PATRIMONIO CULTURAL
Partimos rumbo norte buscando el otro patrimonio de Madrid, más allá de la gran ciudad y de los grandes monumentos reconocidos por la UNESCO vamos a encontrar iglesias, castillos y murallas que os sorprenderán y que os hablarán de una comunidad llena de historia y que ha sabido cuidarla, no sólo en aquello más llamativo, conocido o importante, sino casi en cada esquina.
1.- Iglesia de la Magdalena, Torrelaguna
Una muestra de ello es Torrelaguna, un pueblo muy cerca de la A1 y a sólo 60 km, al norte de la capital. En las primeras estribaciones de la Sierra, Torrelaguna tiene una preciosa plaza mayor de esas que se adaptan a los edificios a su alrededor hasta tomar una forma irregular y poco habitual.
Entre esos edificios está el Ayuntamiento, con dos pisos porticados que son un perfecto ejemplo de lo bonita y elegante que puede llegar a ser la mejor arquitectura popular. Y sobre todo está la Iglesia de Santa María Magdalena, con su torre puntiaguda, su fachada austera y, sobre todo, su imponente presencia de edificio enorme: una gran, y bella, montaña de piedra frente a las casas bajas que la rodean.
Pero además de ser grande la iglesia es uno de los mejores ejemplos de arquitectura gótica de la Comunidad de Madrid: un gótico hermoso y sencillo que alcanza gran altura en la preciosa bóveda de su nave central y que se mezcla en algunos puntos con un estilo renacentista o, incluso, con el más espectacular barroco en el retablo mayor. ¡No se la pierdan!
2.- Las murallas y el castillo de Buitrago
Un poco más al norte aún, casi allí donde la Comunidad de Madrid se convierte en una flecha en el mapa, está Buitrago de Lozoya, uno de esos extraños lugares en los que la mano del hombre ha creado un entorno natural de singular belleza.
Buitrago está al borde de uno de los embalses del río que le da nombre, y parece que el agua se ha remansado sobre todo para crear una forma aún más espectacular de presentar el gran recinto amurallado que todavía protege buena parte del pueblo.
De origen musulmán al menos en parte, las murallas de Buitrago se remontan a los primeros siglos del pasado milenio y, aunque reformadas y restauradas en muchas ocasiones, siempre han mantenido el trazado que aún hoy en día podemos ver.
En uno de los extremos del recinto, además, está el castillo de los Mendoza, con sus siete torres y edificado en materiales -ladrillo y cal además de piedra- que nos hablan de la influencia de la arquitectura mudéjar allá por el siglo XV, cuando lo mandó construir uno de los primeros Duques del Infantado.
3.- Monasterio de El Paular
Sólo unos kilómetros más allá y en el mimo valle está un lugar cargado de historia y de arte y que, por tanto, no podemos dejar de visitar en nuestro recorrido: el Monasterio de Santa María de El Paular.
Es un conjunto monumental que empezó a construirse a finales del siglo XIV en un emplazamiento que según la tradición habría elegido el propio rey Enrique II de Castilla. La bellísima iglesia es posterior: se terminó reinando ya Isabel la Católica -aunque sus preciosas bóveda y cúpula son posteriores- y tiene algunos elementos que son auténticas joyas: la sillería del coro, la reja y especialmente el retablo de alabastro policromado.
Otro de los lugares clave es, por supuesto, el claustro, pero en esta ocasión por una razón más especial: allí están los 54 cuadros que el pintor Vicente Carducho hizo sobre la vida de Bruno de Colonia, fundador de la orden de los Cartujos, restaurados y repuestos en su ubicación original en el año 2011 y que son una serie espectacular y que, de hecho, son propiedad del Museo del Prado.
El Paular es, además, un caso curioso dentro de la historia de nuestro patrimonio, ya que fue abandonado durante la desamortización, pero más tarde al contrario que tantos otros monasterios de España, fue recuperado para su uso original y, desde 1954 vuelve a estar ocupado por una comunidad monástica, en este caso benedictina.
4.-Calzada romana de la Fuenfría
A veces en Madrid la historia se confunde con el paisaje de una forma muy especial y el siguiente caso de nuestra es un ejemplo perfecto de ello: en el valle de la Fuenfría, a las afueras de Cercedilla arranca un monumento de los más llamativos de la Comunidad, que encima se visita y disfruta en un entorno insuperable: la Calzada Romana de la Fuenfría.
En esta ocasión nos remontamos nada más y nada menos que al primer siglo de nuestra era, cuando gobernando el emperador Vespasiano se construyó una de las famosas calzadas del imperio para conectar Segovia con el sur de la sierra de Guadarrama.
La calzada original es visible todavía en algunos tramos, mientras que en otros se superpuso a ella otro camino histórico: la llamada Calzada Borbónica que construyó Felipe V para mejorar su acceso al palacio de La Granja. Mucho mejor conservada, como es lógico, de este camino se conserva incluso algún puente.
Ambos caminos, eso sí, transcurren a través de bellísimos bosques de pinos y seguirlos es una experiencia única que mezcla la historia con la naturaleza.
5.- Castillo de la Coracera
Nos desplazamos hacia el sur y abanamos ya la zona más escapada de la Sierra de Guadarrama, buscando pueblos también ricos en historia y patrimonio, como San Martín de Valdeiglesias donde nos espera el espléndido Castillo de la Coracera.
De origen incierto, se cree que en su ubicación actual ya podría haber una fortificación en tiempos de Alfonso VII o Alfonso VIII, pero la construcción actual se debería a don Álvaro de Luna, valido de otro rey castellano: Juan II, padre de Isabel la Católica.
Con su alta torre del homenaje visible desde una gran distancia, el castillo se mantiene en un envidiable estado de conservación no sólo por la piedra berroqueña en la que fue levanado, que también, sino por los procesos de restauración a los que fue sometido a mediados del siglo pasado y principios de este.
Hoy en día no sólo se puede visitar sino que incluso cuenta con espacios para la celebración de exposiciones, reuniones de empresa, conciertos al aire libre o conferencias, una muestra de la puesta en valor del patrimonio.
6.- Monasterio Santa María la Real de Valdeiglesias
A unos 15 minutos de San Martín de Valdeiglesias, al lado del embalse de San Juan, se encuentra una de esas joyas del camino que no suelen aparecer en las guías de viajes. Se trata del Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias, también llamado, monasterio de Pelayos de la Presa.
Su dilatada historia hacen de este lugar un tesoro del patrimonio madrileño. En el año 1150, con intención de repoblar los territorios reconquistados, Alfonso VII, pasó por el Valle de las Iglesias, teniendo noticia de la existencia de una comunidad benedictina. Con este objeto el Rey otorgó a los monjes eremitas un Privilegio Real de fundación, fechado en Toledo el 30 de noviembre de 1150 por el que se fundaba el Monasterio de Valdeiglesias, para lo cual deberían agruparse los doce eremitorios en uno solo, el de la Santa Cruz, constituyendo una única comunidad, sometida a la regla benedictina.
Durante los siete siglos de vida activa de que gozó este Monasterio hubo momentos de gloria y ruina. La incorporación a la Observancia de Castilla, apoyada por los Reyes Católicos, trajo gran autonomía y solvencia económica al monasterio, pero sus dos grandes incendios (1258 y 1768) y la venta de sus señoríos de San Martín, 1434 y Pelayos 1552, sumieron al monasterio en la pobreza, que arrastraron hasta su casi desaparición definitiva, por la Ley de Desamortización de Mendizábal, en 1835.
Fueron 138 años los que pasaron desde que los monjes tuvieron que dejar el Monasterio, hasta que en 1974, el arquitecto madrileño Mariano García Benito acabó con el expolio y abandono del monumento comprando sus ruinas por un anuncio aparecido en un periódico madrileño que ofrecía su venta. A partir de ese momento la protección y cuidado del Monasterio quedaron garantizados, y volvió la paz que en su momento tuvo. Posteriormente, ya en el año 2004 se constituye la Fundación Monasterio Santa María la Real de Valdeglesias, que da una nueva vida al conjunto histórico.
Actualmente está en proceso de restauración, aunque es posible visitarlo desde el mes de julio, solicitando previamente una cita a través de su web, tanto para grupos como para una visita particular.
7.- Castillo de Batres
Rodeado de campos de trigo que casi anuncian la no muy lejana llanura manchega, Batres en un pueblo pequeño al sur de la Comunidad de Madrid que guarda otro de los tesoros que queremos descubrir en nuestra ruta.
En esta ocasión al encanto propio de un castillo-palacio renacentista se le unen no pocos atractivos más: en primer lugar un estado de conservación envidiable, además unos jardines bellísimos de estilo italiano, pero a los apasionados de la historia y de la poesía quizá aún les guste más que allí escribió algunos de sus versos Garcilaso de la Vega, que fuera señor de Batres por herencia materna.
El Castillo de Batres es una figura elegante pese a su arquitectura y estilo eminentemente militares. En él destacan algunos elementos como los jardines que ya hemos comentado, la puerta de estilo gótico isabelino o el bellísimo patio de armas, con una doble galería plateresca que, además, se ha cubierto con un acristalamiento que ahora permite celebrar eventos.
8.- Torreón de Pinto
El Torreón de Pinto es el monumento más importante de esta ciudad del sur de la región, a pesar de que no se conserva el castillo más grande del que según las referencias históricas formaba parte.
Su excepcional estado de conservación llama más la atención si tenemos en cuenta que fue construido a mediados del siglo XIV: se habla de él en documentos de 1382 en los que se cuenta que fue visitado por el rey Juan I de Castilla.
La torre, cuadrada con las esquinas redondeadas y esbelta en sus 25 metros de altura, es todavía más importante por su huella en la historia: allí fue encarcelada Ana de Mendoza y de la Cerda, la famosa princesa de Éboli, tras ser detenida por orden de Felipe II y también el famoso Antonio Pérez, secretario del mismo rey al que luego traicionó.
Siglos después, otro ilustre y poderoso personaje de la corte, Manuel Godo, se vio encerrado entre las cuatro paredes de un torreón en el que el visitantes puede sentirse realmente en medio de la historia de España.
9.- Conjunto de Villarejo de Salvanés
Villerejo de Salvanés, en el extremo suereste de Madrid, cuenta con un interesante patrimonio monumental que lo hace una parada imprescindible de nuestra ruta y que está presidido por la gran Torre del Homenaje de lo que fuera un importante castillo que fue, según la mayoría de historiadores, parte de las fortificaciones levantadas para asentar el avance de la Reconquista hasta el Tajo.
A pesar de que la torre es lo único que nos ha llegado, basta para ser un monumento importante debido a su peculiar arquitectura: con unas torrecillas que se añadieron en una época posterior a la primera construcción con el fin de hacer la estructura más resistente a los ataques de artillería.
Además, el visitante que pase por Villarejo no debe de dejar de conocer la impresionante Casa de la Tercia, que fue sede Encomienda Mayor de Castilla de la Orden de Santiago. Su espléndida fachada es sin duda un ejemplo muy interesante de arquitectura castellana, como lo que se ha conservado de su bellísimo patio.
La Iglesia de San Andrés y, sobre todo, el Convento de Nuestra Señora de la Victoria, completan un conjunto que, incluso tras lo mucho que hemos conocido ya de Madrid, llama profundamente la atención.
10.- Nuevo Baztán
Nuestro camino por el patrimonio más sorprendente de Madrid no podía tener mejor final que Nuevo Baztán, un pueblo único fruto de una idea visionaria de un personaje que también merece calificarse de único y genial.
Fue Juan de Goyeneche, uno de los hombres más ricos e influyentes de las cortes de Carlos II y Felipe V, el que a principios del s XVIII y en lo que entonces era una zona pobre y poco poblada, un proyecto industrial adelantado a su tiempo.
Para ello además contrató uno de los mejores arquitectos del momento, si no el mejor: José Benito de Churriguera, que diseñó un pequeño pueblo de nueva planta pensado para albergar el palacio de, propio Goyeneche, los edificios destinados a la actividad industria y las viviendas de los trabajadores que el inversor se trajo desde su Navarra natal.
El palacio y la iglesia destacan del precioso conjunto, pero quizá lo más bonito es ver ese despliegue de racionalidad urbanística y arquitectónica y, sobre todo, comprobar como hace tres siglos Madrid ya daba cobijo y espacio a los mejores emprendedores.
Más información: www.turismomadrid.es