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China mantiene encarcelados a 130 disidentes de la revuelta en la plaza de Tiananmen

Organizaciones defensoras de los derechos humanos han exigido a la dictadura comunista china, en el décimo noveno aniversario de la revuelta estudiantil, que deje de ocultar información sobre la matanza de Tiananmen y declara la amnistía a los 130 participantes de las protestas que aún siguen encarcelados. La celebración de los Juegos Olímpicos en Pekín está provocando que esas exigencias tengan un mayor eco. EEUU, a través del Departamento de Estado, afirmó que China "ha tenido tiempo de sobra para dar información completa sobre los miles de muertos, detenidos y desaparecidos".

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LD (EFE) La especial atención que durante este año está despertando la celebración de los Juegos Olímpicos en Pekín está provocando que organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos exijan a la dictadura comunista de China que conceda la amnistía a los participantes, aún encarcelados, de las protestas de 1989 que desembocaron en la matanza de Tiananmen.
 
Con motivo del diecinueve aniversario de la matanza, las organizaciones han exigido a China que deje de ocultar la masacre. Incluso, el Gobierno de EEUU, a través del portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormarck, afirmó que las autoridades chinas han "tenido tiempo de sobra para dar información completa sobre los miles de muertos, detenidos y desaparecidos".
 
Sophie Richardson, directora de Human Rights Watch (HRW) en Asia, dijo que "China podría reemplazar la imagen de aquel hombre que bloqueaba los tanques (el 5 de junio de 1989) con otra en la que se vea la liberación de los prisioneros de Tiananmen. Sería un gesto verdaderamente olímpico". El organismo calcula que unas 130 personas siguen encarceladas por su participación en las protestas de 1989, en las que estudiantes, obreros e intelectuales pedían mayor apertura política.
 
Las protestas, que se iniciaron en abril de 1989, comenzaron en un ambiente casi festivo con estudiantes acampados en Tiananmen, cantando y pidiendo pequeños cambios ideológicos en el seno del Partido Comunista, al que algunos de ellos pertenecían. Las exigencias al igual que la represión crecieron conforme pasaron los días. El entonces secretario general del Partido Comunista, Zhao Ziyang, llegó a reunirse con los estudiantes y les mostró su apoyo -lo que le costó el puesto-, pero finalmente triunfó la "línea dura" del primer ministro Li Peng, partidario de acabar con las protestas a cualquier precio. Diecinueve años después, China sigue callada ante lo ocurrido.

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