
¿Una uva que sabe a mojito, a sangría o incluso a algodón de azúcar? Hace apenas unos años habría parecido una extravagancia, pero hoy ya es una realidad en algunos supermercados. Detrás de estos sabores tan poco habituales no hay aromas artificiales ni ingeniería genética, sino años de cruces entre distintas variedades para conseguir aromas y sabores cada vez más sorprendentes.
Mientras el sector de la uva para elaboración de vino atraviesa uno de los momentos más complicados de las últimas décadas por la caída del consumo y el cierre de bodegas, la uva de mesa vive una realidad muy distinta. El consumo de esta fruta aumentó un 14,8% durante el pasado año según el Informe de Consumo Alimentario 2025 del Ministerio de Agricultura. El motivo, según los expertos, se debe en buena parte al éxito de las variedades sin semillas.
Ese tirón explica que muchos productores estén inmersos en una carrera por desarrollar uvas diferentes. El objetivo ya no es únicamente obtener frutos más resistentes o que se conserven más tiempo, sino también sorprender al consumidor con nuevos sabores, colores y formas. El resultado son frutas que recuerdan al caramelo, la fresa, las frutas tropicales o bebidas como el mojito y la sangría, además de otras tan llamativas como los conocidos Dedos de Bruja, por su forma alargada, o las Boom Bites, con una pulpa de intenso color rojo.
Algunas cadenas de distribución ya han comenzado a aprovechar esta tendencia. Carrefour, por ejemplo, ha reunido este verano varias de estas variedades en un espacio específico dedicado a la uva de mesa. La mayor parte procede de Murcia y Alicante, donde se concentra más del 90% de la producción española de uva sin semillas.
Detrás de estas novedades hay también una importante inversión en investigación. Los productores llevan años buscando variedades que amplíen el calendario de producción, soporten mejor el transporte y, al mismo tiempo, ofrezcan una experiencia distinta al consumidor. Una estrategia que, al menos por ahora, parece estar dando resultado.
