
En plena crisis de vivienda, con precios cada vez más altos, tanto en venta como en alquiler, toma especial importancia el debate sobre las causas del encarecimiento de los inmuebles y las posibles soluciones que se podrían implementar. De este modo, en Libre Mercado hemos insistido en numerosas ocasiones en que el factor fundamental que tensiona los precios es el intervencionismo público sobre la oferta de vivienda.
Ante la evidencia de que lo que se esconde tras la crisis de vivienda es el control del suelo por parte del Estado y el exceso de burocracia, así como la persecución a los propietarios y la debilidad del Estado de Derecho, la izquierda pretende convencernos de que el problema radica en la especulación y la concentración de propiedades en pocos tenedores. Así, han encontrado un nuevo factor que, a su juicio, estaría impulsando los precios de las viviendas: los nómadas digitales.
Nuevo chivo expiatorio
Tras haber señalado a los grandes tenedores y los pisos turísticos por el incremento de precios de la vivienda, la izquierda ha decidido poner el foco en los trabajadores del sector tecnológico que se trasladan de país. En este sentido, el sociólogo Jorge Sequera, que acaba de publicar el libro Nómadas digitales y precarización algorítmica: las plataformas en ciudades del sur de Europa, explica en una entrevista en el diario Público las tesis de esta obra que, fundamentalmente, sostiene que los denominados nómadas digitales son una suerte de "caballo de Troya de la especulación inmobiliaria en las grandes ciudades del sur de Europa".
Al respecto, el autor explica en la entrevista que "la figura del nómada digital se ha convertido en un dispositivo ideológico muy útil para los Ayuntamientos: permite presentar como innovación y atracción de talento lo que en realidad es la continuación del modelo turístico-inmobiliario de siempre". En este sentido, afirma que las ciudades del sur de Europa "reúnen una combinación muy específica de condiciones: economías muy terciarizadas y dependientes del turismo, mercados de trabajo estructuralmente precarios, vivienda ya muy financiarizada antes de que llegaran las plataformas y administraciones públicas con una larga trayectoria de ofrecer costes bajos, flexibilidad regulatoria y clima como ventajas competitivas".
Así las cosas, Sequera subraya que "las plataformas no llegan a un territorio neutro; llegan a uno que ya estaba preparado para ellas". De este modo, asegura que las consecuencias de este fenómeno serían la "presión brutal sobre la vivienda, expulsión de población residente, segmentación del espacio urbano entre quienes pueden pagar lo que pide el mercado y quienes no".
Así, resulta especialmente interesante que el autor sostenga en la entrevista que "la plataformización no afecta solo al trabajo o a la vivienda; está reorganizando la vida cotidiana entera". Concretamente, detalla que "estamos construyendo una figura nueva que podríamos llamar el ciudadano suscriptor, alguien que paga mensualmente por un montón de plataformas para cubrir necesidades que antes cubría total o parcialmente el Estado del Bienestar", algo que considera "una extracción de valor constante sobre el sujeto que apenas se percibe porque viene en cuotas pequeñas, fragmentadas".
¿Racismo encubierto?
En este contexto, en la entrevista a Sequera también le preguntan acerca de la diferencia que existiría entre los nómadas digitales y los inmigrantes. Al respecto, asegura que "la diferenciación es artificial y reproduce un racismo estructural bastante claro", dado que, en su opinión, "lo que hay detrás es una jerarquía migratoria construida sobre el lenguaje del talento: hay una migración deseable, la del que viene con pasaporte occidental, dinero para alquilar caro y potencialmente para invertir en una startup; y hay una migración problemática, la del que viene a competir por el trabajo". En este sentido, el sociólogo defiende que "todo ese lenguaje economicista liberal del capital humano de alto valor es pura ideología empresarial".
Pero es más, para Sequera esta dinámica implica una forma de servidumbre hacia las empresas que genera una dependencia extrema de la relación laboral. Según el autor, estos "nómadas digitales" "hacen tareas para empresas como Google o Netflix que son muy repetitivas, tienen una alta rotación, y además viven en pisos que les gestiona la propia empresa y que les descuenta de la nómina". Así, asegura que "eso significa que cuando pierdes el empleo pierdes también el techo", señalando que "eso no es libertad ni nomadismo: es una forma de control corporativo bastante clásica con envoltura digital".
Con todo, según el sociólogo existe una idealización de este modelo productivo. "Esta idealización tiene una función política: cuando el relato dominante es que el trabajo digital te emancipa y te convierte en empresario de ti mismo, se individualiza lo que es un problema estructural", sostiene. De este modo, según Sequera, "se normaliza la precariedad como estilo de vida, se hace más difícil la organización colectiva, y se desactiva la capacidad de nombrarlo políticamente como lo que es".
Sequera pone como ejemplo el caso de Barcelona, en cuyo mercado inmobiliario los nómadas digitales estarían actuando como un catalizador para impulsar los precios al alza. "Un expat con salario alemán, estadounidense u holandés puede pagar en Barcelona lo que para el mercado local es inasequible, precisamente porque Barcelona le resulta barata comparada con dónde viene", señala, añadiendo que "eso presiona sobre todo el alquiler a medio y largo plazo, que es exactamente el segmento que está creciendo para esquivar la regulación del alquiler clásico".


