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Deirdre McCloskey, Premio Juan de Mariana: "El capitalismo es el sistema económico más altruista que puedas imaginar"

La economista e historiadora impartirá clases en el campus madrileño de la Universidad Francisco Marroquín.

La economista e historiadora impartirá clases en el campus madrileño de la Universidad Francisco Marroquín.
Universidad Francisco Marroquín

En el marco de la Semana de la Libertad, cada año el Instituto Juan de Mariana reconoce a los grandes referentes del liberalismo con el Premio Instituto Juan de Mariana 2026 por una trayectoria ejemplar en defensa de la libertad. Entre otros, han recibido este galardón Mario Vargas Llosa (2012), Carlos Rodríguez Braun (2013), Pedro Schwartz (2014), Jesús Huerta de Soto (2016), Antonio Escohotado (2019), Federico Jiménez Losantos (2020), Dalmacio Negro Pavón (2022), Miguel Anxo Bastos (2023), Javier Milei (2024) y Juan Ramón Rallo (2025).

Este año, la institución ha decidido otorgar el Premio a la economista e historiadora Deirdre McCloskey, autora de más de veinticinco libros y casi quinientos artículos académicos. Su principal aportación reside en la trilogía sobre la Era Burguesa, compuesta por The Bourgeois Virtues (2006), Bourgeois Dignity (2010) y Bourgeois Equality (2016), donde defiende que, más allá de la acumulación de capital, las instituciones o la explotación, el desarrollo económico es consecuencia de las ideas y los valores de una sociedad. De esta forma, McCloskey nos presenta un liberalismo centrado, fundamentalmente, en la dignidad y la libertad de la persona, alejándose del reduccionismo economicista que domina la disciplina.

No obstante, la aportación de McCloskey a la economía, la historia y la filosofía política trasciende la ya clásica trilogía y aborda, en obras como Por qué el liberalismo funciona (Deusto), otras cuestiones que abordan los valores fundamentales del liberalismo clásico. Del mismo modo, la economista también se ha ocupado de la epistemología y su relación con la ciencia económica en The Rhetoric of Economics (1985), donde ya había apuntado a que la economía no es una mera ciencia cuantitativa.

En este contexto, Deirdre McCloskey se encuentra estos días en España, donde ha viajado para recoger el Premio Juan de Mariana, que le será entregado el próximo 12 de junio durante la Cena de la Libertad, que se celebrará en el Casino de Madrid, e impartir clases del 8 al 12 de junio a los estudiantes en el campus de la Universidad Francisco Marroquín en Madrid. Así las cosas, Libre Mercado ha podido hablar con la economista e historiadora para profundizar en su obra e ideas y, al mismo tiempo, preguntarle sobre la situación actual del liberalismo en el mundo.

P: Ha venido a recoger el Premio Juan de Mariana, que otorga una de las instituciones liberales más importantes de España. ¿Cuál es, en su opinión, la situación actual del liberalismo?

R: Bueno, en todo el mundo está siendo atacado. Tanto desde la derecha como desde la izquierda. En la izquierda muchos creen que el liberalismo ha fracasado. Lo llaman neoliberalismo. Y en la derecha, gente como Patrick Deneen, un católico conservador, dicen que el liberalismo ha fracasado, y eso es falso. El liberalismo no ha fracasado. Ha tenido un éxito enorme al sacar a millones de personas de la pobreza en el mundo. El ejemplo más extremo es China, donde, al menos el liberalismo económico, ha mejorado enormemente la condición de la gente. Lo mismo está sucediendo en la India. Modi es un nacionalista hindú. Pero en lo que respecta a la economía, está dispuesto a permitir que la gente inicie negocios, se mude, etc., y eso también está funcionando. La India ahora tiene una tasa de crecimiento más rápida que la de China. Así que el liberalismo ha funcionado enormemente. Ahora bien, en economías altamente desarrolladas como Gran Bretaña, Francia o Estados Unidos, el crecimiento económico se ha ralentizado. Pero eso se debe en gran medida a la interferencia gubernamental. Eso es lo que ha provocado la ralentización. En cualquier caso, es muy natural que una economía moderna plenamente desarrollada no pueda simplemente adoptar las innovaciones de otros países. Está en una especie de frontera.

P: Decía James Buchanan que, al mirar atrás en el tiempo, era optimista porque veía que el liberalismo, como movimiento, seguía creciendo. ¿Pero es esto cierto hoy en día?

R: Sí, creo que es cierto. Pero la derecha y la izquierda intentan revertirlo. En mi país, sobre todo la derecha. Por ejemplo, atacan a mujeres trans como yo, lo cual es absurdo, malo y perverso. Donald Trump despidió a todos los soldados transgénero. Sus carreras terminaron, fueron expulsados del Ejército y la Marina. Esto es algo terrible. Sin embargo, curiosamente, la derecha no puede atacar a las personas homosexuales. Y la razón es que la mayoría de los estadounidenses ha decidido que convertir a las personas homosexuales en brujas o personas terribles ya no es aceptable. La mayoría de los estadounidenses ha decidido tratar a las personas homosexuales con igualdad. En este sentido, España fue uno de los primeros países en legalizar el matrimonio igualitario. Y esto es un gran honor para España. Pero los conservadores quieren retroceder. La izquierda quiere avanzar, pero va en la dirección equivocada: está haciendo que el Estado sea cada vez más grande.

P: ¿Cree que una sociedad liberal no puede sobrevivir sin tolerancia?

R: Efectivamente. Creo que volver a ese control mental de culturas pasadas, no solo de culturas, sino también de gobiernos, es una muy mala idea.

P: ¿Pero considera que existe algún límite para la tolerancia y la libertad para que cada individuo pueda hacer lo que quiera?

R: Por supuesto que hay límites. Lo más obvio es que no se puede dañar físicamente a nadie. Ahora bien, hay un problema con eso: cada vez que escribes un artículo mejor que el de otro periodista, este se siente perjudicado. Se compite con otros periodistas. Pero tenemos que poner un límite en lo físico. Si vas a su casa y le disparas, o le robas el ordenador para que no pueda trabajar, eso es otra cosa. Pero competir con ellos es como se produce el progreso en la ciencia, en los negocios y en todo lo demás: en el arte, en la música.

P: ¿Y cree que el liberalismo ha sido malentendido por la sociedad, la cultura y los medios de comunicación?

R: Sí, es enormemente malinterpretado.

P: ¿Por qué ocurre esto? ¿Cuál es para usted la interpretación correcta del liberalismo?

R: Liberalismo es igualdad de derechos, no tener leyes que impidan a las personas hacer lo que quieren, siempre y cuando no dañen físicamente a los demás. Por ejemplo, como esposo, no tienes derecho a pegarle a tu esposa. Eso es antiliberal. Puedes persuadirla, puedes hablar con ella, pero no puedes pegarle. El principal malentendido es que la gente piensa que el liberalismo, sobre todo si lo llaman neoliberalismo, es cruel. Creen que la competencia es terrible y es muy cruel con los pobres. Pero la competencia es buena para los pobres porque las empresas compiten por sus clientes. Y eso es bueno para los pobres. El liberalismo es lo único que ha hecho que la gente se enriquezca y tenga una mejor situación económica. El gobierno no lo logró.

P: Un teólogo suizo, Martin Rhonheimer, define el capitalismo como "la forma económica del dar".

R: Tiene razón. Es el sistema económico más altruista que puedas imaginar, porque todos compiten por complacer a los demás. Es como la música. Las bandas de rock compiten entre sí para conseguir un mejor sonido o un espectáculo más interesante. Así es la economía. Los empresarios trabajan día y noche para crear algo que te guste. A veces lo consiguen, a veces fracasan.

P: Por tanto, la clave es la libertad y el comercio. Pero hoy en día, el populismo y el identitarismo representan un desafío y una amenaza para el liberalismo. ¿Cree que uno de ellos lo amenaza en mayor medida? ¿Es más preocupante el nacionalismo económico o el identitarismo cultural?

R: Ambos son muy peligrosos y están conectados. De hecho, el nacionalismo y el autoritarismo van de la mano. A este respecto, hay una famosa observación de un comentarista estadounidense, durante la Primera Guerra Mundial, que dijo: "La guerra es la salud del Estado". Y eso es muy cierto. La afirmación nacional es buena para el Estado.

P: Pero ¿cómo estructuramos políticamente las ideas del liberalismo? ¿Mediante regímenes democráticos basados en la división de poderes?

R: Las estructuras no nos salvan. En Estados Unidos tenemos separación de poderes, pero no siempre funciona. Cuando los malos toman el poder, no funciona. Lo que se necesita, y lo digo en un libro mío que sale en septiembre, titulado Igualdad de Permisos, es que lo que hemos aprendido recientemente es que las mejores estructuras no funcionan si hay malas personas en ellas. Si ni los políticos ni la gente común tienen ética...

P: Esta es una visión muy realista. A veces la gente piensa que la ética y la moral son meros ideales. Pero la visión que sostiene es bastante realista.

R: Ese es el punto. La gente deja la ética de lado. Dicen: "Es solo cuestión de opinión". No creen que sea importante. Donald Trump es el mejor ejemplo de lo grave que puede ser esto, porque esa es su opinión. Cree que la ética es para tontos. Dice eso de los soldados que han muerto en batalla. Dice: "Son unos necios por haberse alistado". No entiende por qué los soldados estaban dispuestos a invadir Francia el 6 de junio de 1944. Él piensa: "¿Por qué harían eso? No les conviene". Este hombre carece por completo de principios éticos. Y, lamentablemente, esto se propaga, porque, claro, si el presidente actúa así, debe de ser una buena idea. Así que la ética es fundamental, no las instituciones.

P: ¿Y es esa la manera de preservar los fundamentos liberales?

R: Creo que sí. Además, las artes son cruciales. Los periodistas son cruciales.

P: No obstante, Tocqueville explicó que, si bien en el Antiguo Régimen vivíamos bajo el absolutismo y se producían múltiples abusos, en la democracia moderna residía un elemento de hipocresía: mientras que el poder te tutela, al mismo tiempo te aseguran que pueden elegir acerca de los grandes temas de la comunidad política mediante la participación en elecciones.

R: Él anhelaba la libertad. Era liberal, pero tenía miedo y quería la igualdad. Era un aristócrata. Quería la igualdad del mundo moderno, la admiraba. Pensaba que era una buena idea. Pero le preocupaba que el sistema democrático no protegiera bien el liberalismo. Una vez dijo con cierto desdén sobre la democracia en Estados Unidos que, de vez en cuando, podemos elegir a nuestros amos, pero seguimos teniendo amos. Ahora están en el Estado, antes eran los señores locales. Así que pensaba: "Ahí está la hipocresía, esa es la falsedad". Y, por supuesto, también le preocupaba el conformismo. John Stuart Mill era igual. Tenía la misma preocupación. Admiro mucho a Tocqueville. ¿Has oído la historia del vaquero de Montana?

P: No.

R: ¡Es maravillosa! Como sabes, Tocqueville llegó a los Estados Unidos en 1831 y lo entendió de inmediato. Cincuenta años después, otro aristócrata, no uno famoso, llegó a los Estados Unidos y terminó en Montana. No entendía los Estados Unidos y se acercó a un vaquero y le preguntó por quién era su amo. Lo que el aristócrata quería decir es quién es el señor local, que es tu amo, porque quería tener un buen lugar para dormir, poner una buena cena con un buen vino, hablar con alguien de su clase social, etc. Y el vaquero le respondió: "Mi amo aún no ha nacido". Esa es la actitud estadounidense. Esa es la independencia de espíritu liberal, lo que yo llamo adultismo.

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