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El auge de la extrema derecha en Europa, en el ojo del huracán

Que el autor confeso del doble atentado en Oslo tuviera una conocida militancia la extrema derecha ha puesto sobre la mesa el auge de esta ideología.

Libertad Digital
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En un lugar desconocido de Londres, en un día sin determinar de abril de 2002, nueve personas se reunieron para fundar la orden de 'Los Caballeros Templarios de Europa. El objetivo del grupo: expulsar a los musulmanes del Viejo Continente y luchar contra aquellos que quieren extender la Yihad. Uno de aquellos supuestos fundadores, Anders Behring Breivik, protagonizó nueve años más tarde –hace poco más de una semana– un doble atentado en Noruega que costó la vida a 68 personas.

La existencia o no de esa orden de caballeros que lucharía contra el Islam es, a día de hoy, totalmente desconocida por las policías europeas. No saben si es una pequeña estructura que ha pasado desapercibida a sus investigaciones policiales, si nació y se disolvió con el mismo secretismo, o si, por el contrario, no es más que parte de la imaginación del propio Breivik, que habla de ella en su epílogo político de más de 1.500 páginas donde justifica los atentados de Oslo y la pequeña isla de Utoya.

Sea como fuere, la realidad es que el autor confeso del doble atentado tenía una conocida militancia en partidos de extrema derecha. Primero, hasta 2006, en el Partido del Progreso. En los últimos meses, en la Liga de la Defensa. En ambos casos, había sido expulsado por ser demasiado radical. Este hecho ha vuelto a abrir en Europa el debate sobre el importante auge que los partidos de extrema derecha han experimentado en el continente en la última década.

De hecho, en Noruega, el Partido del Progreso del que formó parte Breivik sorprendió en las elecciones presidenciales de 2009 al conseguir el 22,9 por ciento de los votos y 41 escaños en el Parlamento. Es ahora el principal partido de la oposición al Gobierno de centro-izquierda. Los principales puntos de su campaña electoral fueron la denuncia de la "islamización progresiva" del país y la apuesta por el cierre de los centros de refugiados y la limitación de la inmigración de países de fuera de la Unión Europea.

Los vecinos escandinavos

Situaciones similares se viven en el resto de países escandinavos. Hace unos meses, la formación política Verdaderos Finlandeses fue la gran sorpresa de los comicios presidenciales finlandeses. Se convirtieron en la tercera fuerza política del país con el 19 por ciento de los votos y 39 escaños en la Asamblea Nacional. En Suecia, tras más de veinte años ausentes del Parlamento, los ultraderechistas volvieron a la Cámara legislativa gracias al 5,7 por ciento de votos que Demócratas de Suecia consiguió en las elecciones de septiembre de 2010.

Dinamarca tampoco se salva. El Partido Popular danés, de extrema derecha, lleva un constante ascenso en número de apoyos desde que entrase por primera vez en la Cámara danesa, en 1998. En la actualidad tiene 25 escaños en el Parlamento, gracias al 13,8 por ciento de los sufragios conseguidos en las últimas elecciones, lo que le está permitiendo influir de manera determinante en el actual Gobierno liberal-conservador del país.

Ejemplo de ello, que se hayan reabierto algunos puestos fronterizos, siempre dentro del marco permitido por el Acuerdo europeo de Schengen, para controlar a los posibles inmigrantes que podrían entrar en el país peninsular a través de sus fronteras con Alemania y Suecia.

Le Pen y Häider, dos símbolos de la ultraderecha europea

Pero el auge de la ultraderecha no es un fenómeno exclusivo escandinavo. Uno de los primeros países donde comenzó fue Francia. Allí, el Frente Nacional dirigido durante décadas por Jean Marie Le Pen consiguió, incluso, colarse en la segunda vuelta de las presidenciales de 2002. En la actualidad, liderado por la hija del veterano dirigente ultraderechista, Marine Le Pen, es la tercera fuerza política del país por porcentaje de voto.

Tras el país galo, el otro referente fundamental en Europa es Austria, donde el ya fallecido Jors Häider llegó a formar parte del gobierno nacional. En 1999, el Partido Liberal Austriaco (FPÖ) fue la segunda formación más votada en las elecciones generales del país, consiguiendo seis ministerios en el Gobierno nacional, lo que hizo que la propia Unión Europea sancionase al país. En 2005, tres años antes de su muerte, el propio Haider encabezó una escisión en el seno del FPÖ y fundó la Unión por el Futuro (BZÖ). En la actualidad, el FPÖ tiene 34 escaños en la cámara nacional, y el BZÖ, 21. Entre ambos, consiguieron el 28,3 por ciento de los votos en las últimas elecciones austriacas.

En Bélgica también hace décadas que la extrema derecha goza del beneplácito de buena parte del electorado. Exactamente, entre la comunidad flamenca, donde el Vlaams Belang o Interés Flamenco–antiguo Vlaams Blok o Bloque Flamenco– es una de las formaciones políticas más votada. Menos éxito tiene entre la comunidad francófona el Frente Nacional, partido hermano del dirigido por la familia Le Pen en Francia.

En su vecina Holanda, el auge de estas formaciones está representado por el Partido de la Libertad de Geert Wilders, que en la actualidad cuenta con 24 escaños y obtuvo el 15,5 por ciento de los votos en las últimas elecciones generales. Esta formación ocupa el espacio ideológico que dejó huérfano el asesinato a manos de un integrista islámico del popular política holandés Pim Fortuyn, el primero en enarbolar los principios de la extrema derecha en el país.

Suiza es otro de los referentes del auge de estos partidos. Allí, el Partido Popular (SVP-UDC) cuenta con 62 diputados de los 200 que componen el Parlamento, gracias a que obtuvieron el 29 por ciento de los votos en las últimas generales. De hecho, la influencia de esta formación política es tal que, en noviembre de 2009, los suizos votaron mayoritariamente en un referéndum a favor de la prohibición de construir minaretes en las mezquitas, como medida para frenar la supuesta islamización del país.

En Italia, este fenómeno está representado principalmente por la formación secesionista Liga Norte, partidaria de la autonomía del norte continental italiano, que llegó a conseguir el 10,4 por ciento de los votos y 80 diputados en las elecciones de 1996. En los últimos comicios, el partido liderado por Umberto Bossi recibió tres millones de votos, el 8,4 por ciento, lo que le supuso 60 escaños.

Además de este partido, existe un número importante de formaciones ultraderechistas, como Llama Tricolor (Fiamma Tricolore) o La Derecha (La Destra), que han sacado mejores o peores resultados en función de si se han unido en coalición o han concurrido a las elecciones por separado. Una de esas coaliciones llevó, por ejemplo, a Alessandra Mussolini, nieta del Duce Benito Mussolini, al Parlamento Europeo en las elecciones de 2004.

Los musulmanes y el terrorismo yihadista

La gran mayoría de las formaciones xenófobas de los países de la Europa occidental, central y escandinava, tienen un ideario político similar. Entre sus principios, todos muestran un fuerte rechazo a la inmigración que durante las últimas décadas ha aumentado de manera significativa en el viejo continente, mostrando su rechazo, especialmente, hacia las comunidades musulmanas.

Este aumento de población musulmana en buena parte de los países europeos puede ser una de las razones del auge de los partidos de extrema derecha, aunque está claro que no es el único elemento ni un hecho definitivo. Como tampoco parece serlo que desde los atentados terroristas de Nueva York, en septiembre de 2001, se hayan detenido en la Europa Occidental a cerca de 2.300 personas relacionadas con el terrorismo yihadista, según recoge el psiquiatra forense y exoficial de control en la CIA Marc Sageman en su libro Yihad sin líder: redes terroristas en el siglo XXI, publicado por la editorial de la Universidad de Pensilvania.

La razón es que este mismo auge ha llegado también a los países del Este de Europa, que apenas han sufrido presión migratoria en los últimos años. Y es que hasta cuatro de los países del antiguo bloque soviético, ahora integrados en la Unión Europea, cuentan con partidos de ultraderecha en sus parlamentos nacionales.

El Telón de Acero y la Europa oriental

Así, en Bulgaria, la Unión Nacional de Ataque consiguió 21 diputados con el 9,4 por ciento de los votos. En Lituania y Letonia fueron las formaciones Orden y Justicia y Todo por Letonia las que consiguieron colarse en las asambleas del país.

En Hungría, el Movimiento por una Hungría Mejor (Jobbik) obtuvo 16 parlamentarios y el 16, 7 por ciento de los sufragios. Se da la circunstancia de que esta formación tiene sus propias juventudes paramilitares, que realizan desfilen vestidos de uniforme por las ciudades magiares. Además, tanto en Rumanía como en Polonia los partidos de extrema derecha han tenido una representación importante en los últimos años, aunque tanto la Liga de las Familias Polacas como el Partido de la Gran Rumanía sufrieron un fuerte varapalo en las últimas elecciones generales.

Más al sur, apartados del estigma del comunismo y con muchos más años dentro de la Unión Europea, en Grecia también han visto como este tipo de formaciones políticas han conseguido representación institucional. Concentración Popular Ortodoxa consiguió 15 escaños y un 5,63 por ciento de los votos en las últimas legislativas.

También en el Parlamento Europeo

Un buen resumen del empuje ultraderechista quedó reflejado en las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 2009. En siete países, las formaciones que defienden estas tesis políticas tuvieron dos dígitos en el porcentaje de apoyo popular, es decir, más de un 10 por ciento. Se trata de Holanda, Bélgica, Dinamarca, Hungría, Austria, Bulgaria e Italia. En otros seis países, el apoyo a estos partidos estuvo entre el 5 y el 10 por ciento de los sufragios emitidos. Son Finlandia, Rumanía, Grecia, Francia, Reino Unido y Eslovaquia.

En total, más de una treintena de parlamentarios representan a partidos de extrema derecha: ocho de la Liga Norte (Italia), cuatro del Partido de la Libertad (Holanda), tres del Frente Nacional (Francia), tres de Jobbik-Hungría Mejor (Hungría), dos de Interés Flamenco (Bélgica), dos del Partido Popular (Dinamarca), dos del Partido Liberal (Austria), dos de la Unión Nacional de Ataque (Bulgaria), dos del Partido de la Gran Rumanía (Rumanía), dos de Concentración Popular Ortodoxa (Grecia), dos de Orden y Justicia (Lituania), uno de Verdaderos Finlandeses (Finlandia), uno del Partido Nacional Británico (Reino Unido) y uno del Partido Nacional Eslovaco (Eslovaquia).

La ultraderecha sólo sigue por debajo del 1 por ciento de los votos en Irlanda, España, Portugal y Malta, aunque ello no indica necesariamente que estén fuera de esta tendencia. No hay que olvidar que en España, en las pasadas elecciones municipales, el partido Plataforma por Cataluña, con un discurso homologable al de los partidos de extrema derecha europeos, multiplicó sus resultados al pasar de 17 a 67 ediles.

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