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Aung San Suu Kyi se reúne con el enviado especial de la ONU

La dictadura birmana ha permitido que el enviado especial de la ONU, Ibrahim Gambari, se reúna con la líder del movimiento democrático, Aung San Suu Kyi. Los detalles de la entrevista, confirmados por fuentes diplomáticas, no han trascendido. Desde el comienzo de las manifestaciones, la premio Nobel de la Paz, bajo arresto domiciliario desde 2003, fue trasladada a la prisión de Insein. Gambari se entrevistó con generales de la Junta Militar. Este domingo, las calles han vuelto a ser escenario de manifestaciones y represión.

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LD (Agencias) Fuentes de las embajadas acreditadas en Rangún han confirmado que el enviado especial del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, a Birmania, Ibrahim Gambari, se ha reunido en algún lugar de la antigua capital de Myanmar con la dirigente de la Liga Nacional Democrática (LND), Aung San Suu Kyi. De momento no ha trascendido el contenido de la esperada reunión.
 
Suu Kyi, quien lleva bajo arresto domiciliario desde 2003, se encontraba en paradero desconocido desde el inicio de las manifestaciones por una apertura democrática. Varias fuentes del movimiento opositor aseguran que fue internada en la prisión de máxima seguridad de Insein.
 
Antes de su reunión con Suu Kyi, Gambari se había entrevistado con el jefe de la Junta Militar, el general Than Shwe, en Napydaw, la nueva capital del país, para tratar de que ponga fin a la violenta represión de las manifestaciones antigubernamentales. En palabras del ministro singapurés de Asuntos Exteriores, George Yeo, la visita de Gambari es "la mejor oportunidad" que tiene la comunidad internacional para contener a la Junta Militar. Como es habitual en las visitas que efectúan los enviados de la ONU, el Gobierno no ha ofrecido ninguna información de lo tratado con Gambari.
 
En tanto, este domingo las calles de Rangún y Mandalay han sido escenario de nuevas manifestaciones. Pequeños grupos de monjes budistas y opositores se han enfrentado a soldados, policías y paramilitares que han vuelto a cargar contra los grupos que exigen una transición democrática. Los monasterios budistas de Rangún están cercados para impedir que los monjes salgan a las calles a encabezar las protestas y hay una fuerte presencia de soldados y agentes antidisturbios en las pagodas de Shwedagon y Sule, en el casco viejo de la ciudad, los lugares preferidos por los manifestantes. Unos veinte mil  soldados han entrado en la ciudad entre la noche de este sábado y la madrugada del domingo para reforzar la seguridad.
 
En las dos últimas jornadas, la Junta Militar respondió con rapidez y dureza a las manifestaciones e impidió que prosperasen desde el comienzo. Al menos dieciséis personas han muerto en Rangún, entre ellas dos extranjeros y varios monjes, desde que el Gobierno prohibió las reuniones públicas y decretó el toque de queda en esta ciudad y en Mandalay, el martes pasado.
 
Birmania está gobernada por los militares desde hace 45 años y no celebra elecciones parlamentarias desde 1990, cuando el partido oficial perdió estrepitosamente ante la LND, unos comicios cuyos resultados desacataron los generales.

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