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Marruecos es un tigre de papel

Tanto España como la Unión Europea disponen de resortes económicos incomprensiblemente ignorados por los adictos a la genuflexión.

Tanto España como la Unión Europea disponen de resortes económicos incomprensiblemente ignorados por los adictos a la genuflexión.
11/03/2025 - El rey Mohamed VI de Marruecos y su heredero, el príncipe Moulay Hasán. | EUROPA PRESS

Nuestra relación con Marruecos, es sabido, se rige por las leyes eternas del chantaje. Así, cada vez que el alegre comendador de los creyentes decide mover fichas en el tablero del Estrecho —convirtiendo el asalto a las vallas de Ceuta o Melilla en un rutinario test de estrés—, Madrid responde con idéntico ritual: medidísimos aspavientos pusilánimes como protocolario paso previo a sacar la chequera. Se asume con bobalicona resignación que la soberanía se defiende a base de talones nominativos para sosegar al moro. Ignorar la lógica de la fuerza constituye, sin embargo, un lujo que ya no podemos permitirnos. Y ocurre que tanto España como la Unión Europea disponen de resortes económicos incomprensiblemente ignorados por los adictos a la genuflexión.

He ahí ese pozo sin fondo de ayudas que absorbe la administración marroquí. Una media superior a los 1.100 millones de euros anuales movilizados por la UE —con partidas como los 152 millones anuales destinados, con notable sentido del humor, a "seguridad fronteriza"—, a los que procede sumar los más de 205 millones en Ayuda Oficial al Desarrollo donados por España. Sin olvidar los créditos blandos que alcanzan los 750 millones de euros para costear la modernización de su red ferroviaria. Y más reveladores resultan aún los cerca de 1.600 millones de euros que los súbditos marroquíes residentes en España desvían cada año a su país.

La más elemental reciprocidad sugeriría gravar tales remesas con una tasa específica. Y, de forma complementaria, descontar de la Ayuda Oficial al Desarrollo el coste de mantener a sus menas en la península, una carga que oscila entre los 3.000 y los 5.000 euros mensuales por plaza. La reciprocidad, único lenguaje que históricamente han comprendido los los caudillos bereberes, impone prescindir de la gesticulación estéril. Si los asaltos fronterizos responden a un guion escrito en Rabat, la réplica no pueden ser más cheques nominativos, sino la aplicación firme de la condicionalidad. Y si hiciera falta, tampoco habría que descartar algún desgraciado accidente técnico con los cables submarinos que cruzan el Estrecho. Peores azares se han visto en Alemania.

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