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Recursos productivos, ¿una categoría?

¿Puede España –sector público, economía empresarial, economías domésticas…– soportar el coste del absentismo laboral?

¿Puede España –sector público, economía empresarial, economías domésticas…– soportar el coste del absentismo laboral?
Europa Press

Personalmente, como en otros casos, estoy muy lejos del institucionalismo, por lo que me resulta difícil aceptar que el término productivo de cualquier recurso se otorgue en función de su categoría.

Hablamos de recursos productivos –tierra, trabajo, capital– por su capacidad de participar en tareas productivas, y no sólo de una capacidad abstracta, porque cualquier recurso es a su vez capaz de convertirse en estéril, incluso en una rémora.

Cualquiera de los recursos, y de las múltiples aplicaciones y derivados de los mismos, estarán presentes en los procesos de producción con la pretensión de generar un producto que, en el límite, equivalga o supere el coste implícito de su utilización o empleo.

Pero una distinción resulta, ya inicialmente, de obligada consideración. De los recursos enunciados, sólo uno de ellos tiene voluntad propia, posee la capacidad de conocer alternativas, de razonar acerca de los objetivos y de cómo asegurar su consecución. Estoy hablando del trabajo humano que es el que transmite a la materia, lo que el sujeto ha concebido para su utilización productiva.

Tan así que, los recursos naturales –la tierra–, y también el equipo capital, sin la decisión del factor humano –trabajo, físico, intelectual, creativo…– permanecerían estériles al carecer de lo que podríamos llamar, la acción económica, que conducirá a la obtención de nuevos bienes o servicios para satisfacción de las necesidades sociales.

Pero ese ser humano, que alberga semejante riqueza, capaz de traducirse al resto de lo creado en ese camino de recreación, alberga también, negativamente, su aspiración a más altos reconocimientos, a mejores condiciones de vida, buscando una mayor satisfacción.

Así las cosas, lo que estamos diciendo es que el ser humano, en su verdad interior –que podemos suponer que es su verdad– ya decía San Agustín que "in interiori homine habitat veritas" (De vera religione, 72) –"en el interior del hombre habita la verdad"– en ocasiones puede ceder a llamadas de confort, de bienestar, para él incluso de justicia. Hasta el punto de hurtarse al trabajo, para el que fue concebido en la creación, dejando paso al descanso sin límites, a la holganza, al disfrute de lo ya conseguido.

Estamos hablando de un ser humano, susceptible de ser incentivado, de valorar incentivos y también desincentivos, una evaluación que determinará su actividad o su absentismo laboral.

¿Cómo se interpreta que en España haya más de un millón y medio de trabajadores que a diario no acuden a su puesto de trabajo? Me dirán que todos ellos están amparados por bajas médicas –incapacidad temporal– emitidas por facultativos autorizados para ello. ¿Tan mal está la salud de los españoles? ¿Por qué la reforma que pretende el Canciller alemán, Friederich Merz, para frenar el absentismo laboral en su país?

¿Puede España –sector público, economía empresarial, economías domésticas…– soportar el coste de ese absentismo? Porque, cuando el recurso productivo no produce, no es que la economía prescinda del producto esperado, sino que, sobre la propia economía gravitan, además, sus costes directos e indirectos que, según el Foro Regulación Inteligente (FRI), asciende ya a 129.000 millones de euros, más del 8,0% del PIB.

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