
El sector del café atraviesa por una importante crisis de precios. "Hablemos del precio del café. El otro día escuchaba que dicen que nos están vendiendo ahora el café a precio de entrecot. Sí, es así", reflexiona Ignasi Parcerisa, cofundador de Faces.
Tras dejar sus carreras en consultoría y gestionar un hotel en Colombia, él y su socia Margarita Vilaclara regresaron a Barcelona con la misión de montar este negocio de café de especialidad.
El café se dispara
La sensación del consumidor de que su taza matinal es cada vez más cara no es solo una percepción, sino una realidad estadística. De hecho, el café cerró 2025 como la bebida que más subió de precio en España, con un aumento del 16,3% interanual y acumula una subida histórica de más del 130% en los últimos cuatro años en algunas variedades de café molido. Un paquete de 250 gramos marca blanca que antes costaba poco más de un euro ronda ahora los tres. Los cafés de marca ya superan en algunos casos los 4 euros, y formatos como el soluble o las cápsulas se disparan aún más, lo que hace que los consumidores se lo tengan que pensar dos veces antes de poner la cafetera.
La realidad de los números: ¿quién se queda el dinero?
Frente a este escenario de inflación, Ignasi pone las cartas sobre la mesa tomando como referencia su café "el castillo doble fermentación de Alejo", que venden a 12,70 euros el kilo. Según cuenta, un 61% del precio va directamente al bolsillo del productor en Colombia. Mientras el mercado internacional (el llamado precio de commodity) cotiza actualmente sobre los 6 euros el kilo. En Faces pagan voluntariamente por encima de esa cifra.
"Estamos proyectando un café a un mercado internacional, entonces es más justo para el productor que pueda vender su café por encima del precio que le daría en la cooperativa", explica Ignasi. A este valor se le añaden "primas por calidades", un incentivo económico para aquellos agricultores que, como Alejo y Camila en las regiones de Risaralda o Quindío, se esfuerzan por lograr procesos de fermentación impecables que el mercado de consumo masivo no remunera.
La logística y el control de calidad: el valor de lo invisible
El resto del precio se reparte en partidas que garantizan que el grano llegue en condiciones óptimas a Europa. Un 15% se dedica a los complejos costes logísticos de importación y exportación, mientras que un 12% se destina exclusivamente al control de calidad. Este último punto incluye análisis sensoriales realizados por expertos como Daniel Gómez tanto en origen como en España, asegurando que no haya defectos en la trilla.
Tras restar los gastos de distribución y almacenamiento en su almacén de Barcelona, el margen neto para los importadores es de apenas un 11%. "Quien quiera saber más acerca de toda la labor que estamos haciendo, estamos volcando todos estos datos en reportes de transparencia", insiste Ignasi, invitando al tostador y al consumidor a entender que están operando en un mercado de commodities con fluctuación constante de precios, y luchando para que haya una absorción del riesgo igualitaria en toda la cadena de producción.



