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Kommunalka, la solución soviética para la vivienda que inspira a la izquierda

La política de vivienda socialista no es nueva: replica el modelo soviético de los años 20, cuando el Estado expropiaba inmuebles para repartirlos.

La política de vivienda socialista no es nueva: replica el modelo soviético de los años 20, cuando el Estado expropiaba inmuebles para repartirlos.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Energética, Sara Aagesen, y el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, durante una sesión de control al Gobierno, en el Congreso de los Diputados, a 10 de junio de 2026, en Madrid (España). El Pleno del Congreso debate hoy las preguntas de control a Pedro Sánchez sobre Cataluña y la legislatura. También aborda interpelaciones sobre vivienda social, pseudoterapias LGTBIQ+ y el gasto militar.Fecha: 10/06/2026. | Europa Press

Socialistas y comunistas hablan continuamente del "derecho a la vivienda". Su propuesta fundamental es que la misma no sea una "mercancía" y pase a ser un "derecho social".

Cuando hablan de "mercancía", las izquierdas ven algo corrompido por el afán de lucro de los empresarios. Lucro que creen que encarece innecesariamente los precios de venta. Una idea fruto de la envidia al que gana dinero: los socialistas de todos los partidos nunca proponen suprimir, por ejemplo, el Impuesto de Construcciones, que sí encarece los precios, por el cual, antes de empezar a construir, las empresas deben pagar hasta un 4% del coste de la obra.

Las izquierdas consideran que, "quitando la vivienda del mercado", sus precios serían más bajos. Pero, ¿cómo se quita la vivienda del mercado? Convirtiendo al estado (siempre con minúscula) en el proveedor principal de viviendas.

Con uno u otro ropaje, la "solución" socialista para la vivienda consiste en que el estado tenga un parque de viviendas propio (que compraría o construiría), para luego asignarlas a la gente según algún criterio arbitrario. En otras palabras, se trata de reemplazar el mercado libre por el oscuro y corrupto mercado político, el precio por el amiguismo y la posibilidad de elegir por la cartilla de racionamiento.

Lo que los socialistas de todos los partidos ocultan es que estas políticas son antiguas y se inspiran en la experiencia soviética de los años 1920. En ese entonces, Rusia estaba en plena guerra civil tras la Revolución Bolchevique de octubre de 1917. Varios motivos confluían para generar una aguda falta de vivienda en las ciudades. La industrialización, aunque relativamente tardía con relación a otros países, provocaba migraciones del campo a la ciudad. Además, la propia guerra civil causó la destrucción de una parte significativa de las viviendas (un tercio en Moscú), mientras que impedía, lógicamente, la construcción.

La "solución" que encontraron fue la que más les gusta a socialistas y comunistas y la que "le pide el cuerpo" al Gobierno sanchista-leninista: la expropiación de viviendas, palacios y edificios para su redistribución entre la población "proletaria". Lo justificaron por la emergencia bélica, prometiendo que solo sería algo "temporal".

Del zar al kommunalka

Cada inmueble expropiado se convertía en un "kommunalka", en el que cada habitación se asignaba a una familia, que compartía baño, cocina, pasillos y accesos con el resto de los okupas. Los soviets basaban el reparto en el "derecho revolucionario".

La "solución temporal" duró, para la mayoría, hasta los años 1950 o 1960. Pero hubo casos en los que llegó, por increíble que pueda parecer, hasta la caída de la Unión Soviética en 1991.

Si hay escasez de tomates, no la puedes resolver confiscando todos los que haya en existencia, sino estimulando su plantación. Si hay escasez de ropa, no conseguirás su abundancia robando sus prendas a quienes tengan más de tres camisetas y pantalones. Lo mismo pasa con la vivienda. Pero en la Unión Soviética la construcción dependía de la decisión del Gosplán (Ministerio de Planificación), que definía el número, sitio, tipo y calidad de las nuevas viviendas, que en todo caso eran, estéticamente, invariablemente horribles.

Bien analizado, no es muy diferente la situación en la España actual. Faltan viviendas, hay empresas que las quieren construir y familias que las comprarían, pero el estado lo dificulta por una maraña de impuestos y regulaciones, actuales y potenciales.

La principal diferencia con lo hecho por Lenin es que, en lugar de expropiaciones explícitas y totales, los socialistas limitan el derecho de propiedad de a poco. Si construyes, te restringen las posibilidades con todo tipo de ocurrencias que son, además, cambiantes. Si pones una vivienda en alquiler, te dicen la duración del contrato y se entrometen en la libre negociación del precio y su actualización. Limitan el derecho de propiedad "de a poco" mientras no te "okupen" tu vivienda o tu inquilino no deje de pagar y sea declarado "vulnerable"; en esos casos, tu derecho de propiedad vale menos que el derecho a la demagogia del socialista de turno.

Donde hay estado, no hay mercado. Y donde no hay mercado manda el político, no tú.

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