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El imposible juego de alianzas: Clegg y Cameron, ¿condenados a entenderse?

La nueva hornada de encuestas dibuja un escenario electoral con tintes de culebrón amoroso: Cameron repunta, pero aún queda lejos de la mayoría absoluta, lo que le obligaría a negociar con Clegg, quien estaría más cómodo en un pacto con los laboristas. Y Brown, desangelado y atascado 

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La nueva hornada de encuestas dibuja un escenario  electoral con tintes de culebrón amoroso: Cameron repunta, pero aún queda   lejos de la mayoría absoluta, lo que le obligaría a negociar con Clegg,   quien estaría más cómodo en un pacto con los laboristas. Y Brown,   desangelado y atascado 
Nick Clegg y David Cameron | EFE

La resaca del segundo debate electoral de Reino Unido ha afianzado las posiciones de los tres candidatos a la presidencia, pero continúa dejando demasiadas puertas abiertas. A más de diez días de la cita con las urnas, el paisaje electoral sigue estando dominado por una incertidumbre con escasos precedentes en la historia británica.

Amén de los matices, los sondeos de las cabeceras británicas este sábado presentan un escenario prácticamente idéntico: Cameron se recupera del 'efecto Clegg' nacido en el primer debate, pero no lo suficiente. Según la encuesta de la demoscópica YouGov, el líder conservador contaría con el favor del 34% de los británicos, mientras que Clegg y Brown se estancarían en el 29%.

Por su parte, el Daily Mail ratifica estos resultados – salvo un descenso al 26% de Brown – pero además plantea cifras que dan pistas del posible escenario que se planteará en Westminster Hall el 6 de mayo.

El sistema de dos partidos está tocado de muerte, y los votantes británicos están decididos a formar parte de la desaparición del actual status quo. O al menos eso es lo que evidencia en la encuesta de Mail: un 28% preferirían un "Hang Parliament", es decir, que ningún partido lograse una mayoría absoluta, frente al 33% que opta por mayoría tory y un 21% laborista. Un 28% es una cifra especialmente alta, que confirma un cambio de tendencia de voto con un lejano precedente: desde 1974 Reino Unido no vivía una situación similar.

No caben dudas de que los liberal demócratas han sacado rédito del desencanto para constituirse como una tercera fuerza política con posibilidades claras. Los nuevos sondeos reducen algunos puntos el "efecto Clegg", especialmente en aquellos votos que habría robado a los conservadores, y ahora han regresado junto a Cameron.

Entre otros escollos, Clegg tiene que afrontar el problema de la falta de concreción. La encuesta de Harris desvela que los potenciales votantes liberal demócratas, están "seducidos pero no convencidos". Solo un 11% dijo conocer "mucho" las propuestas de la formación liderada por Clegg, frente al 25% que manifestó su desconocimiento. Los ataques de conservadores y laboristas se dirigen precisamente a esta falta de programa político, tratando de caricaturizar a la nueva estrella como un populista sin promesas concretas.

El miedo ante el Hang Parliament: los juegos de alianzas posibles

Así las cosas, tanto torys como laboristas se han apresurado a advertir de los riesgos que entrañaría un Hang Parliament, apostando por continuar con el monopolio de gobernabilidad que mantienen desde 1923. Llegado ese caso, el pacto sería irremediable, y si hay algo claro en estos comicios es que un gobierno de coalición es algo que ambos quieren evitar. El primero hacer un llamamiento a la unidad fue Cameron, que urgió a los votantes a deshechar lo que ya parece irremediable: "La indecisión y la parálisis que vendrían con el Hang Parliament es exactamente lo que nuestra economía no necesita", aseguró este viernes.

Y es que Cameron navega entre dos aguas. De confirmarse los vaticinios de los sondeos, no lograría el 40% necesario para la mayoría absoluta, y se vería obligado a pactar; o relegarse a la oposición. Y su única alternativa de pacto es Nick Clegg, contra quien la formación tory y la prensa afín han desplegado una sólida campaña de descrédito, que complicaría negociaciones futuras.

Cameron necesita evitar a toda costa la dependencia de Clegg tras el 6 de mayo. Tampoco los votantes apuestan por una coalición tory-liberal demócrata, que sólo recibe el apoyo de un 37%, frente al 63% que apuesta por los laboristas junto a Clegg. La ironía es que el pacto menos apoyado, tanto dentro de la élite política, como de los ciudadanos, es el que más posibilidades tiene de materializarse.

Por ello, los analistas conservadores se afanan en advertir que "votar por Clegg es votar por Brown"  o "un voto por el caos" para despertar a los votantes seducidos por el liberal-demócrata, y arañar los votos que les separan de la mayoría absoluta. Pero la estrategia no está dando sus frutos.

Y mientras, Brown, "el hombre triste" de las elecciones, aparece relegado en las encuestas pero también para la atención mediática británica. A estas alturas, su única opción de continuar en el poder sería ese pacto con Clegg que apoyan los votantes, pero que los laboristas se resisten a abordar. Durante el primer debate, el premier británico "coqueteó" en varias ocasiones con el liberal-demócrata, apoyando sus propuestas de un modo un tanto forzado. Durante el segundo round, la estrategia varió, y se mostró más duro con el líder liberal, aunque ello no le salvó de erigirse como el auténtico perdedor de la batalla.

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