
La inflación acumulada (IPC oficial) desde junio de 2018 es del 26,1%. Y la subida de impuestos decretada por el Gobierno de Pedro Sánchez es del 71%, casi el triple que el ritmo de subida del IPC. Pero es más: si nos vamos al principal impuesto a los trabajadores —el IRPF—, su escalada supera ese porcentaje: el saqueo tributario a las nóminas ha subido un 93%, 3,57 veces el IPC. Traducido: el Gobierno de Sánchez ha subido los impuestos el triple que la inflación, una locura que ha mermado la capacidad adquisitiva de todos los trabajadores españoles.
Las subidas fiscales de Sánchez —impuestos más cotizaciones sociales— superan ya los 210.000 millones mientras faltan medios para ayudar en las inundaciones, combatir los incendios o defender las fronteras de invasiones como la de Ceuta. Una locura que sólo puede tener una conclusión, el saqueo a los contribuyentes se está yendo a tramas de corrupción, a pagos al separatismo, a comprar el voto de los proetarras y, por supuesto, a una dosis de ineptitud nunca antes vista en la gestión del erario público. Los Falcon, la Mareta, los asesores, los más de 20 ministerios, auténticas avalanchas de enchufados, etc., etc. Todo eso que hay gente que considera el chocolate del loro, ha acabado con la despensa de las familias españolas. Todo eso, más los incalculables traspasos de competencias de prisiones al País Vasco para soltar etarras, cuponazos catalanes, cercanías para la Generalidad, incremento de inversión territorializada para todos los partidos que garantizan el sillón de Sánchez, etc., etc. Y todo ello, más, claro está, tramas de corrupción, robo, cátedras, hermanísimos, rescates por todas partes.
Todo ello ha provocado el mayor saqueo a la población española. El mayor robo. Y el mayor despilfarro.
Los datos sacados de las memorias de la AEAT son incontestables. La recaudación total por impuestos —sin contar las cotizaciones a la Seguridad Social— al cierre del año 2017, el previo a la llegada al poder de Sánchez, fue de 198.101 millones. Y en junio de este 2026 —último mes con datos oficiales disponibles— acabó con 339.356 millones de recaudación total. Lo que supone una subida de 141.255 millones solo en impuestos, sin contar la subida de las cotizaciones. Un 71% de incremento tributario. La inflación ha subido desde junio de 2018, fecha de la moción de censura de Sánchez, un 26,1% acumulado. Lo que significa que la subida de impuestos es de 2,73 veces el IPC.
Y si nos vamos al IRPF, el principal impuesto a los trabajadores, la cosa es aún más grave. La recaudación a cierre de 2017 fue de 77.038 millones de euros. Y ahora de 148.826 millones, 71.788 millones más, un 93% más, y 3,57 veces más que el avance del IPC.
Todo ello sin contar con la subida de las cotizaciones sociales. El conjunto de los españoles pagó en 2018 un total de 82.859 millones de euros en concepto de todo el IRPF de todo el año. Desde que llegó Pedro Sánchez al Gobierno, la recaudación fiscal a esos mismos contribuyentes en concepto de impuestos y cotizaciones sociales se ha disparado en más de 210.000 millones de euros. Y eso significa que el saqueo fiscal a los españoles ha crecido en un importe equivalente a dos IRPF y medio anuales enteros de todos los contribuyentes. Una auténtica barbaridad que a Sánchez le sigue pareciendo poco. Por cierto, todo ello ocurre mientras la población observa cómo esa cantidad ingente de recursos no se usa para incrementar la dotación de Policía, Guardia Civil o Ejército en Ceuta, no se emplea en mejorar la protección de las fronteras, no sirve para acelerar las ayudas por las inundaciones o volcanes, no sirve para reforzar los medios sanitarios o educativos de las comunidades autónomas ante la regularización del PSOE. Y, por supuesto, se recauda esa locura mientras la tónica general es la pérdida de poder adquisitivo de los españoles.
