
Las alarmas vuelven a encenderse en el corazón financiero del mundo, Wall Street. En medio de las turbulencias en los mercados merced a la crisis de suministro de hidrocarburos en el estrecho de Ormuz, ahora, crece el temor a que estalle una nueva crisis financiera.
El pecado original que preocupa a propios y extraños es el crédito privado. Aunque el discurso oficial trata de mantener la calma, el temor a que el estallido de una nueva crisis financiera tenga su epicentro en este opaco mercado es ya un clamor entre los grandes espadas de Wall Street. El último en sumarse a este clima de inquietud ha sido Jamie Dimon, consejero delegado de JPMorgan Chase, quien, pese a negar inicialmente un "riesgo sistémico", ha dejado un reguero de advertencias que apuntan directamente a la fragilidad del sistema actual.
En su tradicional carta anual a los accionistas, Dimon ha puesto el dedo en la llaga: el mercado de crédito privado —préstamos concedidos fuera del circuito bancario tradicional y regulado— se ha disparado hasta los 1,8 billones de dólares. Una cifra astronómica que, sumada a la falta de transparencia y a unas valoraciones poco rigurosas, constituye un cóctel explosivo ante un inminente cambio de ciclo.
El fin del dinero fácil y la "negligencia" en los estándares
Para el veterano banquero, el problema no es solo el volumen, sino la complacencia. Dimon denuncia que se han relajado los estándares crediticios "en prácticamente todos los ámbitos", recurriendo a cláusulas laxas y supuestos de rendimiento "agresivos y optimistas". La advertencia es clara: cuando el ciclo de crédito se debilite —algo que Dimon da por seguro—, las pérdidas serán muy superiores a lo esperado.
"No hemos experimentado una recesión crediticia en mucho tiempo, y parece que algunos dan por sentado que nunca ocurrirá", sentencia Dimon, afeando la conducta de los nuevos actores del mercado que han entrado tarde y sin la gestión de riesgos adecuada.
Esta preocupación coincide con la expresada recientemente por el CEO de Goldman Sachs, David Solomon, reforzando la tesis de que el sector financiero se encamina hacia una corrección dolorosa tras años de dopaje monetario.
El "ataque" regulatorio de Basilea III: "Es antiamericano"
Fiel al estilo combativo que caracteriza a las grandes figuras del capitalismo estadounidense frente a la burocracia, Dimon no ha ahorrado críticas hacia las nuevas exigencias de capital de la Fase Final de Basilea III. El consejero delegado de JPMorgan ha calificado de "sinsentido" unas reglas que, a su juicio, castigan el éxito y la resiliencia de las entidades sólidas.
Dimon ha sido tajante al calificar como "antiamericano" el hecho de que su entidad tenga que mantener hasta un 50% más de capital en préstamos a familias y empresas que otros bancos de menor tamaño, simplemente por su éxito y escala. Para el banquero, este intervencionismo regulatorio solo sirve para asfixiar el crédito en la economía real.
La IA: inversión real frente a la desinformación
En el lado positivo, Dimon ha querido desmarcarse del escepticismo que rodea a la tecnología del momento. A diferencia de otros analistas, sostiene que la inversión en inteligencia artificial no es una burbuja especulativa. Al contrario, augura que su adopción será más rápida que la de la electricidad o internet, transformando radicalmente la productividad.
No obstante, no oculta los riesgos: desde el impacto en el mercado laboral —donde pide ayudas para la "recapacitación"— hasta las amenazas a la seguridad nacional mediante deepfakes y ciberataques. La consigna es clara: innovación sin freno, pero con una vigilancia extrema ante las nuevas formas de criminalidad digital.

