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Una toxina que provoca diarrea obliga a cerrar casi todos los polígonos de mejillones de Galicia

Las toxinas detectadas desde abril han obligado al cierre progresivo de polígonos de mejillón y bancos marisqueros.

Las toxinas detectadas desde abril han obligado al cierre progresivo de polígonos de mejillón y bancos marisqueros.
La conselleira do Mar, Marta Villaverde, ha visitado en Boiro (La Coruña) las instalaciones de la Organización de Productores de Mejillón de Galicia (Opmega). | Conselleria do Mar

El mejillón gallego atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. La presencia de toxinas en las rías ha obligado a cerrar prácticamente todos los polígonos de bateas de Galicia y también numerosos bancos marisqueros, dejando en funcionamiento únicamente dos zonas: Sada 1 y Sada 2, ambos en la ría coruñesa.

Según la información facilitada por el Instituto Tecnológico para el Control del Medio Marino de Galicia (Intecmar), el origen del problema está en la proliferación de la microalga Dinophysis acuminata, un organismo microscópico productor de toxinas lipofílicas que pueden acumularse en moluscos filtradores como el mejillón, la vieira o la almeja.

Fuentes de la Xunta consultadas por Europa Press explican que el incremento de estas células comenzó a detectarse a mediados de abril y que, semana tras semana, la concentración fue aumentando hasta obligar al cierre progresivo de los polígonos de cultivo y de buena parte de los bancos de moluscos.

Los llamados "polígonos" son áreas marítimas delimitadas donde se concentran las bateas, las plataformas flotantes de madera características de las rías gallegas desde las que cuelgan las cuerdas donde crece el mejillón. Galicia cuenta con más de 3.000 bateas y es el principal productor de mejillón de Europa, con una actividad que sostiene miles de empleos directos e indirectos.

Qué toxina se ha detectado y qué riesgos tiene

La toxina asociada a Dinophysis acuminata provoca el llamado síndrome diarreico por moluscos (DSP, por sus siglas en inglés). Aunque normalmente no supone un riesgo mortal, sí puede causar problemas gastrointestinales importantes como diarrea intensa, vómitos, dolor abdominal y náuseas.

Estas toxinas no alteran el aspecto ni el sabor del mejillón, por lo que el consumidor no puede detectarlas a simple vista. Precisamente por ello, el control oficial resulta clave: los moluscos afectados no pueden comercializarse hasta que los análisis confirman que los niveles vuelven a ser seguros.

Desde la Xunta insisten en que el sistema de vigilancia funciona correctamente y que los cierres son una medida preventiva para garantizar la seguridad alimentaria.

Un fenómeno habitual, pero especialmente extendido

La presencia de toxinas marinas no es nueva en Galicia y suele aparecer con la subida de temperaturas y determinadas condiciones oceanográficas durante primavera y verano. Sin embargo, el alcance de los cierres actuales preocupa especialmente al sector por afectar casi simultáneamente a todas las zonas productoras.

El impacto económico puede ser notable si la situación se prolonga, ya que el mejillón es uno de los grandes motores del mar gallego y una referencia de las exportaciones alimentarias españolas.

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