
Madrid conserva bajo sus calles espacios que permiten acercarse a episodios poco conocidos de su pasado. En pleno barrio de Lavapiés, muy cerca de la plaza de Tirso de Molina, unas antiguas celdas subterráneas recuerdan la historia de la desaparecida Cárcel Eclesiástica de la Corona. El espacio puede visitarse actualmente de forma gratuita.
Una cárcel ligada a la Inquisición
La llamada Cárcel Eclesiástica de la Corona se estableció a finales del siglo XVIII en la calle de la Cabeza, en las proximidades de la actual calle de Lavapiés. En sus primeros tiempos estaba destinada a personas pertenecientes al clero, que quedaban separadas de los presos comunes y podían ser enviadas allí por el Tribunal de la Inquisición.
Su historia cambió con los acontecimientos políticos de las primeras décadas del siglo XIX. En 1814 comenzó a utilizarse también para encerrar a presos liberales y, posteriormente, acogió igualmente a presos realistas cuando cambió el signo político del Gobierno.
La cárcel permaneció en funcionamiento hasta aproximadamente 1834. Después de la desamortización de Mendizábal y del Estatuto Real, el inmueble pasó a manos particulares y tuvo distintos usos.
Un preso que acabó linchado
Entre los personajes relacionados con esta prisión destaca Matías Vinuesa, antiguo cura de Tamajón, acusado de participar en una conjura contrarrevolucionaria contra el general Rafael de Riego.
Vinuesa había sido condenado a diez años de prisión en lugar de a la pena capital. El 4 de mayo de 1821, una turba de liberales exaltados convocados por sociedades patrióticas asaltó la cárcel.
Según la narración de Benito Pérez Galdós, el antiguo sacerdote fue asesinado a martillazos, sablazos y disparos.
El escritor también tuvo una relación posterior con el inmueble. Cuando se trasladó a Madrid in 1862, el edificio ya había dejado atrás su función penitenciaria y había sido convertido en cuadras y cocheras.
Del abandono a un centro municipal
Con el paso de las décadas, el antiguo inmueble tuvo diferentes propietarios y usos. Primero fue dividido en viviendas, después albergó una tahona y posteriormente una taberna.
A comienzos del siglo XXI, el edificio era un patio de corrala en el que residían alrededor de veinte vecinos. En 2005, el Ayuntamiento de Madrid inició su expropiación para adquirir el inmueble y destinarlo a un centro para personas mayores.
Hoy funciona allí el Centro Municipal de Mayores Antón Martín, en el número 14 de la calle de la Cabeza.
Sin embargo, la historia del lugar no ha desaparecido por completo bajo la nueva función del edificio.
Cinco celdas bajo la calle
En la parte subterránea se conservan las conocidas como mazmorras de Lavapiés. El acceso se realiza desde el propio centro municipal y permite contemplar cinco pequeñas celdas dispuestas en paralelo.
Son espacios estrechos, de aproximadamente un metro de ancho, dos metros de alto y tres metros de largo, comunicados mediante pequeños ventanucos protegidos con rejas.
En las paredes también pueden verse orificios destinados a la ventilación. Las antiguas celdas fueron restauradas en 2011, dentro de las obras de rehabilitación del edificio, que contaron con una partida de 1,8 millones de euros.
La intervención buscó conservar el aspecto de estos espacios. No obstante, ya no permanecen algunos elementos originales, como las puertas individuales de las celdas o las argollas que existían en las paredes para encadenar a los presos.
Un lugar rodeado de leyendas
La historia de la calle de la Cabeza también está acompañada de una conocida leyenda. Según el relato tradicional, un criado habría decapitado a un rico sacerdote en una de las casas de la zona y habría huido posteriormente a Portugal.
A su regreso, ya vestido como caballero, habría comprado en el Rastro una cabeza de carnero que, según la leyenda, se convirtió por intervención divina en la cabeza de su antiguo amo. El episodio habría terminado con el criado en la horca de la Plaza Mayor.
Más allá de estas historias, la documentación sobre las antiguas mazmorras también ha dado lugar a algunas confusiones. El historiador Pedro Sala Ballester defendió, en un estudio publicado en La Gaceta de la Villa, que la cárcel habría estado situada en el actual número 16 de la calle de la Cabeza y no exactamente en el número 14, donde hoy se encuentra el centro municipal.
Por ello, conviene distinguir entre la ubicación histórica de la cárcel y el espacio subterráneo que actualmente puede visitarse.
Cómo visitar las mazmorras
El acceso a las antiguas celdas es gratuito. El Centro Municipal de Mayores Antón Martín se encuentra en la calle de la Cabeza, 14, en las inmediaciones de la plaza de Tirso de Molina.
Para conocer las mazmorras hay que acceder al centro y solicitar la visita en recepción. Tras rellenar el formulario correspondiente, el personal facilita el acceso al espacio subterráneo.
El horario indicado para las visitas es de lunes a viernes, de 9:00 a 20:00 horas, y los fines de semana y festivos, de 11:00 a 20:00 horas. El centro permanece cerrado los días 24, 25 y 31 de diciembre y el 1 y 6 de enero.
