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Ni empleados ni empresarios: por qué el inicio en el mercado laboral es tan complicado para los jóvenes españoles

España es el tercer país de la UE con un menor porcentaje de emprendedores entre los menores de treinta años.

España es el tercer país de la UE con un menor porcentaje de emprendedores entre los menores de treinta años.
EuropaPress

Ni trabajan ni emplean. Ni se incorporan al mercado laboral como empleados, ni se lanzan a su aventura empresarial. La economía española parece que no sabe muy bien qué hacer con sus jóvenes. Y estos tampoco acaban de encontrar un encaje en la actividad productiva.

Ya sabíamos que la tasa de paro juvenil estaba entre las más altas de Europa (terceros por la cola en la UE, con cerca de un 25% de desempleo para los menores de 25 años). Pues bien, hace unos días, Eurostat publicaba las cifras de emprendimiento entre los jóvenes europeos (de 20 a 30 años). Y lo que nos dicen es preocupante: España está en los últimos puestos tanto en tasa de empleo juvenil como en las métricas que miden el emprendimiento. Ahora que los porcentajes de ni-nis clásicos (los que ni estudiaban ni trabajaban) están cayendo, en España y en el conjunto de la UE, fundamentalmente porque se alarga el período que permanecen en la formación reglada; tenemos a estos nuevos ni-nis: jóvenes que no logran acceder al mercado ni como empleados ni lanzando su propio proyecto.

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La primera tabla de Eurostat muestras las cifras de emprendimiento entre los jóvenes europeos: qué porcentaje del total de empresarios y autónomos de un país tiene menos de 30 años. Es lógico, casi inevitable, que sea una cifra relativamente reducida. Con menos de 30 años no tienes ni la experiencia, ni la capacidad financiera para lanzarte por tu cuenta. A cambio, eso sí, sueles tener las ganas, el impulso, las ideas…

Dicho esto, estas consideraciones valen para todos los países de la UE. Por eso, deberíamos preguntarnos qué tienen de especiales los jóvenes españoles (o el entorno normativo y de competencia en el mercado) que se encuentran para que sean los terceros por la cola en esta clasificación. Mientras que casi el 8% de los empresarios europeos son menores de 30 años (con países, como Eslovaquia, Malta, Rumania, Chequia o Países Bajos por encima o muy cerca del 10%), en España esa cifra baja al 5,9%, sólo por delante de Bulgaria o Irlanda. Por lo que sea, porque no les atrae, no ven oportunidades o no se sienten capaces, los veinteañeros españoles no se lanzan por su cuenta.

El problema es que esto se une a otra estadística, que podemos ver reflejada en este mapa: la tasa de empleo entre estos mismos jóvenes.

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En este caso, lo que vemos es el porcentaje de jóvenes que están ocupados (ya sea porque tienen un empleo o porque son autónomos-empresarios). Es lógico que España esté en la cola de la clasificación. Ya decíamos antes que la tasa de paro juvenil está desde hace décadas (éste es un problema estructural) entre las más elevadas de la UE. Pero incluso así podría ser compatible un paro juvenil elevado con una tasa de empleo algo más alta si la tasa de actividad fuera muy elevada. No es el caso. Es cierto que otros países tienen todavía peores, pero España se sitúa en este punto entre los que lo hacen muy mal.

Italia es el país con una tasa de empleo entre los jóvenes de 20 a 30 años más baja: el 47,6%. Le siguen Rumanía (52%), Bulgaria (52,7%) o Grecia (56,2%). Y en quinto lugar aparece España con el 58,2%. Por comparar: la media de la UE es el 65,6% y hay muchos países por encima del 70% (Países Bajos 84%, Alemania 77%, Irlanda 76%, Dinamarca 75%).

La realidad, a los 30

Hace ya más de una década se presentó una de esas estadísticas que apenas se conocen, pero que nos explican la realidad mejor que las más habituales. En esto del empleo, casi siempre miramos a la tasa de paro, los salarios, la productividad, precariedad laboral, etc. Y sí, todos ellos son datos relevantes. En aquel momento, lo que alguien se preguntó es cómo afectaba todo esto a la vida real de los jóvenes europeos. ¿Cómo medirlo? Pues calculando cuántos años de experiencia laboral acumulaban los europeos a los 30 años.

El resultado era previsible. Los españoles eran, junto a italianos y griegos (casi siempre los mismos sospechosos habituales), los europeos que menos experiencia habían acumulado en el mercado al llegar a la treintena. Holandeses o suizos, por ejemplo, tenían cifras por encima de los 10 años, entre otras cosas porque es habitual en estos países compatibilizar un empleo con los estudios. Mientras tanto, en España, Italia o Grecia no llegábamos a los cinco años.

¿Las razones? Pues un poco todo lo que hemos visto en este artículo y algunas más. No hay mucho encaje entre la formación y el empleo (ni es fácil trabajar mientras uno estudia, ni el primer empleo al terminar la carrera o el módulo es inmediato). Cifras elevadas de precariedad laboral (incluso cuando un joven logra un empleo, lo normal es que la alegría no le duré demasiado o que acumule entradas y salidas al mercado). Bajo nivel de emprendimiento entre los jóvenes (como veíamos anteriormente).

Cada uno tendrá su culpable preferido. Unos señalarán más a los jóvenes, por no esforzarse lo suficiente. Otros mirarán al entorno normativo y a la falta de oportunidades. Al final, lo único obvio es que llegar a los 30 años sin estabilidad es demoledor desde el punto de vista de los ingresos y de las perspectivas de la carrera laboral a medio plazo. No es fácil ser jefe a los 50, si con 30 estás en paro. Y hay mucho más: los planes vitales también se complican mucho. Pensemos en las estadísticas sobre edad de la madre en su primer hijo (España es el segundo país de la UE con una media más elevada) o la emancipación de menores de 30 (de nuevo, estamos en el pódium de países con más veinteañeros viviendo con sus padres). ¿Fuga de cerebros? ¿Jóvenes formados que se marchan a otros países? Viendo estas estadísticas, uno podría pensar que lo extraño es que no se vayan más.

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