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Francia pide perdón a Austria por la decapitación de María Antonieta Casi 215 años después de que fuera decapitada en plena Revolución Francesa la última reina de Francia, la austriaca María Antonieta, el ministro de Exteriores galo, Bernard Kouchner, ha pedido disculpas por su ejecución. "Siento mucho, en serio, lo que pasó entonces", dijo hoy el jefe de la diplomacia francesa a los periodistas en Viena. (Regrese a la noticia) Comentarios (15)
servio dijo el día 18 de Julio de 2008 a las 22:50:01
El 24 de marzo de 1794 se implantaría lo que se conocería como La Grande Terreur. El frío “iluminado” Robespierre, obsesionado con su ideal de República democrática y virtuosa de propietarios iguales, a imagen de la Roma pagana (“La terreur est une émanation de la vertu”), acusó a Hébert y sus seguidores de excesivamente “ultras”, consiguiendo su arresto y posterior guillotinamiento. El 5 de abril, les tocó el turno a los antiguos cordeliers, Danton, Desmoulins y seguidores, acusados por Robespierre de indulgents y traidores por pedir el cese del terror.
El 24 de noviembre de 1793, la Convención abolió definitivamente el calendario Gregoriano e implantó el revolucionario, que habría de estar en vigor hasta 1805. Ahondando aún más en el intento de descristianizar Francia, se instauró un culto alegórico a las Diosas Libertad, Razón y Virtud, advirtiendo al clero que de no adoptar la “nueva liturgia” en sus templos y parroquias, éstos serían convertidos en comercios.
Como prueba de la “virtud” a la que aspiraba Robespierre, entre abril de 1793 y julio de 1794, fueron guillotinadas 40.000 personas, 200.000 fueron asesinadas, y 500.000 encarceladas. Ciertamente, la Justicia democrática y revolucionaria resultó ser de lo más efectiva.
Tiene motivos pues Francia para pedir perdón por su "gloriosa" Revolución.
servio dijo el día 18 de Julio de 2008 a las 22:48:56
Aislada del mundo exterior, separada del resto de familiares y amigos (su hijo Luis, el Dauphin, de ocho años -el que habría sido Luis XVII-, le había sido arrebatado y sería asesinado en la misma prisión muy poco después de su madre), María Antonieta de Lorena, Archiduquesa de Austria y ya ex-Reina de Francia, concentraba en sí el odio y la ira revolucionarias. Su proceso ni siquiera trató de guardar las formas, pues Marat y Tinville la acusaron, sin prueba objetiva alguna, de ser «enemiga declarada de la nación francesa», de «complicidad con el comité austríaco» y de «haber iniciado en la masturbación y otras prácticas sexuales» a su hijo (¡¡de ocho años !!).
El 16 de octubre de 1793 sería condenada a muerte y guillotinada. La penúltima frase de su última carta fue : “Adieu! Ma bonne et tendre sœur! Puisse cette lettre vous arriver! Pensez toujours à moi. Je vous embrasse de tout mon cœur, ainsi que mes pauvres et chers enfants. Mon Dieu! Qu’il est déchirant de les quitter pour toujours! (¡Adiós! ¡Mi buena y cariñosa hermana! ¡Ojala te llegue esta carta! ¡Piensa siempre en mí! Te abrazo con todo mi corazón, así como a mis pobres y amados niños. ¡Dios Mío! ¡Qué desgarrador es dejarlos para siempre!).
A continuación, les tocó a los girondinos. El 31 del mismo mes seguirían la misma suerte Brissot y Vergniaud. El 10 de noviembre, el ex Ministro del Interior, Jean Marie Roland de la Platière, se suicidaría tras conocer el guillotinamiento de su esposa Manon (Mme. Roland), el día 8. El 12, le tocaría el turno al matemático, literato, ex-diputado y ex-Alcalde de París, Bailly. Y el 22 de abril de 1794, al ya septuagenario Malesherbes, que había cometido la «alta traición» de ejercer como letrado la defensa -muy brillante- de quien había sido su rey. (Continúa)
servio dijo el día 18 de Julio de 2008 a las 22:48:12
Los nombres del acusador Fouquier-Tinville, de los montagnards Couthon: “Il n'est pas question de donner quelques exemples mais d'exterminer les implacables satellites de la tyrannie ou de périr avec la République”. (No se trata de dar ejemplos, sino de exterminar a los implacables satélites de la tiranía o perecer con la República). Saint-Just: “La révolution ne s'arrêtera qu'à la perfection du bonheur”. (La revolución sólo se detendrá con la perfección de la felicidad). Y del jefe de éstos, el ultra izquierdista, anticlerical y anticatólico Hébert: “Jésus est le meilleur jacobin qu’il y aît eu sous la calotte des cieux”. (Jesús es el mejor jacobino que haya existido bajo la bóveda celeste), van indisolublemente unidos al nacimiento del Terrorismo de Estado.
La idea de hasta qué punto la Ley se convirtió en la más vil degradación del Derecho que conocieron los tiempos, la da el hecho de que se llegó a suprimir el interrogatorio al acusado, se le negó cualquier posibilidad de defensa, se estableció que ante falta de pruebas objetivas, bastaba con la «prueba moral», o sea, la impresión de los miembros del Jurado, y, en el colmo de la degeneración jurídica, se estableció que la única pena posible aplicable e inevitable era la de muerte. El «cambio» fue tan «eficaz», que de junio a julio de 1794 se envió a la guillotina a 14.000 personas. (¿Se comprende por fin en quiénes se inspiraron los Tribunales populares del Frente Popular en la España del 36 y durante la Guerra Civil ? ¡A ver si algunos recuperan de verdad la memoria !)
Quedaba la cuestión de la «ciudadana» de estado civil «viuda», Marie Antoinette, prisionera en el Temple desde su detención en Varennes, que había hecho frente con coraje y dignidad a los peores momentos desde 1789. (Continúa)
servio dijo el día 18 de Julio de 2008 a las 22:47:23
Estaba compuesto por 5 jueces, uno de ellos Presidente, un Jurado de 12 miembros, y el Fiscal y dos suplentes, todos elegidos por los revolucionarios más fieles de la Convención. Así, el Fiscal Fouquier-Tinville fue un sectario sanguinario dedicado a condenar a adversarios políticos en unas farsas-parodias de juicios en los que se utilizaban las mismas actas acusatorias para casos y acusados diferentes. (Valiente Justicia democrática aquélla). Cuando pasado el tiempo también él fue acusado, declaró fríamente: «Je n’ai été que la hache de la Convention; punit-on une hache?». (No he sido más que el hacha de la Convención ; ¿se puede condenar a un hacha ?).
El Gobierno de Francia estaba de hecho en manos de dos organismos creados ad hoc para la eliminación física de adversarios y enemigos, estigmatizados con la acusación de contrarevolucionarios, traidores a la República, no afectos a la misma, o simplemente sospechosos: el Comité de Sûreté Générale y el Comité de Salut Public.
Creado el 2 de octubre de 1792, el Comité de Seguridad General procedía del antiguo Comité de Surveillance de la Législative (Comité de Vigilancia de la Legislativa), que había prorrogado sus funciones bajo la Convención. Lo formaban 12 miembros (esencialmente montagnards), elegidos mensualmente por la Convención, y era responsable de la Policía y de la Justicia Revolucionaria. Su cometido fue la detención de sospechosos, que eran ipso facto enviados al Tribunal Revolucionario. En realidad, tras la eliminación de los girondins, funcionó como un auténtico Ministerio del Terror hasta su supresión en 1795 con el Directorio.
En abril de 1793, se creó el Comité de Salud Pública, que estaba compuesto por 9 miembros elegidos mensualmente y que sería dirigido por Danton hasta el 10 de julio. Con poderes ilimitados, ejerció conjuntamente con el anterior un verdadero régimen dictatorial, cruel y de terror. (Continúa)
servio dijo el día 18 de Julio de 2008 a las 22:47:20
Estaba compuesto por 5 jueces, uno de ellos Presidente, un Jurado de 12 miembros, y el Fiscal y dos suplentes, todos elegidos por los revolucionarios más fieles de la Convención. Así, el Fiscal Fouquier-Tinville fue un sectario sanguinario dedicado a condenar a adversarios políticos en unas farsas-parodias de juicios en los que se utilizaban las mismas actas acusatorias para casos y acusados diferentes. (Valiente Justicia democrática aquélla). Cuando pasado el tiempo también él fue acusado, declaró fríamente: «Je n’ai été que la hache de la Convention; punit-on une hache?». (No he sido más que el hacha de la Convención ; ¿se puede condenar a un hacha ?).
El Gobierno de Francia estaba de hecho en manos de dos organismos creados ad hoc para la eliminación física de adversarios y enemigos, estigmatizados con la acusación de contrarevolucionarios, traidores a la República, no afectos a la misma, o simplemente sospechosos: el Comité de Sûreté Générale y el Comité de Salut Public.
Creado el 2 de octubre de 1792, el Comité de Seguridad General procedía del antiguo Comité de Surveillance de la Législative (Comité de Vigilancia de la Legislativa), que había prorrogado sus funciones bajo la Convención. Lo formaban 12 miembros (esencialmente montagnards), elegidos mensualmente por la Convención, y era responsable de la Policía y de la Justicia Revolucionaria. Su cometido fue la detención de sospechosos, que eran ipso facto enviados al Tribunal Revolucionario. En realidad, tras la eliminación de los girondins, funcionó como un auténtico Ministerio del Terror hasta su supresión en 1795 con el Directorio.
En abril de 1793, se creó el Comité de Salud Pública, que estaba compuesto por 9 miembros elegidos mensualmente y que sería dirigido por Danton hasta el 10 de julio. Con poderes ilimitados, ejerció conjuntamente con el anterior un verdadero régimen dictatorial, cruel y de terror. (Continúa)
servio dijo el día 18 de Julio de 2008 a las 22:46:35
A través de una hábil campaña propagandística de “concienciación popular”, efectuada desde periódicos revolucionarios como L’Ami du Peuple (Marat), Le Jeune Cordelier (Desmoulins) y Le Père Duchesne (Hébert), aquel que fuera Rey de Francia y de los franceses, fue presentado ante las masas como la más genuina encarnación de la traición y de la criminalidad: el Tirannus Maximus al que había que eliminar físicamente. No en balde, el citoyen Saint Just (poco o nada de “Santo” y “Justo” tenía) escupía su bilis contra el monarca escribiendo: “La Révolution commence quand finit le tyran. Mort aux tyrans!” (La Revolución comienza cuando acaba el tirano. ¡Muerte a los tiranos!).
A pesar de todo, persistían las dudas acerca de la sentencia que convenía, no al Derecho, a la Ley y a la Justicia, sino a la que entonces era la Verdad Suprema: la República. Mejor dicho, la concepción que aquel grupúsculo de verdugos sádicos exaltados vestidos de jueces tenía de ella. Al no haber unanimidad de criterio sobre cómo quitarse de en medio al Rey -que es de lo que en verdad se trataba- y existir dubitación entre Cadena Perpetua y Pena de Muerte (aplazada o inmediata), se forzó el voto asambleario, público y nominal, lo que obligó a significarse a los moderados y permitió que finalmente Luis fuese acusado de “Conspiration contre la Liberté publique et la Sécurité générale de l’État”, y en consecuencia, condenado a muerte, con carácter ejecutivo e inmediato, por un solo voto de diferencia: el de su primo carnal Felipe de Orleáns, el masón Felipe Igualdad, cuyo servicio a la causa revolucionaria sería “recompensado”, muy poco después, también con la guillotina.
Luis XVI, íntegro y valiente hasta el último instante, sería guillotinado en la Plaza de la República, hoy de la Concordia, el 21 de enero de 1793. Sus últimas palabras fueron: «Je meurs innocent des crimes qu'on m'impute, je pardonne aux auteurs de ma mort et je prie Dieu que le sang qui coulera après ma mort ne retombe jamais sur la France» (Muero inocente de los crímenes que se me imputa, perdono a mis verdugos y ruego a Dios que la sangre que corra después de mi muerte no recaiga nunca sobre Francia). A las 10,22 horas de aquel día, la cuchilla seccionó el cuello del hombre que con 39 años había reinado en Francia durante 18. El último Capeto había dejado de existir.
El 10 de marzo se creó el Tribunal Révolutionnaire, que «velaría» por la «liberté, l’égalité, l’unité et l’indivisibilité de la République, la sûreté intérieure et extérieure de l’État… et l’égalité, et la souveraineté du peuple». (Continúa)
servio dijo el día 18 de Julio de 2008 a las 22:45:47
Corruptissima republica, plurimae leges: “El gobierno más corrupto es el que tiene más leyes” (Tácito). Los jacobinos y masones Georges Jacques Danton , Jean Paul Marat y Maximilien Robespierre representaron respectivamente el sadismo, la demagogia y la frialdad asesina.
Del 2 al 6 de septiembre de 1792 tuvieron lugar las “massacres de Septembre”, o “La première Terreur”. En aquellas 96 horas fueron asesinados tres obispos y 110 sacerdotes en el Convento Carmelita de la calle de Vergniaud, así como la práctica totalidad de presos existentes en las cárceles de París: en total, 1300 personas.
La Commune Révolutionnaire sustituyó a la capital, y el día 21, afianzada la Revolución merced a la victoria del General Dumouriez sobre los prusianos en la batalla de Valmy, se declaró extinguida la Monarquía y constituida la República. Ello se tradujo en una Constitución votada por sufragio directo del Pueblo, al que se encorsetó -para evitar “desviaciones”- dentro de un despótico esquema organizado y dirigido por los autoproclamados “verdaderos revolucionarios”, que se agrupaban en torno al club de los jacobins. Al poco, la Convención, manejada por Danton y sus acólitos, se autoinstituyó en Tribunal Supremo de la Nación e inició el proceso a Luis XVI.
La medida estaba pergeñada ad perfectum, pues garantizaba la imposibilidad por parte del acusado y de su defensa de apelar a otra instancia superior, y, por tanto, de recurrir la sentencia, si -como era obvio que así sería- ésta era considerada no ajustada a Derecho. Y es que el monarca ya había sido condenado de antemano: su inocencia y su libertad eran imposibles. (Continúa)
servio dijo el día 18 de Julio de 2008 a las 22:44:17
En consecuencia, aquel día de 1789 no fue la fecha origen de la democracia, sino la del terrorismo, pues la política quedó definitivamente sometida a la divisa maquiavélica “El fin justifica los medios”, y el Estado se degradó hasta el punto de considerar al terror como elemento necesario y plausible para la consecución de una sociedad “mejor”. Los revolucionarios se arrogaron el derecho de matar en nombre del progreso de la Humanidad, de la libertad y de la felicidad, razón justifícadísima por la que durante mucho tiempo, republicano y terrorista fueron sinónimos.
Cierto que entonces, después y ahora, los revolucionarios y sus herederos, trataron y tratan de justificar tan execrables acciones minimizándolas y hablando de “situaciones puntuales”; achacándolas a elementos “incontrolados”, “desquiciados”, “llevados al límite”, por la “represión” y las “tiránicas injusticias” cometidas secularmente por los -lamentable, pero lógicamente- asesinados; diluyendo su responsabilidad, total o parcialmente, al considerar los hechos como el producto lógico de las “matanzas” y “crímenes” efectuados por los “ajusticiados por el pueblo”.
(En 1934 y en 1936, los revolucionarios españoles -PSOE, PCE, CNT-FAI y ERC- copiaron literalmente las “enseñanzas” de sus “padres” marxistas y bolchevistas y de sus “abuelos” franceses, aunque ahora los nietos de los españoles hablen de “Recuperar la Memoria” y presenten a sus “abuelitos” como la Congregación Abacial de Franciscanos y Ursulinas Demócratas).
servio dijo el día 18 de Julio de 2008 a las 22:43:32
En consecuencia, aquel día de 1789 no fue la fecha origen de la democracia, sino la del terrorismo, pues la política quedó definitivamente sometida a la divisa maquiavélica “El fin justifica los medios”, y el Estado se degradó hasta el punto de considerar al terror como elemento necesario y plausible para la consecución de una sociedad “mejor”. Los revolucionarios se arrogaron el derecho de matar en nombre del progreso de la Humanidad, de la libertad y de la felicidad, razón justifícadísima por la que durante mucho tiempo, republicano y terrorista fueron sinónimos.
Cierto que entonces, después y ahora, los revolucionarios y sus herederos, trataron y tratan de justificar tan execrables acciones minimizándolas y hablando de “situaciones puntuales”; achacándolas a elementos “incontrolados”, “desquiciados”, “llevados al límite”, por la “represión” y las “tiránicas injusticias” cometidas secularmente por los -lamentable, pero lógicamente- asesinados; diluyendo su responsabilidad, total o parcialmente, al considerar los hechos como el producto lógico de las “matanzas” y “crímenes” efectuados por los “ajusticiados por el pueblo”.
(En 1934 y en 1936, los revolucionarios españoles -PSOE, PCE, CNT-FAI y ERC- copiaron literalmente las “enseñanzas” de sus “padres” marxistas y bolchevistas y de sus “abuelos” franceses, aunque ahora los nietos de los españoles hablen de “Recuperar la Memoria” y presenten a sus “abuelitos” como la Congregación Abacial de Franciscanos y Ursulinas Demócratas).
servio dijo el día 18 de Julio de 2008 a las 22:42:47
Esto de pedir perdón por hechos ocurridos en el devenir histórico...., no es que sirva de mucho. Pero en fin, en el caso que nos ocupa la verdad es que resulta procedente, adecuado, justo y oportuno. No es que Louis XVI, María Antonieta su esposa y la Corte de Versalles fuesen un paradigma de evangélicas y políticas virtudes, pero lo que se hizo con ambos y con su hijo fue una injusticia superlativa y una miserable canallada.
Previo al asalto de la Bastilla, Camille Desmoulins, hijo de un oficial de la Justicia Real y miembro también de las Nueve Hermanas (sociedad masona), pasó a la acción. Era un mediocre abogado, activo publicista y fogoso revolucionario, que enardeció al populacho, y conjuntamente con él promovió una serie de algaradas que culminaron con el saqueo del Hôtel de Ville, y el 14 de julio con el asalto y toma de la prisión-fortaleza de la Bastille , que estaba defendida por 82 inválidos y 32 soldados suizos pertenecientes al regimiento Salis-Samade, y que sólo albergaba en su interior a siete presos (4 estafadores, dos locos peligrosos y un violador, que serían liberados y paseados triunfalmente por las calles de París, como si de campeones de la libertad se tratase). Tan “arriesgada” y “aguerrida” acción fue elevada al altar simbólico de la “rebelión del Pueblo contra la tiranía”. Los defensores capturados fueron todos asesinados, junto con el Alcalde de París, Jacques de Flesselles y el Gobernador de la Bastille, Bernard-René Jordan de Launay, siendo acompañados en tan cruel suerte por el Ministro de Economía, Foulon y por su cuñado Bertier, Intendente de París, a quien incluso le arrancaron el corazón para darle también “el Paseo”. (Continúa).
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