
En pleno debate y preocupación por la soledad no deseada, están surgiendo nuevas plataformas que proponen algo hasta hace poco impensable: pagar –o cobrar– por hacer amigos. Se trata de experiencias sociales organizadas, cenas con desconocidos o incluso "amigos por horas".
En ese contexto aparece AlquiFriend, donde conviven todo tipo de perfiles. El catálogo es amplio y diverso: da igual la ciudad, las preferencias o el dinero. Lo importante es encontrar a alguien con quien encajar.
La plataforma funciona como un buscador de amistades locales. Permite buscar personas según la ubicación y después aplicar filtros por género, edad, tipo de perfil y, sobre todo, por aficiones. Entre las opciones aparecen actividades como acudir a talleres, aprender idiomas, charlar y reír, cocinar juntos, conocer gente nueva, enseñar la ciudad, ir al cine, salir de fiesta, ir de compras, hacer deporte o incluso acompañar a eventos sociales o bodas.
También permite ajustar el perfil con o sin foto y seleccionar rangos de edad que van desde los 18 años hasta más de 65, dependiendo del tipo de experiencia social que se busque.
Dentro de la propia plataforma, algunos usuarios se ofrecen como 'amigos disponibles' a cambio de dinero por hora. En Madrid, por ejemplo, aparecen perfiles jóvenes que combinan la búsqueda de ingresos con el deseo de socializar. Entre ellos está Abraham, que se ofrece por 5 euros la hora. Se describe como una persona amigable y cariñosa, a la que le gusta escuchar y compartir planes como talleres, deporte o paseos por la ciudad. También aparece Katherine, que cobra 10 euros la hora y se define como "risueña y graciosa", con aficiones que van desde ir al cine o la playa hasta salir de fiesta o ir de compras.
En Barcelona, el perfil de Paulo Gomes, de entre 35 y 45 años, se ofrece por 15 euros la hora. Habla varios idiomas, se define como una persona cercana y propone planes como pasear, tomar café o descubrir nuevos lugares. En la misma ciudad figura Lourdes, que cobra 25 euros la hora y se presenta como una peruana de 44 años.
Una comunidad o cenas con desconocidos
Más allá de este modelo de 'amistad por horas', el fenómeno se expande en otras direcciones. We Are Mussa apuesta por un modelo diferente: no 'alquilar' amigos, sino construir comunidad a través de una membresía.
Se trata de un club orientado a mujeres que incluye actividades como talleres, escapadas, experiencias, clubes de lectura o eventos de bienestar. El objetivo, según sus creadoras, Estefanía Gambín y Daniela Roizes, es fomentar la conexión social, el crecimiento personal y la creación de vínculos reales fuera de las pantallas.
El acceso se realiza mediante suscripción mensual, que da entrada a un calendario de actividades y grupos donde las usuarias pueden conectar entre sí. La comunidad ya reúne a cientos de miembros y organiza experiencias regulares en distintas ciudades.
En paralelo a este tipo de comunidades más estables y estructuradas, surgen también propuestas más puntuales, como Populit. Esta app propone algo sencillo: sentarte a cenar con personas que no conoces. El funcionamiento se basa en mesas de entre 3 y 6 personas, organizadas en restaurantes seleccionados. Los usuarios se apuntan a experiencias según su edad, intereses o temática (música, cine, deporte o moda, entre otras). El objetivo es favorecer conversaciones naturales sin pantallas ni dinámicas digitales.
Por una pequeña tarifa de entrada, los usuarios reservan su plaza y reciben los detalles del lugar unas horas antes del encuentro. La comida se paga aparte en el restaurante. La plataforma ya ha organizado cientos de cenas y cuenta con miles de usuarios registrados, en especial en Madrid.
Grupos de desconocidos cada semana
Por otro lado, Timeleft organiza encuentros semanales en los que grupos de seis personas se reúnen para cenar, tomar algo o incluso salir a correr. Su funcionamiento se basa en la creación de grupos con intereses similares. No hay que deslizar ni chats previos: la app asigna la experiencia, el lugar y el grupo, y los participantes solo conocen los detalles unas horas antes.
La plataforma afirma tener millones de usuarios a nivel internacional y propone convertir estos encuentros en un hábito recurrente para ampliar el círculo social.
El crecimiento de estas plataformas refleja una tendencia clara: la socialización también se está digitalizando y, en algunos casos, monetizando. Ya sea pagando una suscripción, una entrada por evento o una tarifa por hora, cada vez más personas están dispuestas a invertir dinero para conocer gente nueva o combatir la soledad.


