
Uno de los pilares de los ambiciosos planes verdes europeos es el que atañe a los edificios: construcciones nuevas más eficientes por ley y plazos para que los ya construidos sean "cero emisiones". En 2024, Bruselas aprobó la Directiva de Eficiencia Energética de Edificios con los plazos y medidas para hacer más verde el parque inmobiliario del continente y será este año cuando los países miembros adopten esta normativa que tiene como objetivo un parque de vivienda europeo "climáticamente neutro a partir de 2050".
De entre la amalgama de normas sobre viejos y nuevos edificios, públicos o privados, que abarcan desde placas solares obligatorias a garajes y enchufes para alimentar coches eléctricos, destaca el punto relativo a los sistemas de calefacción: la Directiva 2024/1275 destaca que "dos tercios de la energía empleada para calentar y enfriar los edificios aún procede de combustibles fósiles" y enfatiza la "particular importancia" de dejar atrás el diésel, carbón y gas natural en los "planes de renovación de edificios" que deberá acometer en masa la UE. En alusión al uso de gas natural y otras fuentes de energía fósil en calefacción y refrigeración, pide "una eliminación gradual", con vistas "a una eliminación completa de las calderas de combustibles fósiles a más tardar en 2040".
¿Significa eso que a partir de 2040 se erradicarán las calderas de los hogares europeos, sustituidas por soluciones eléctricas como las bombas de calor? Desde el sector sostienen que no, aferrándose a una palabra clave de la guía de la Comisión Europea para la transposición de la EPBD: "Una caldera sólo se considera fósil si, en 2040, quema combustibles. Por el contrario, si opera alimentada con biometano o combustibles renovables, tendrá la consideración de caldera renovable y podrá seguir utilizándose legalmente más allá de 2040".
Calderas "renovables"
La denominada Alianza por una Energía Sostenible y Accesible en el Hogar, que agrupa a asociaciones vinculadas al sector de la climatización, incluidas empresas gasistas e instaladoras, defiende que "la UE no prohíbe las calderas" sino que "regula la energía, no la tecnología". Por un lado, afirma que la directiva europea afecta "a las emisiones in situ del edificio, no a la tecnología instalada". Por otro, apunta que está pendiente el diseño en cada país de su propio calendario, sin que exista "una prohibición europea uniforme con fecha fija de aplicación directa en todos los países".
En un debate que guarda similitudes con el de otra prohibición ahora matizada, la de los motores de combustión, el sector defiende la "neutralidad tecnológica" y afirma que esas "emisiones cero" también serían posibles si se sustituye el gas natural por gases renovables como el biometano, el bioGLP o el hidrógeno renovable. Desde la asociación, afirman que "tanto las calderas que se están instalando actualmente como una gran parte del parque ya instalado están preparadas para funcionar con gases renovables". "La normativa europea no limita la tecnología -las calderas- sino que pone el foco en el tipo de combustible, impulsando progresivamente el uso de combustibles renovables".
El sector también apunta que "su eficiencia en el parque residencial español, lleno de particularidades y de viviendas heterogéneas, hace que sea una de las tecnologías más extendidas y existen distintas opciones, como las calderas de condensación o aquellas ya compatibles con gases renovables, que permiten avanzar en la descarbonización sin necesidad de realizar cambios estructurales en las viviendas".
Es previsible que en los próximos años arrecie un debate que ya ha sacudido a otros países como Alemania: el de cuál es el mejor sistema para hacer verdes las casas, con el escollo del precio de las bombas de calor y el desafío global de adaptar la red eléctrica a una mayor demanda también en el sector de la vivienda.


