
En una de esas extrañas combinaciones parlamentarias que últimamente nos sorprenden de tanto en tanto, PP y PSOE se han unido esta semana para votar en contra de una enmienda de Podemos con la que pretendía eliminar los coeficientes reductores que se aplican en la jubilación anticipada de los trabajadores con carreras de cotización más larga (con más de 40 años cotizados).
Decimos que la combinación parlamentaria fue curiosa y no solo por la coincidencia del bipartidismo. También llama la atención que todos los demás grupos votaran a favor; y que ni siquiera VOX votase en contra de la iniciativa de los morados (se abstuvo).
De hecho, me ha extrañado que no haya generado más ruido. Quizás porque ya se intuía que ese sería el resultado, o por el exceso informativo de la semana (del Papa a las joyas de Zapatero, pasando por el Mundial). Pero es como mínimo, sorprendente que se haya votado en contra del colectivo más mimado de las últimas dos décadas: los pensionistas. Y no unos pensionistas normales, sino los que aparentemente más se lo merecen, en esa retórica pastosa y buenista que nos invade en estos temas. ¿Cómo puede ser?
La caja y el derecho
Hay tres motivos fundamentales que explican este resultado. Aunque en realidad podríamos decir que se concretan en el primero de ellos: como diría aquel, "no hay plata". Porque esta es la razón y no otra. Leía el otro día que los cálculos de la Seguridad Social hablaban de que una medida de este tipo supondría más de 4.000 millones al año. Una cifra que iría creciendo a lo largo del tiempo. Y que incluía la actualización de los ya pensionistas, porque Podemos lo había pedido con efectos retroactivos.
Por una vez y sin que sirva de precedente, PSOE y PP han aceptado, intuimos que a regañadientes, el principio de realidad: si no hay dinero en la caja para el modelo actual, imagínate si sigues mejorando las condiciones. Además, sería un paso que iría en la dirección opuesta a las reformas aprobadas en los últimos años y a las que tienen previsto para los próximos: como decíamos la semana pasada, "los grandes recortes de las pensiones llegarán en la edad de jubilación". Si hay algo de lo que no quieren saber nada los grandes partidos es de posibilitar un adelanto en la edad de jubilación, aunque sea con condiciones: su apuesta es exactamente la contraria.
Lo ocurrido esta semana es muy didáctico porque también nos recuerda lo vacío del concepto de "derecho a la pensión". A los defensores del sistema actual (que tiene sus fortalezas y aspectos positivos, por eso su popularidad), no se les cae de la boca el manido "derecho". El problema es que casa mal con la realidad de un tipo que comenzó a trabajar con 16 años y al que le dices con 62, tras 46 cotizados… que esos años extra no le van a aportar demasiado. Ni en el cálculo de la mensualidad (recordemos, el período para el cálculo de la base es de 25 años tras la reforma de 2011) ni en la posibilidad de jubilarse antes. Sí es cierto que en España hay dos edades de jubilación (65 años para los que acumulen 38 años y seis meses cotizados; y 67 años para el resto). Pero también lo es que estar por encima de esos 38+6 no aporta nada.
Si realmente fuera un "derecho adquirido", sería complicado defender este trato igual al que puede presentar circunstancias tan diferentes. Lo que ocurre es que no lo es. El Estado paga las pensiones que puede. Y ajusta las reglas a la capacidad presupuestaria, y no al revés. Por eso, en los próximos años seguiremos viendo recortes en las condiciones (edad, requisitos para cobrar, exigencias para llegar al 100% de la base…) La retórica es la del "derecho", la realidad está mucho más cerca que la de cualquier otra transferencia pública: te pago lo que puedo pagarte, aunque lo maquille de cálculo técnico.
Por último, la injusticia. Algo de lo que también se ha hablado mucho en las redes sociales en los últimos días. Y la petición de un modelo de cuentas nocionales, un poco a la sueca, que sustituya nuestras actuales reglas paramétricas. Es verdad que las cuentas nocionales suenan a un modelo más justo: tanto has cotizado y tal es tu esperanza de vida; pues así será tu prestación mensual. A partir de ahí, tú eliges cuándo jubilarte, con todas las cifras sobre la mesa de cuánto cobrarás como pensionista. Si te vas antes, cobrarás menos; si trabajas hasta una edad más avanzada, la mensualidad sube. Y nos olvidamos de coeficientes reductores, edades legales o exigencias de años de cotización.
Por qué no se hace así en España. Muy simple: el modelo suena a más justo, pero supondría un importante recorte para muchos futuros pensionistas. Si aplicas cuentas nocionales puras (tanto has cotizado, tanto recibes), la mayoría de jubilados en los próximos años verían recortes del 30-40% de su primera pensión. Porque sí, a pesar de que no se diga demasiado, en España los jubilados ganan de media mucho más de lo que aportaron. Si lo medimos en términos actuariales, en 12-13 años ya se han fundido sus cotizaciones; a partir de ahí, lo que ingresan es no contributivo.
Es cierto que a los que comenzaron muy jóvenes y no han tenido grandes incrementos de salario a lo largo de su carrera laboral (algo muy habitual en profesiones de baja cualificación), este modelo les saldría a ganar. Pero son pocos (muchos menos de los que reciben una pensión más alta gracias a las reglas paramétricas), así que no tiene pinta de que vaya a cambiar a corto plazo. Seguiremos viendo propuestas como la de esta semana, para hacer más "justo" un sistema que no se basa en la justicia, sino en la política y en la recaudación. También veremos votaciones con extraños compañeros de enmienda.

