
Las bolas sorpresa se han convertido en un nuevo objeto de deseo para algunos adultos, hasta el punto de que hay quienes acuden a las jugueterías con una báscula para intentar averiguar qué personaje se esconde dentro antes de comprarlo. La práctica se ha hecho viral en redes sociales y ya ha llevado a algunas tiendas a colocar carteles en los que prohíben pesar estos productos.
El funcionamiento de estas colecciones es sencillo: cada bola contiene una figura que el comprador desconoce hasta que la abre. El componente de azar forma parte de la estrategia de las llamadas blind boxes o cajas ciegas, una fórmula que se ha popularizado en los últimos años con colecciones de muñecos y miniaturas.
Sin embargo, algunos compradores han encontrado una manera de reducir ese azar. Las diferencias de peso entre unas figuras y otras pueden servir, al menos en determinados productos, para intentar identificar qué personaje contiene cada envase. En redes sociales circulan incluso tablas con los pesos asociados a diferentes figuras.
La báscula llega a la juguetería
En un vídeo se puede ver a una joven y a otra persona acudiendo a una juguetería con una báscula para pesar varias bolas antes de decidir cuáles comprar. En el vídeo explican que su intención era evitar adquirir figuras repetidas y tratar de conseguir personajes que todavía no tenían.
Durante la grabación pesan diferentes unidades y comparan sus resultados. En un momento dado, una de las bolas marca 117 gramos. Más adelante, prueban con otra de 114 gramos antes de abrirla para comprobar qué personaje contiene.
La estrategia, sin embargo, no es infalible. Las protagonistas reconocen que las diferencias pueden ser de apenas un gramo y que incluso las propias básculas pueden ofrecer resultados diferentes. Además, admiten que en una de las ocasiones habían colocado mal la bola sobre la báscula y que llevaban tanto tiempo haciéndolo que temían llamar demasiado la atención en la tienda.
Finalmente, abren una de las bolas que habían seleccionado por su peso y descubren que contiene una figura de Frozen. La protagonista incluso anima a quienes quieran conseguir determinados personajes a tener en cuenta el peso de las bolas.
La escena termina con una anécdota que resume hasta qué punto habían convertido la compra en una operación: después de pasar un largo rato pesando las bolas, estuvieron a punto de marcharse olvidándose de la propia báscula en la juguetería.
De los Sonny Angels a las nuevas colecciones
La fiebre por este tipo de productos no es nueva. Los Sonny Angels fueron uno de los ejemplos más visibles de la popularización entre adultos de pequeñas figuras coleccionables que se comercializan mediante el sistema de cajas sorpresa.
Ahora, la tendencia se extiende a otras colecciones de miniaturas. El sistema busca precisamente que el comprador desconozca qué figura recibirá hasta abrir el producto, lo que favorece que quien quiere completar una colección tenga que seguir comprando unidades para encontrar los personajes que le faltan.
La posibilidad de conocer previamente el contenido mediante el peso altera precisamente ese componente de azar. Por eso, la práctica de acudir con una báscula ha generado también críticas en redes sociales y ha provocado que algunas tiendas hayan optado por prohibir expresamente que los clientes pesen las bolas.
En las redes, algunos usuarios han cuestionado que sean adultos quienes lleven estas estrategias hasta las jugueterías para conseguir determinados personajes, mientras otros simplemente lo consideran una forma más de completar una colección sin acumular unidades repetidas.
Para muchos, el fenómeno es una muestra de la creciente infantilización de los adultos y de cómo se ha normalizado que personas ya adultas acudan a una tienda de juguetes con una báscula para intentar averiguar qué personaje hay dentro de una bola sorpresa, un juguete que, en principio, está destinado para los más pequeños.

