
Ayer miércoles, mientras Argentina tenía encerrada en el área a la selección de Inglaterra, más o menos a la misma hora en la que Mac Allister impactó un balón en el palo de la portería de Pickford, el sistema eléctrico español rozó también el palo de un nuevo apagón.
No llegamos al desastre, pero Red Eléctrica tuvo que volver a parar parte de la industria para poder mantener el equilibrio entre generación y demanda. La empresa que dirige Beatriz Corredor activó dos veces el Servicio de Respuesta Activa de la Demanda, el SRAD, a las 21:43 y a las 22:11. Hubo que parar máquinas porque no había suficiente generación disponible.
La escena resulta difícil de explicar en un país que presume de tener 155 gigavatios instalados pero que casi nunca supera los 40 gigavatios de demanda. Tenemos potencia para iluminar media Europa sobre el papel, pero llega una tarde calurosa, se pone el sol, cae la producción eólica, baja la producción de gas… y casi tenemos un disgusto. Tan cerca estuvimos, que hasta hubo que recuperar unos 200 megavatios de carbón. Aun así, no bastó. La última defensa fue pedir a la industria que apagara máquinas.
Conviene no confundir este episodio con el apagón del 28 de abril. Las causas técnicas no son las mismas. Pero la moraleja política sí se parece demasiado. Un sistema eléctrico no se gobierna con titulares sobre megavatios instalados, sino garantizando potencia firme, reservas suficientes y capacidad real de respuesta cuando las cosas dejan de comportarse como decía el Excel.
Nos llegan rumores de que técnicos de Red Eléctrica, en comunicaciones privadas, están achacando el incidente de ayer a una mala planificación de producción de la energía eólica. Me resulta complicado de entender, la verdad. Circula también un rumor mucho más inquietante. La orden de activación del SRAD podría no haber llegado a algunos centros de control y cierta industria no habría reducido su demanda. No hay confirmación oficial y, precisamente por eso, Red Eléctrica debería aclararlo de inmediato. Si el mecanismo diseñado como última barrera antes de medidas más graves falla en su comunicación, el problema ya no sería solo de previsión. Sería de operación.
El SRAD existe para estas situaciones y quienes participan cobran por estar disponibles. Activarlo no constituye por sí mismo una anomalía. Lo anómalo es que España necesite recurrir otra vez a cortar consumo industrial después de haber construido una enorme sobrecapacidad teórica, mientras se pretenden cerrar centrales firmes como las nucleares y se confía cada vez más en una generación dependiente de la meteorología.
Ayer el sistema aguantó. Pero aguantó porque las fábricas pararon su producción y el carbón volvió desde el museo a salvarnos el pellejo. El balón no entró. Esta vez. Pero resulta muy preocupante que sigamos celebrando los tiros al palo como si fueran un éxito en la estrategia energética.
