calidad artesana y el producto arraigado a la tierra. González busca "volver a los orígenes" con piezas que ya han recibido el visto bueno de los vecinos, quienes destacan el sabor "de antes" en productos como el pan o los buñuelos de temporada.
Un ritmo de vida pausado
A pesar de la dureza de las jornadas y el desafío técnico, el ex del Can Roca asegura que es "una de las mejores decisiones" de su vida. Frente al estrés y la sobreexcitación de la ciudad, L'Estany ofrece un entorno donde el contacto con el cliente es directo y el apoyo comunitario es la base del negocio. El joven panadero destaca que el pueblo se ha volcado con él: "Todo el mundo te ayuda y quiere que te salga bien".



