
El debate sobre los pesticidas casi siempre está ligado exclusivamente a los insectos, las abejas y los insecticidas. Sin embargo, los datos oficiales del Ministerio de Agricultura dibujan una realidad muy distinta: la mayor parte de los productos fitosanitarios que utilizan los agricultores españoles no se destinan a combatir insectos, sino hongos, enfermedades vegetales y malas hierbas.
La Encuesta de Utilización de Productos Fitosanitarios 2024, publicada por el Ministerio de Agricultura, revela que los fungicidas y bactericidas representan el 54% de todas las sustancias activas utilizadas en España, mientras que los herbicidas, desbrozadores y musguicidas suponen otro 27%. En cambio, los insecticidas y acaricidas apenas alcanzan el 17% del total.
Dicho de otra manera: más de ocho de cada diez kilos de fitosanitarios empleados por los agricultores españoles se utilizan para combatir hongos, enfermedades o malas hierbas, no insectos.
El glifosato sigue siendo el rey del campo
La encuesta, que analiza 19 grandes cultivos españoles durante la campaña agrícola 2024, también permite identificar cuáles son las sustancias activas más utilizadas. Y hay un nombre que aparece una y otra vez: el glifosato.
Este herbicida es la principal sustancia utilizada en cultivos tan importantes como el trigo, la cebada, el maíz, las leguminosas, el algodón o el girasol. En la cebada de secano, por ejemplo, representa más de un tercio de todas las sustancias activas aplicadas, mientras que en el girasol de secano supera el 56% del total.
Junto al glifosato aparecen otros nombres recurrentes como el prosulfocarb, muy utilizado en cereales y patata, la pendimetalina, habitual en leguminosas o algodón, o el S-metolacloro, empleado especialmente en maíz y girasol.
Los cultivos más dependientes de herbicidas
La encuesta muestra además enormes diferencias entre cultivos. Algunos dependen casi exclusivamente de herbicidas. Es el caso del girasol de secano, donde el 98,5% de las sustancias activas utilizadas pertenecen a esta categoría.
La situación es parecida en las leguminosas de secano, donde los herbicidas representan el 93,1% del total, o en la cebada de secano, donde alcanzan el 92,4%. En el maíz de regadío la proporción también supera el 92%.
Sin embargo, en el caso de la remolacha, los fungicidas tienen un peso claramente superior al de los herbicidas, con más de un 60,5% del total de sustancias activas utilizadas.
Y si hay un cultivo donde los insecticidas tienen una presencia destacada, ese es la patata. Según la encuesta, los insecticidas y acaricidas representan el 13,7% de todas las sustancias activas empleadas, una proporción muy superior a la del resto de grandes cultivos. Aun así, incluso en este caso, los herbicidas y fungicidas continúan teniendo más peso que los productos destinados a combatir insectos.
Menos aplicaciones de las que muchos imaginan
Otro dato llamativo es el número de tratamientos. En buena parte de las sustancias más utilizadas, el número medio de aplicaciones se sitúa muy cerca de una sola intervención por campaña. El glifosato, por ejemplo, presenta valores de entre 1,05 y 1,23 aplicaciones de media según el cultivo analizado.
También las dosis utilizadas suelen ser reducidas. En muchos casos rondan un kilo de sustancia activa por hectárea, aunque varían según el producto y el cultivo.
Los datos del Ministerio también arrojan luz sobre una de las grandes controversias de la política agraria europea. Mientras Bruselas insiste en reducir el uso de fitosanitarios y eliminar progresivamente determinadas sustancias activas, la encuesta revela la dependencia de la agricultura española de este tipo de sustancias destinadas a controlar hongos y malas hierbas. La pregunta que se hacen agricultores y organizaciones agrarias es obvia: ¿quién asumirá el coste si la UE sigue recortando herramientas fundamentales sin ofrecer alternativas?



