
Un rebaño de 1.400 ovejas llevaba semanas caminando desde Extremadura hacia las montañas de León cuando el viaje se detuvo de golpe en Valladolid. Los animales habían recorrido cientos de kilómetros siguiendo una antigua ruta ganadera, pero entre Tordesillas y Torrelobatón, comenzaron los problemas. Los pastores sostienen que la cañada real por la que debían transitar ha desaparecido invadida por campos cultivados. La cuestión es que, horas después de atravesar las parcelas sembradas, los animales comenzaron a morir.
El primer día, decenas de ovejas enfermaron y 11 de ellas murieron, según explica el pastor José Manuel Díaz en un vídeo en el que se pueden ver varias patrullas de la Guardia Civil. Posteriormente se denunció también la muerte de un perro. Con esa situación, los pastores detuvieron la marcha y se refugiaron en una rastrojera de vezas para decidir si continuaban su viaje a pie o trasladaban a los animales en camiones.
Así es la trashumancia. Cada primavera, miles de ovejas abandonan las dehesas del sur de España y recorren cientos de kilómetros a pie para pasar el verano en pastos más frescos del norte. Meses después realizan el camino de vuelta. Es una tradición con siglos de historia que todavía sobrevive gracias a un reducido número de pastores a pesar de que, según denuncian, las cañadas reales desaparecen.
Y mientras las ovejas iban muriendo y otras tantas enfermaban, los vecinos de los pueblos cercanos acudieron a socorrer a los pastores: "Han venido a ayudarnos, nos han traído agua con abrevaderos y un camión cisterna", relataba José Manuel Díaz.
El lobo quizá no sea ya el peor enemigo de los rebaños trashumantes. A nadie se le echa la culpa de esta desgracia para las ovejas y para el pastor. Posiblemente casos como este son los que acaben definitivamente con esta tradición milenaria que, más que tradición es una necesidad para los rebaños. Los pastores que vamos con Paco Morgado tenemos que procurar no perder la ilusión y tratar de que él tampoco la pierda en la que es su última trashumancia. Tiraremos palante de una u otra manera y gracias a las ayudas de las gentes de esta zona de Valladolid que se vuelcan con nosotros. Gracias, gracias.
Posted by Josè Manuel Diaz Cerpa on Saturday, June 6, 2026
Y en medio de tanta incertidumbre, los pastores buscaban una explicación, aunque ellos mismos reconocían que no había pruebas concluyentes: "Nuestras ovejas están muriendo envenenadas por los cultivos. Van a hacer análisis, no hay pruebas concluyentes, pero desde ayer, los cultivos de leguminosas y de cereales nos están matando el ganado", afirmaba Díaz. Sin embargo, a la vez, evitaba responsabilizar directamente a los agricultores: "No estoy culpando a los agricultores. Hay que buscar soluciones", añadía.
El caso corrió como la pólvora por los foros agrarios y las redes sociales. Mientras algunos apuntaban a una posible intoxicación accidental provocada por productos fitosanitarios presentes en los cultivos, otros llegaron a especular con la posibilidad de un acto deliberado contra el rebaño. Al final, se acabó presentando en la zona el subdelegado del Gobierno en Valladolid, Jacinto Canales, junto a los agentes del Seprona para evaluar la situación.
La investigación da un giro
Los veterinarios de la Junta de Castilla y León recogieron muestras de los animales fallecidos para averiguar qué había sucedido. Este lunes, Asaja Valladolid ha informado de que los análisis realizados por el laboratorio de la Junta han descartado una intoxicación como causa de las muertes.
La organización agraria también lamenta las acusaciones lanzadas contra los agricultores antes de conocer los resultados y ha recordado que el uso de productos fitosanitarios está sometido a controles muy estrictos.
Aunque todavía no se ha determinado con exactitud qué provocó la muerte de los animales, Asaja señala que los expertos consideran habitual que se produzcan problemas digestivos cuando los rebaños acceden a zonas con abundante alimento y consumen grandes cantidades de cereal o forraje en poco tiempo.
¿Por qué se les llama cañadas reales?
La ruta por la que transitaba el rebaño no es un camino cualquiera. Se trata de una cañada real, una vía pecuaria protegida desde el siglo XIII. Alfonso X el Sabio reguló estos corredores ganaderos en 1273 para garantizar el paso de los rebaños trashumantes entre el norte y el sur de la Península.
La ley histórica decía que estas rutas ganaderas debían conservar una anchura de 90 varas castellanas —72,22 metros— y estaba prohibido que los propietarios de terrenos colindantes redujeran su espacio moviendo los mojones que delimitaban el camino. Ocho siglos después, la Ley 3/1995 de Vías Pecuarias mantiene exactamente las mismas protecciones.
Sin embargo, muchos pastores denuncian que muchas cañadas reales se han estrechado o desaparecido con el paso del tiempo porque parte del terreno ha sido ocupado por cultivos u otros usos. Eso obliga a los rebaños a caminar muy cerca de parcelas agrícolas y dificulta el control de cientos o miles de animales durante el trayecto.

