España llegará a mediados de siglo con una deuda pública en el entorno del 130% del PIB. Es la previsión de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), y quienes la conocen advierten de que se trata de un escenario optimista: no incorpora la posibilidad de ninguna crisis económica inesperada, un evento que, históricamente, se repite cada diez o quince años en cualquier economía desarrollada. El punto de partida actual, en torno al 100% del PIB, ya refleja el impacto acumulado de décadas de gasto estructuralmente superior a los ingresos. En 2008, antes de la última gran crisis, la deuda española rondaba el 35% del PIB.
El déficit público estructural —sin contabilizar los pagos de intereses— no alcanza el equilibrio en ningún punto del horizonte de proyección. La AIReF estima que el déficit total se estabilizará en el entorno del 5 o el 6% del PIB a partir del lapso entre 2035 y 2040. Que ese porcentaje resulte llamativo contrasta con el hecho de que España lleva más de una década de crecimiento económico sostenido sin haber logrado consolidar un déficit inferior al 3%, que ha pasado a convertirse en el nivel considerado normal.
Más impuestos
Las previsiones de la AIReF no dejan margen a la ambigüedad sobre cómo prevé el Gobierno financiar ese diferencial creciente entre ingresos y gastos: subida sostenida de impuestos, especialmente sobre el trabajo. El IRPF seguirá creciendo por la vía de la no actualización de la tarifa a la inflación, un mecanismo que eleva la carga fiscal efectiva sin necesidad de aprobar ninguna ley. Las cotizaciones sociales, que el Gobierno denomina de otra forma pero que funcionan como impuestos puros al no incrementar la pensión futura del cotizante, continuarán subiendo como consecuencia de los tres nuevos gravámenes introducidos en la reforma de 2023, cuyos efectos irán desplegándose progresivamente.
La lógica del sistema tiene una trampa de fondo que el lenguaje institucional tiende a oscurecer. Cuando los responsables políticos afirman que van a sostener las pensiones o que el sistema será solidario, están describiendo una obligación que recaerá íntegramente sobre los contribuyentes futuros, no sobre quienes toman las decisiones hoy. Unos prometen, otros pagan. Y los que pagarán son quienes estén en activo cuando lleguen los vencimientos de ese gasto comprometido.
Jubilarse más tarde
La llamada tasa de generosidad —la relación entre la pensión percibida y el salario previo— es en España de las más altas de Europa, pero está destinada a caer. El aumento del número de pensionistas hace que, por mucho que crezca la recaudación, el sistema no pueda sostener indefinidamente esa proporción. El ajuste, sin embargo, difícilmente se producirá de forma explícita sobre la cuantía mensual de las pensiones: el coste político de tocar la mensualidad es demasiado elevado.
El mecanismo más probable, y en buena medida ya anticipado, es el retraso de la edad de jubilación. Obligar a los trabajadores a cotizar más años para acceder a una pensión equivale, en la práctica, a una reducción del beneficio total recibido a lo largo de la vida, aunque la cuantía mensual permanezca nominalmente intacta. Es un recorte que no se llama recorte, y que permite a los responsables políticos afirmar que las pensiones no se han tocado mientras el sistema extrae más de los trabajadores y les devuelve proporcionalmente menos.
El cuadro de conjunto que dibujan las proyecciones de la AIReF es el de un país que ha comprometido un nivel de gasto público que sus ingresos actuales no pueden sostener, que acumula deuda a un ritmo que ninguna crisis futura podrá absorber sin consecuencias graves, y cuya única estrategia oficial de ajuste consiste en elevar la presión fiscal sobre las rentas del trabajo. El debate sobre si esa trayectoria es corregible, y en qué plazos, es el que raramente ocupa el centro de la conversación pública.
El análisis completo, con los gráficos de la AIReF y el desglose de las proyecciones de deuda, déficit y gasto en pensiones, puede seguirse en La Pizarra de Domingo Soriano, disponible en las principales plataformas de podcast y en el canal de YouTube de Libertad Digital.

