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El suplicio de mantener abierto un Eroski en Ceuta: compras a puerta cerrada y escoltas hasta casa de los clientes

"He tenido que destinar personal a acompañar a señoras mayores a su casa con la compra" cuenta el responsable de varios establecimientos en Ceuta.

"He tenido que destinar personal a acompañar a señoras mayores a su casa con la compra" cuenta el responsable de varios establecimientos en Ceuta.
Varios inmigrantes hacen cola en Ceuta (España). | Europa Press

Colas, altercados, clientes atemorizados y trabajadores desbordados. Ese es el día a día en una Ceuta golpeada por la llegada masiva de inmigrantes que tiene contra las cuerdas a ciudadanos y comerciantes desde hace más de un mes.

Sebastián es propietario de los dos supermercados Eroski de la ciudad y el funcionamiento de sus negocios ha cambiado radicalmente desde el fatídico 30 de julio. El empresario es consciente de que "al vender productos básicos y de alimentación, no nos ha ido tan mal como a los hoteles, las cafeterías o los restaurantes, que muchos siguen cerrados y no sabemos cuándo se van a recuperar. Nosotros seguimos vendiendo, pero esto es un desastre" cuenta a Libre Mercado.

Este ceutí fue de los pocos empresarios que se atrevió a mantener sus tiendas abiertas el viernes 31 de julio, cuando la ciudad autónoma de apenas 19 kilómetros cuadrados estaba siendo tomada por decenas de miles de inmigrantes ilegales. Entonces, Sebastián contaba a este periódico que "la Policía nos ha recomendado (no obligado) que cerremos, porque es peligroso. Se está corriendo la voz de que somos de los pocos que estamos abiertos y pueden intentar organizarse y hacer algo… darnos un empujón. Sé que estamos corriendo un riesgo, pero de momento no ha habido ningún problema y nuestros vecinos nos necesitan. Algunos están enfermos y necesitan determinados productos. No les queremos dejar sin ellos". Al día siguiente, a Sebastián no le quedó más remedio que cerrar.

Tienda operativa, pero a puerta cerrada

"El sábado y el domingo la situación no se pudo sostener por la tensión que había. Estuvimos cerrados dos días hasta el lunes" relata ahora. Como ya hiciera los días posteriores y como continúa haciendo a día de hoy, Sebastián mantiene sus tiendas operativas, pero bajo un sistema de puerta cerrada. Es decir, "vamos dejando entrar a los clientes en un número muy reducido de personas" explica.

Tras la invasión de la ciudad, lo primero que intentó el empresario para garantizar el funcionamiento de sus negocios fue contratar personal de seguridad. Sin embargo, resultó imposible. "Contacté con todo tipo de empresas para contratar a profesionales especializados, pero no quedaba ninguno" explica. Antes de la crisis en Ceuta, Sebastián no había necesitado recurrir a protección privada en sus tiendas. "Ceuta era una ciudad segura" afirma. Todo ha cambiado.

'Escoltas' para clientas

Ante la falta de estos profesionales, el empresario optó por reforzar su plantilla, "contratando tres personas más en cada tienda" para ejecutar labores de vigilancia ante posibles robos, que supieran marroquí para comunicarse con los inmigrantes y también como apoyo a sus clientes. Ante el miedo, "he tenido que destinar personal a acompañar a señoras mayores a su casa con la compra" cuenta el responsable de los establecimientos Eroski.

El perfil de clientela de los supermercados en Ceuta también ha cambiado drásticamente. "Las chicas jóvenes ya no vienen a comprar. Tampoco vienen los niños que antes acudían a comprar lo que fuera a la salida del colegio. Ahora, o vienen señoras mayores juntas, con sus maridos o solo sus maridos" relata. Por el lado de los inmigrantes, "muchos vienen con dinero y pagan hasta con tarjeta. Está claro que sus familiares les están dando dinero desde Marruecos de alguna forma. También tengo que decir que no hemos pillado a ningún inmigrante robando dentro. Los problemas son en la puerta, donde se ponen a pedir… y eso que la situación ha mejorado con respecto a los primeros días gracias, por ejemplo, a la presencia del Ejército" comenta.

Sebastián también necesita el doble de personas que antes para descargar la mercancía. Tampoco abre domingos y festivos como antes porque "el personal está agotado de trabajar siempre en tensión" lamenta. De nuevo, las mujeres de su plantilla son las más afectadas. "Antes volvían a casa solas, en autobús o en coche, y ahora las tienen que venir a buscar, los novios, los maridos o algún hombre. Esto no puede seguir así" clama el empresario, que asegura que "en torno al 40% de mi plantilla es marroquí y nunca hemos tenido ningún problema de convivencia".

"Esto hay que arreglarlo" continúa Sebastián, que afirma que lo que más le inquieta en estos momentos es que "el Gobierno no ha explicado qué está haciendo para que esto no vuelva a pasar en Ceuta ¿Qué pasa si llegan otros 100.000? ¿cómo nos van a defender si vuelve a ocurrir dentro de 15 días? ¿qué pasa si intentan hacer lo mismo con Melilla? ¿por qué Europa no hace nada su también son sus fronteras?" Se pregunta sin encontrar respuesta alguna.

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