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Madrid

Escándalo en un centro de Alzheimer del padre Ángel: falta de personal, de higiene y ancianos abandonados

La Comunidad de Madrid impone un supervisor a la residencia gestionada por Mensajeros de la Paz tras las estremecedoras denuncias de las familias.

La Comunidad de Madrid impone un supervisor a la residencia gestionada por Mensajeros de la Paz tras las estremecedoras denuncias de las familias.
Concentración de familiares contra la gestión de Mensajeros de la Paz | Libertad Digital

La residencia Fundación Reina Sofía Alzheimer que Mensajeros de la Paz gestiona en Puente de Vallecas cuenta desde este lunes con un supervisor impuesto por la Comunidad de Madrid tras la avalancha de quejas recibidas por los familiares de los residentes.

Tal y como explican a Libertad Digital, desde que la ONG del padre Ángel se hizo cargo del centro, no sólo se ha reducido el personal a la mínima expresión, sino que se busca la máxima rentabilidad en todos y cada uno de los servicios que ofrecen, lo que deriva en una alarmante falta de higiene y cuidados de los ancianos, que incluso está afectando a la salud de muchos de ellos. Su denuncia es, además, corroborada por una de las trabajadoras del centro, que asegura que los empleados son los primeros que están hartos de una situación que les supera.

Una oferta muy baja

El inicio de los problemas se remonta al verano pasado. Hasta entonces, la gestión de esta residencia pública había estado en manos de Clece, empresa con la que, con sus más y sus menos, todos los familiares estaban satisfechos. En 2020, en plena pandemia, llegó el momento de que la concesión volviera salir a concurso.

Cuando meses después se procedió a hacer la adjudicación, la empresa ganadora renunció porque los precios habían subido tanto que no se veían capaces de ofrecer el servicio por el dinero al que se habían comprometido previamente. Lo mismo sucedió con la segunda, y así fue como la residencia cayó en manos de Mensajeros de La Paz. La ONG del padre Ángel -que está exenta del pago del IVA por ser una entidad social- no puso ninguna pega y decidió asumir la gestión durante 3 años, con posibilidad de prórroga por otros tres más, a cambio de 4,5 millones de euros anuales. Lo que no imaginaban entonces ni familiares ni trabajadores es lo que vendría inmediatamente después.

Despidos y bajada de sueldos

"Empezaron a echar a gerocultoras, personal de rehabilitación y hasta a la animadora, que puede parecer un extra, pero para gente con Alzheimer es fundamental, porque para ellos la estimulación cognitiva es muy importante -asegura Maricruz, cuya madre lleva años ingresada en ese centro-. Además, ella era la que se encargaba de pasear a los residentes, porque hay familiares que no pueden ir todos los días y esa gente no puede estar 24 horas tumbada o sentada. Eso es un trato vejatorio".

Los propios trabajadores corroboran el relato de las familias. "El verano pasado ni siquiera sustituyeron al personal que se fue de vacaciones", denuncia una de las empleadas con las que ha podido contactar este periódico y que prefiere mantener su anonimato por razones obvias. La situación es tan desbordante que, al final, es la pescadilla que se muerde la cola: unos son despedidos y otros directamente se van porque no pueden soportar la carga de trabajo derivada de los recortes o porque la rebaja de sueldos no les compensa.

Según denuncian, tampoco tenían un médico 24 horas, algo obligatorio para este tipo de residencias. "Incluso ahora, que teóricamente dicen que ya lo hay, sigue habiendo unas cuantas horas sin servicio por las mañanas y otras tantas por la noche, coincidiendo con el cambio de turno", se queja Paloma, la hija de otra residente. Lo mismo sucede con las enfermeras: "Nos llegaron a decir que, como el padre Ángel tenía contactos con la Embajada de México, iban a intentar conseguir profesionales de este país, porque deben pagar tan poco, que nadie quiere trabajar en esta residencia".

Ancianos abandonados

La falta de trabajadores deriva, además, en un abandono de los pacientes, a los que en, no pocas ocasiones, los familiares se han encontrado deambulando solos por la residencia. "Hace un par de meses, hubo un brote de covid, y se les escapaban los pacientes. Los primeros días, que todavía podíamos entrar, nos encontramos a una residente dando vueltas por ahí como si nada, ella sola", denuncia Maricruz.

Aquilino también recuerda un día que fue a recoger a su madre para ir a una visita médica y al bajar la planta, encontró "diez o doce internos, cada uno en su sillita y allí no había nadie cuando estamos hablando de personas que son dependientes para todo".

Descontrol en la medicación y las comidas

La rotación de personal es "tremenda" y el descontrol es tan grande, que los pacientes lo sufren en primera persona. Silvia tiene a sus dos padres, diabéticos, ingresados en el centro. Tras meses de sospechas, pudo constatar que cada turno de enfermeras tenía una pauta distinta de medicación. "Un turno de enfermeros tiene una dosis de insulina y otro tiene otra, y eso te lleva a tener que estar pendiente y preguntado cuánta dosis le dan".

José Alberto también denuncia problemas con la medicación: "Cada mes yo le llevaba su caja de hierro, y un día me doy cuenta de que había tres cajas sin abrir; así que no le han estado dando el hierro durante tres meses".

Los familiares están convencidos de que la falta de personal es el problema sobre el que pivotan el resto de carencias. "A veces llegábamos a las 11 de la mañana y veíamos que todavía había gente que no se había ni terminado de duchar. Es decir, que a esas personas les daban de desayunar a las 11:30 de la mañana, cuando la cena del día anterior había sido a las 20:00 horas. Es vergonzoso", denuncia Paloma.

Fritos y comida a punto de caducar

La baja calidad de la comida es otro de los grandes problemas. "Al poco de entrar Mensajeros de la Paz, vimos que mi madre había engordado. Al principio no le dimos mayor importancia, pero al final nos dimos cuenta que todo lo que les daban era a base de fritos, congelados… No había nada fresco y ellos tienen que tener unas dietas muy controladas, porque, aparte del Alzheimer, son personas con muchas patologías", explica Maricruz.

Los propios trabajadores del centro así lo admiten: "Antes siempre había comida casera, bastantes platos de cuchara y platos elaborados en el centro, pero, cuando llegaron ellos, todos los días había croquetas, san jacobos, bolitas de queso o, como digo yo, cualquier mierda que sea barata y que nutricionalmente no aporta nada".

Según esta empleada, se abusaba de alimentos de peor calidad o que estaban a punto de caducar y que se compraban en grandes cantidades para ahorrar lo máximo posible: "A veces venían con un cargamento de leche, huevos o yogures y había que consumirlos como fuera porque les había salido más barato".

Infecciones de orina generalizadas

Pero los recortes no sólo llegaron a los menús. "Las compañeras tenían que ir a cocina a ver si les dejaban guantes o incluso escondían pañales para los pacientes que sabían que más los necesitaban, porque se compraban con cuentagotas", reconoce la trabajadora. Y no sólo eso, sino que se abusaba de pañales baratos y de peor calidad en detrimento de los que los propios ancianos tenían prescritos, lo que ha derivado en grandes problemas para todos ellos.

"Muchos residentes llevan un año con infección de orina", denuncia Maricruz, que advierte de la gravedad de este tipo de infecciones en pacientes de avanzada edad, ya que "muchas veces se desorientan o tienen un retroceso en su salud", ya de por sí limitada. "A mi madre, por ejemplo, desde la última vez, le falla la pierna izquierda".

La madre de Paloma también ha sufrido "una infección de caballo" por la falta de cambio, que incluso le ha provocado aparatosas heridas. "Un día vi que estaba como molesta y, al bajarle los pantalones, vi que tenía la entrepierna en carne viva, con una escocedura que le llegaba casi hasta la rodilla".

Falta de higiene

Desde la llegada de Mensajeros de la Paz, la falta de higiene se ha convertido en un gran problema. La propia Maricruz relata a LD lo que se encontró un día que su madre perdió la dentadura postiza: "Moví la cama y allí me encontré de todo: restos de pis, suciedad y la dentadura como si no la hubieran lavado en un año. De hecho, fui a lavarla yo misma y, cuando fui al baño, me encontré con la pasta de dientes totalmente seca". Según explica, la empresa anterior les pedía que comprasen pastillas para lavarlas. Al entrar la ONG del Padre Ángel, dejaron de hacerlo y pensaron que era porque ellos mismos se encargaban de dicha compra: "Aquel día comprendí que es que directamente nadie miraba para ellas".

José Alberto, hijo de otro de los residentes, relata el vergonzoso momento que vivió ante el cirujano que iba a operar a su madre. "Quiso mirarle las piernas y, cuando descubrió los pies, tenía las uñas como un animal. Imagínate cómo puedes tener las uñas si en un año nadie te las ha cortado. A mí se me cayó la cara de vergüenza", confesaba indignado.

Tampoco se tiene cuidado con otras cosas. "Mi madre, que es muy cuidadosa con la ropa, hasta se me pone a llorar porque se la están rompiendo. La lavan en lavadoras industriales y sale rajada, desteñida... cada mes estoy comprando ropa. También les dan los calcetines desparejados, con lo que eso supone para una persona con alzheimer", relata Silvia.

La intervención de la CAM

A todo ello se suma la dejadez de las instalaciones. Los familiares denuncian haber visto "plagas de hormigas" y "goteras que no se arreglan más que poniendo una toalla". Por todo ello, ya han presentado más de 160 firmas, pidiendo a la Comunidad de Madrid que tome cartas en el asunto.

Su verdadero deseo es que Mensajeros de la Paz abandone la gestión de la residencia cuanto antes y que el Gobierno regional vuelva a sacar a concurso la concesión. Sin embargo, el contrato firmado por ambas partes se extiende hasta noviembre de 2023, por lo que, por ahora, la única medida que contempla la Comunidad de Madrid es imponer al Padre Ángel un supervisor que garantice que cumple con lo acordado.

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