
Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) ha decidido poner fin a su aventura en el capital de Indra. La empresa familiar de Alcalá de Henares ha ejecutado este martes, al cierre del mercado, una colocación acelerada de la totalidad de su participación (el 14,3%), valorada en más de 1.320 millones de euros.
La operación supone la salida definitiva de los hermanos Javier y Ángel Escribano del gigante tecnológico, donde llegaron a consolidarse como el segundo mayor accionista, solo por detrás de la SEPI (28%). La retirada se ha formalizado mediante una notificación a la CNMV por parte de Advanced Engineering & Manufacturing, el vehículo inversor de la familia, y conlleva la dimisión "firme e irrevocable" de Javier Escribano como consejero dominical.
Unas plusvalías de vértigo
Más allá del tablero geoestratégico, la operación es un éxito financiero rotundo para los Escribano. En apenas tres años, la revalorización de Indra en bolsa —que este martes cerró en 52,34 euros con un alza del 5%— ha permitido a la compañía madrileña disparar el valor de su inversión.
Según fuentes del mercado, la plusvalía de la venta supera los 900 millones de euros. EM&E invirtió unos 380 millones de euros para alcanzar su peso actual en el capital, contando con el respaldo financiero de JPMorgan. Con los fondos obtenidos hoy, la familia podrá cancelar cómodamente su deuda con el banco estadounidense y retener un beneficio neto multimillonario.
El fin del sueño del "campeón nacional"
Sin embargo, la salida deja un regusto amargo en lo industrial. La entrada de Escribano en Indra no nació con vocación especulativa, sino con el ambicioso objetivo de crear un "campeón nacional" de la defensa que integrara las capacidades de tiro y óptica de precisión de Escribano con los sistemas aeroespaciales de Indra.
Este proyecto contaba inicialmente con el visto bueno de la Moncloa, llegando incluso Ángel Escribano a asumir la presidencia de Indra en enero de 2025. Sin embargo, el intervencionismo estatal terminó por dinamitar el plan. La SEPI comenzó a torpedear la integración alegando supuestos "conflictos de interés", una pinza que acabó forzando primero la retirada de la oferta de integración y, el pasado 1 de abril, la dimisión de Ángel Escribano como presidente en favor de Ángel Simón (ex CriteriaCaixa).
Incógnitas sobre el comprador
La gran pregunta que sobrevuela ahora el parqué madrileño es quién se ha quedado con el 14,3% de Indra. El mercado especula sobre si la colocación ha sido atomizada entre fondos internacionales —lo que diluiría el control español privado sobre la compañía— o si existe un inversor institucional de peso que recoja el testigo de los Escribano.
Desde Indra, la consigna oficial es de perfil bajo. El consejero delegado, José Vicente de los Mozos, ya advirtió la semana pasada que la compañía "no tiene nada que decidir" y que el parón de la integración industrial fue una decisión soberana de los socios ante el bloqueo administrativo.
Con esta desinversión, el Estado, a través de la SEPI, refuerza de facto su control político sobre Indra al desaparecer el único contrapeso industrial de relevancia que quedaba en el accionariado. Los Escribano, por su parte, regresan a su núcleo de negocio con una caja envidiable, pero dejando atrás el proyecto de liderar la consolidación de la defensa en España.
