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Vapuleo a Jiménez en el Congreso por su complacencia con Rabat

Todos los grupos, sin excepción, han echado en cara a Trinidad Jiménez la actuación del Gobierno ante la crisis del Sahara. Tras la intervención de la ministra, con cara compungida, y sus palabras sobre la necesidad de un informe "independiente", se han sucedido las críticas.

MERCEDES R. MARTÍN /
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Trinidad Jiménez, en un momento de su intervención. | EFE.

Trinidad Jiménez se enfrentaba a una dificilísima primera comparecencia en la Comisión de Exteriores y se le notaba en la cara. Con rostro muy serio, reiteró los argumentos dados por el Gobierno insistentemente para evitar la condena directa a Marruecos por el conflicto y, como novedad, afirmó que habían pedido un "informe independiente" sobre los hechos, pero no precisó qué organismo sería el encargado de acreditar esa independencia. Tras su discurso, llegaron las de los representantes de la oposición. Y por una vez coincidieron al censurar de forma unánime la tibieza del Gobierno ante Marruecos.

El primero en hablar ha sido el representante de ERC, el diputado Joan Tardá. Visiblemente indignado, y con un discurso algo inconexo, acusó a Trinidad Jiménez de haber dado "un paso atrás" en este asunto con respecto a su predecesor, Miguel Ángel Moratinos. Le echó en cara su mitin prosaharaui en 2003 y su cambio de actitud: "¿Qué le parecería si los socialistas europeos hubieran tenido una opinión distinta respecto del dictador Franco dependiendo de si hubieran estado en el poder o en la oposición? Hay que mantener una línea mínimamente coherente", exclamó el republicano. "Si no se acaba la absoluta hipocresía del Estado español, la ONU poco hará", dijo.

El siguiente en criticar a la ministra fue Gaspar Llamazares, de IU, con un tono inusualmente combativo. Afirmó que llevábamos diez días "de doble lenguaje" y le reprochó que se diga que tengamos "valores comunes con Marruecos". "Yo no tengo valores comunes con una monarquía feudal", dijo. Lamentó que el Gobierno se haga eco de la insidia de Marruecos y "no lo condene ni al nivel del Gobierno francés".

También se aseguró que están "seleccionando un pull de periodistas afines" para viajar a la zona. "Usted tiene que condenar los hechos. No me puede decir que no los conoce. Tendría que pensar que no tenemos Inteligencia y todavía nos queda algo", afirmó.

Por parte del PP intervino el diputado Gustavo de Arístegui. Afirmó que la crisis del Sahara es ya "una crisis de política interior" y le recordó que "los intereses no están por encima de todo", como dijeron Rubalcaba y el propio Zapatero. "No se puede ser finalista en política, lleva a políticas perversas", advirtió Arístegui, que enfatizó que "la defensa de los derechos humanos requiere de coraje, aunque pudiera costar votos". "Tenemos que estar todos comprometidos con la libertad", reclamó. En su opinión, lo que hay que hacer desde el Gobierno es "exigir transparencia y verdad" y "condenar con toda firmeza el bloqueo informativo" y la expulsión de periodistas.

En sus acusaciones Arístegui incluyó a Jiménez y a Zapatero y el conjunto de sus dos legislaturas. "La madeja es demasiado densa y no va a poder librarse de ella. Está hecha de antes, la ha hecho el presidente y su predecesor. Han matado la neutralidad activa de España, han matado la capacidad de mediación, catalizadora, positiva, de España. Y eso es imperdonable". Añadió que quedará escrito, "con letras negras en la Historia", que la política exterior socialista "ha sido un freno a la solución" del problema del Sahara. "Lo que es evidente es la esquizofrenia, la dualidad entre partido y gobierno", dijo en alusión al pasado activista de Jiménez en campaña. "Están nerviosos, están noqueados", afirmó.

El diputado José Luis Perestelo, de Coalición Canaria, tomó la palabra a continuación afirmando que la reacción de España se entiende más "como una posición de debilidad que diplomática" y lamentó su "tibieza", su opción de "mirar hacia otro lado". Tras recordar que "a pocas millas de Canarias" se está actuando contra los saharauis, criticó "la cobardía" de nuestro país y exigió que la comunidad internacional "tome nota del asunto".

En tono más sosegado, el diputado Carlos Salvador, de UPN, admitió que la "relación con Marruecos es muy compleja". "Debemos cultivar buenas relaciones con Marruecos pero no por ello debemos renunciar a nuestros principios. Hay líneas rojas", dijo el parlamentario, que llamó a "denunciar el apagón informativo" y "los abusos".

Por su parte, Josu Erkoreka, del PNV, tampoco evitó la crítica pese a los elogios recibidos por la mañana por Zapatero. Como Tardá, echó en cara a la ministra las imágenes de su mitin en 2003: "Somos muchos los que no reconocemos en la ministra de hoy a la candidata de entonces. (...) Está claro que entonces prevalecían los principios y hoy se imponen los intereses. Se ve clara la mano de la real politik". También le reprochó su empeño en desentenderse del papel histórico de España en la crisis del Sahara. "Lo comprendería en boca de Marruecos, pero es incomprensible en el caso de España".

Para terminar, el portavoz de CiU, Jordi Xuclá, demandó a la ministra que aporte nueva información a los grupos parlamentarios. El único respiro lo tuvo con la intervención que cerraba el turno, la de la diputada del PSOE Elena Valenciano. Le manifestó "todo el apoyo" y manifestó que confiaban "en su capacidad y en su compromiso" en esta crisis. Fueron los únicos minutos de tregua para Jiménez.

"Siempre he mantenido la misma posición"

Ante semejante vapuleo, Jiménez se vio desbordada. Sin su habitual sonrisa y en un tono mucho más crispado dijo que siempre ha mantenido "la misma posición. (...) No es diferente nuestra posición. Ni antes ni ahora, ni la mia personal". 

Lo que más le ofendió, aparte de la intervención de Llamazares, fue que se dijera que España antepone sus intereses a la defensa de los saharauis, a la de los derechos humanos. Ésa había sido la respuesta del mismo Zapatero y de Rubalcaba a la hora de justificar la posición del Gobierno con Marruecos y su ataque. "Ofende profundamente pensar que el Gobierno de España antepone intereses a valores y no estoy dispuesta a admitirlo de nadie".

"Se han vertido opiniones que me han parecido especialmente duras. No me importa asumir mi posición de ministra del Gobierno. Siempre me han animado la defensa de la democracia, de la justicia, de los derechos fundamentales y la defensa de los intereese de mi país. No hay ningun tipo de mercadeo, solamente ejercicio de la responsabilidad", aseguró Jiménez.

Los diputados tuvieron la oportunidad de responder a la ministra y en su breve turno, incidieron en sus críticas. "Lo está haciendo mal, muy mal", dijo Llamazares.

A Arístegui le tocó contestar también a Elena Valenciano, que le interrumpió cuando el diputado se refirió al encuentro con el Frente Polisario en París. "Tenga un poquito de educación", le espetó Arístegui, "un poco de tranquilidad y un poco de calma". Cuando le llegó el turno, Valenciano dedicó buena parte de su tiempo a replicar al diputado del PP dando quizás por perdida la defensa de Jiménez. "No acepto fácilmente que nos diga cómo tiene que ser nuestra política con el Polisario", dijo. También afirmó que rechazan "tajantemente la violencia" en "todos" los países.

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