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De las Azores a Chicago: ¿recuperará Rajoy la historia de amor de Aznar con EEUU?

Obama y Rajoy volverán a verse en Chicago en la cumbre de la OTAN y se habla ya de una reunión en la Casa Blanca. ¿Relaciones normalizadas por fin?

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Probablemente, el 15 de marzo de 2003 marca el nivel más alto de las relaciones entre España y Estados Unidos. Ese día, reunidos en las Azores, Durao Barroso, Tony Blair, George W. Bush y José María Aznar posaban para una foto que, tras la invasión de Irak inmediatamente posterior, tuvo un coste infinito para el PP... y cabría decir que para España.

Y es que más allá del uso propagandístico que la izquierda le dio aquella foto, el hecho es que la presencia de Aznar en la cumbre y el papel protagonista que España tuvo en los previos del conflicto en Irak, que no en la posterior guerra, supusieron sin duda el momento más dulce de relaciones bilaterales entre nuestro país y la mayor potencia mundial desde que 'Ike' Eisenhower visitase nuestro país allá por el 59.

El cambio que aquella imagen visualizaba se había iniciado prácticamente con la llegada de Aznar a la Moncloa. El presidente popular tenía claros algunos cambios en política exterior que pasaban por una relación más exigente con Iberoamérica, especialmente con países como Cuba, y por reforzar el "vínculo trasatlántico" con EEUU.

La escalada prebélica en Irak, tras los atentados del 11S y la primera fase de la guerra en Afganistán fue la mejor forma de visualizar ese acercamiento. Sobre todo, a partir de que aliados más habituales de EEUU como Francia o Alemania planteasen un frente contestatario animado por la peculiar concepción de la grandeur de Chirac y por los intereses internos y externos de Schroeder.

Todo cambió con Zapatero

En un país en el que el antiamericanismo es un valor seguro en la opinión pública ,la posición de Aznar tuvo un coste que no pareció tan elevado hasta el 11 de marzo del 2004, o más concretamente hasta el 13: el día en el que ya estuvo claro que, completamente contra pronóstico, Rajoy iba a perder las elecciones.

Efectivamente el PSOE y Zapatero consiguieron la victoria electoral más inesperada de la historia de nuestra democracia y ese triunfo, que se logró subido a una enorme ola de antiamericanismo, no podía sino significar un cambio radical en las relaciones entre España y EEUU, el cambio que había empezado a visualizarse en la famosa escena del por entonces líder de la oposición sentado al paso de la bandera de las barras y estrellas.

Y el cambio llegó y lo hizo pronto: tan sólo unas horas después de tomar posesión como presidente Zapatero anunció que las tropas españolas abandonaban Irak.

Curiosamente, pese a la propaganda lo cierto es que con su precipitada retirada el socialista incumplía su propia promesa electoral, que era dar tiempo a la ONU para emitir una resolución que "legalizase" el escenario post-bélico en Irak y la ocupación. De hecho, en la comparecencia en la que se anunciaba la decisión el propio Zapatero afirmaba que "con la información de que disponemos, no es previsible una resolución de la ONU" llegaría menos de dos meses después, el ocho de junio.

La huida de Irak fue vista como una traición por EEUU, y las relaciones bilaterales entraron en una profunda crisis, pero cuando todo hacía pensar que no podían ser peores... empeoraron.

Fue a raíz de las declaraciones de Zapatero en Túnez en septiembre de ese mismo año, en las que animaba a todos los países presentes en la coalición que ocupaba Irak a seguir el camino de las tropas españolas, es decir, el de la huida.

Aquello fue la gota que colmó el vaso, si el es que el vaso no estaba ya rebosando: las relaciones llegaron a un punto que quizá no fuese de rotura, pero sí de enfriamiento casi total y Zapatero no llegó a reunirse con George W. Bush en los tres años completos que el tejano siguió en la Casa Blanca.

Un nuevo aire con Obama

Las elecciones de finales de 2008 supusieron un cambio histórico en EEUU: Barack Obama llegaba a la Casa Blanca y eso abría, al menos aparentemente, nuevas posibilidades para la diplomacia española, que comandada por Miguel Ángel Moratinos festejó como propio el triunfo del primer afroamericano en ser nombrado presidente americano.

Y efectivamente, al menos en cierto sentido la relación mejoró y se pudo hablar de cierta distensión, incluso de alguna cordialidad. Una primera reunión en la Casa Blanca en octubre del propio 2009 y, finalmente, el famoso "desayuno de oración" al que acudió Zapatero y que se vendió como el momento cumbre de una reconciliación.

A cambio, ya incluso con la administración Bush, España se implicó mucho más en los esfuerzos bélicos que seguía desarrollando Estados Unidos y en diferentes misiones de la ONU: especialmente en Afganistán en un escenario que ha alcanzado cotas de dureza bélica muy significativas y que, de hecho, ha costado muchos muertos también durante la etapa de Zapatero.

Sin embargo, la relación quizá no era tan buena como Moratinos y el propio Zapatero parecían hacernos creer, de hecho, pese al muy comentado pronóstico de Leire Pajín el "acontecimiento histórico en el planeta" entre los "lideres progresistas" de uno y otro lado del Atlántico no llegó a producirse: Obama evitó viajar a España tanto durante la presidencia rotatoria de la UE como incluso en el verano posterior para acompañar a su esposa y una de sus hijas, de viaje turístico por nuestro país.

La importancia de una relación

Mucho más allá de las reuniones y los gestos el vínculo con Estados Unidos es de una importancia capital en la política exterior a principios del S XXI. En caso de conflicto con un tercer país, la posición que adopte la administración americana es capital para entender las reacciones y el resultado final.

Por ejemplo, durante el recordado momento de la invasión de Perejil, en julio de 2002 la posición de EEUU del lado de España y la política de respuesta contundente diseñada por Aznar fue capital para que Marruecos acabase aceptando sin más la vuelta al statu quo anterior a la provocación marroquí.

Y en otros muchos casos la ayuda, la logística civil o militar, la información o los famosos satélites espía, la presión diplomática y económica que es capaz de ejercer EEUU son vitales para solucionar un secuestro, un ataque pirata o cualquier incidente en cualquier remoto rincón del planeta.

Eso sin tener en cuenta el factor disuasorio que una fuerte amistad con el amigo americano puede tener: en el patio de colegio de las relaciones internacionales contar con el apoyo del más fuerte de la clase es, sin duda, un seguro de vida.

Así, a pesar de que el Gobierno de Rajoy tiene una prioridad evidente en lo económico la reconstrucción de la diplomacia (cuyo estado tras casi ocho años de zapaterismo es deplorable) y de una sólida relación con Estados Unidos ha de ser también una prioridad.

Probablemente desde una posición algo más discreta, seguramente evitando significarse tanto como lo hizo Aznar, pero es indudable que Rajoy, que ya conoció a Obama en Seúl hace unas semanas, tratará de seguir trabajando su relación con EEUU y para ello puede que tenga una excelente ocasión en la reunión de la OTAN de este fin de semana.

No en vano, pese a la propaganda socialista probablemente hay más coincidencias ideológicas entre la derecha moderadísima europea que supone el PP y la izquierda americana que podría representar Obama dentro del Partido Demócrata.

¿Hasta donde llegará el vínculo trasatlántico en esta nueva etapa? Eso es algo que, probablemente, ni los propios mandatarios de ambos países saben todavía.

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