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El Honda NSX: la celebridad nipona que cambió los 90

Probamos un deportivo legendario, un icono para muchos aficionados y un provocador que sembró el pánico entre los deportivos occidentales.

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El Honda NSX es de sobra conocido por los aficionados a los coches deportivos y casi siempre aparece en los ránkings de los mejores deportivos de la historia avalado por una serie de razones que convencen a casi todo el mundo: es un coche tremendamente bien realizado, con un equilibrio perfecto y una eficacia espectacular.

Además, es una leyenda porque en su puesta a punto participó el mismísimo Ayrton Senna y un icono porque, cuando vió la luz en 1990, sus prestaciones hicieron palidecer a sus rivales italianos y alemanes.

Batir a todos los rivales

A finales de los 80 Honda quiso realizar un prototipo de super-deportivo con toda la tecnología que tenía en su haber heredaba de la Fórmula 1. Las instrucciones eran claras: batir a todos los posibles rivales de Italia y Alemania. Tal cual.

Para conseguirlo crearon un chasis completamente realizado en aluminio y con técnicas de extrusión bastante innovadoras que aligeraban el peso final en más de 200 Kg. El motor, un V6 de 3 litros con distribución variable VTEC y 274 cv, situado justo detrás del habitáculo, "empujaba" con fuerza las ruedas traseras, rozando las 8.000 rpm.

Efectivamente, lo consiguieron, lograron crear un deportivo capaz de batir los entonces impresionantes Ferrari 328 y 348, con una fiabilidad mayor y menor mantenimiento.

Con todo ese bagaje en la mente nos encontramos con el mítico Honda NSX. Lo primero que llama la atención es su tamaño: relativamente ancho, relativamente largo, pero espectacularmente bajo. Abres la puerta, te tiras literalmente en su interior y, sorprendentemente, es más espacioso de lo que parece. Su enorme y apaisado parabrisas nos da una visión propia de un caza de combate. Sus mandos quedan a mano para una posición de conducción deportiva y aceptablemente cómoda. Y en cuanto a calidad de interiores, no vamos a engañar a nadie: es un coche japonés y, aunque la intención con el cuero es buena, al final los plásticos abundan, como en todo nipón que se precie.

Ser la sensación... y sentir las sensaciones

En cuanto empiezas a moverte con el NSX te das cuenta de que es algo muy especial. No tiene las incomodidades propias de un super deportivo de antaño, se defiende bien rodando despacio por el casco urbano, pero vas girando todas las cabezas a tu paso, la gente te señala, y los chicos sacan el móvil para hacer fotos. Para mayor satisfacción, ves cómo los mandos se manejan con cierta dureza y requieren de esfuerzo, cosa que promete enormes sensaciones cuando toque conducir al ataque...

Efectivamente, salimos de la ciudad para exprimir el Honda en las curvas y nos regala un mundo de sensaciones olvidadas. Y es que en los coches más actuales casi todo está bajo control: siempre notas un porcentaje de conducción que manejas con las manos y una parte restante que hace el coche por ti. Pero en el NSX todo está a flor de piel, las frenadas al límite son francas pero notas el volante insinuándo el eje delantero, entras con decisión en la curva y eres plenamente consciente del apoyo, del balance entre ambos ejes y de su comportamiento neutral.

Para colmo, abres gas saliendo del giro y controlas a la perfección la tracción del eje trasero, que es mucha. Las pequeñas durezas e incomodidades que se sentían conduciendo por ciudad ahora cobran todo su sentido: son la mejor manera de unir la mecanica con el conductor en el NSX.

Al sentir todo el asfalto a través del volante entiendes por qué se te hacía tan pesada la dirección aparcando y sonries. En términos generales, podríamos decir que es como conducir una especie de "super-kart", con esa característica conducción a escasos centímetros del suelo, con reacciones inmediatas y perfectamente predecibles y orientado a la deportividad y la efectividad por encima de todo.

Si tenemos que ponerle un "pero", a buen seguro apuntamos a los frenos como algo escasos para el potencial que tiene el coche. Es cierto que en esos años practicamente todos los coches, deportivos o no, solían andar escasos de frenos en comparación con los equipos que se montan hoy en día, pero en nuestra opinión, un buen set de frenos hubiera sido la guinda del pastel. No es que frene mal, porque muerde bien y resiste la temperatura, pero desde luego, en el uso intensivo al que está llamado podría detenerse con mayor contundencia y resistencia.

Otro asunto discutible es el calzado de las ruedas de origen. Con unas diminutas llantas de 15" delante y 16" detrás, es normal que se deje buena parte de su potencial pegado al suelo. Nuestra unidad montaba unas llantas japonesas Advan RS de 17" y 18" respectivamente, que permiten montar neumáticos mayores y, literalmente, pegan el coche al firme.

Volvemos ahora a casa, llaneando por autopista, y el NSX nos sorprende otra vez: lejos de ser un suplicio en los viajes resulta aceptablemente cómodo, incluso nos parece que nos movemos en un Honda Accord de hace unos años, con aplomo, suavidad y sin brusquedades. Es cierto que su altura le hace un poco rebotón, y que su sonoridad puede cansar (nuestra unidad llevaba un impresionante escape deportivo de titanio, que lógicamente incrementaba los decibelios mucho más de lo normal), pero al menos, en los 30 Km de viaje que pudimos realizar de vuelta a la ciudad, nos pareció completamente razonable.

Una reputación bien merecida

En resumen, una fama y una reputación bien merecidas, aunque su altísima cotización en el mercado actual ya es más discutible: hay verdaderos fanáticos de este icono dispuestos a pagar más de 30.000 euros por una unidad en buen estado, y se nos ocurren otros muchos deportivos míticos por esa cifra.

Pero sea como sea, el puesto de honor entre los más grandes lo ha ganado a pulso y tiene todo lo necesario para convertirse en un clásico cotizado: una buena mecánica, una historia y un pedigree envidiables y, para colmo, el mercado de piezas para preparaciones deportivas nos permite convertirlo en un auténtico misil.

Tiene algunos defectos visibles en los apartados que hemos mencionado, pero cualquier aficionado sabe que se pueden solucionar con bastante facilidad montando un kit de frenos sobredimensionados y unas ruedas serias. Por lo demás, el mejor indicador de su éxito es la sensación de pena que nos deja en el cuerpo al marcharse del garaje y alejarse de nuestras vidas...

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