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Zapatero dice en el Consejo que "el único Tratado posible es este y hay que defenderlo"

Horas antes de que el Consejo Europeo se marcara un nuevo plazo de dos años para "congelar" el proceso de ratificación ante el espectacular avance del "no" en los países que aún tienen que celebrar el referéndum, José Luis Rodríguez Zapatero afirmaba que "el único Tratado posible es este" y que "hay que defenderlo". Además, considera que "los ciudadanos de dos países" no deben determinar "el futuro de Europa".

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Horas antes de que el Consejo Europeo se marcara un nuevo plazo de dos años para "congelar" el proceso de ratificación ante el espectacular avance del "no" en los países que aún tienen que celebrar el referéndum, José Luis Rodríguez Zapatero afirmaba que "el único Tratado posible es este" y que "hay que defenderlo". Además, considera que "los ciudadanos de dos países" no deben determinar "el futuro de Europa".
Rodríguez Zapatero, en Bruselas.
L D (Agencias) Según fuentes del Gobierno español, Zapatero dijo a sus homólogos europeos que no pueden salir de la cumbre diciendo que "los ciudadanos de dos países determinan el futuro de Europa", pero aceptó hablar de nuevos plazos para la ratificación "si hay un compromiso político" por parte de todos. Los jefes de Estado y Gobierno acordaron en 2004 un plazo para la entrada en vigor del texto, el 1 de noviembre de 2006, pero se trata sólo de un "plazo político" y ahora los indicios apuntan a que, sea cual sea la decisión de los líderes, se ampliará el plazo, aunque aún no se le ha puesto fecha.
 
En la misma línea, el jefe del Ejecutivo hizo hincapié en que el problema que plantea la crisis de ratificación es "político", no "jurídico", puesto que en todo caso los cambios institucionales incluidos en el Tratado europeo no iban a entrar en vigor hasta 2009. Sí apuntó que los propios líderes europeos deberían haber pensado más en el proceso de ratificación en el momento de elaborar el Tratado, y que se podría haber optado por un solo método de ratificación en toda la Unión.
 
Sobre los motivos de fondo del "no" francés y holandés –donde la lejanía del proyecto europeo se mezcló con el malestar por la situación política y económica–, Zapatero sugirió que la Comisión Europea promueva un diálogo de ámbito europeo entre sindicatos y empresarios para abordar las necesidades de crecimiento y empleo y relanzar la Agenda de Lisboa de reformas económicas.
 
En una línea similar se expresó el canciller alemán, Gerhard Schroeder, que reiteró su respaldo incondicional al Tratado europeo e insistió en que el Consejo Europeo "puede dar consejos, pero no puede suspender los procesos de ratificación o regular en qué forma y en qué plazos deberían producirse". En este sentido, argumento que "la decisión correcta" sería revisar los progresos durante la primera mitad de 2006, cuando Austria asuma la presidencia de turno de la UE.
 
Antes de la intervención de Zapatero, el presidente francés, Jacques Chirac, y el primer ministro holandés, Jan Peter Balkenende, recibían apoyos a la idea de hacer una pausa de reflexión en el proceso de ratificación del Tratado. Chirac, respaldó, además, la idea de convocar una reunión extraordinaria de jefes de Estado y Gobierno para tratar el futuro de la Unión y se preguntó si en esta "nueva situación", la UE puede "seguir ampliándose".
 
Chirac pide una cumbre extraordinaria y se pregunta si la UE puede "seguir ampliándose"
 
Jacques Chirac destacó que el Tratado se concibió como respuesta indispensable para que la UE ampliada funcione y se preguntó si en esta "nueva situación", la UE puede "seguir ampliándose" sin tener las instituciones para "funcionar eficazmente". Por ello,  pidió a sus colegas una reflexión colectiva sobre esta "importante cuestión". La UE, dijo, debe mantener sus compromisos, pero también preocuparse por la cohesión de la Unión. La perspectiva de la ampliación a Turquía ha sido precisamente uno de los factores que influyeron en el "no" francés.
 
Según el borrador distribuido por su equipo, Chirac defendió ante sus homólogos que es necesaria una "reflexión para reconciliar a los ciudadanos con el proyecto europeo" y superar la brecha entre las instituciones y los ciudadanos. El jefe de Estado galo recalcó que la decisión de su nación contra el Tratado es "clara y soberana", pero admitió que no corresponde "a un sólo país decidir la suerte" de un texto que negociaron los 25. Respetar la democracia, dijo Chirac, es "respetar también a los países que ya han aprobado este texto y a los que se van a pronunciar". Sin embargo, no ofreció ninguna solución para hacer compatibles ambas realidades, y se limitó a pedir al Consejo europeo que tome una "decisión colectiva".
 
En este sentido, destacó que aunque este es un "periodo difícil", la UE podrá superarlo si actúa con "un espíritu de unidad" aunque, al mismo tiempo, pidió que se "responda a los mensajes" que han lanzado los ciudadanos, que "se preguntan por la Unión Europea", sus finalidades, su identidad y su futuro. Por eso, llamó a sus colegas a lanzar una política económica que relance el crecimiento y el empleo, medidas de fomento de la innovación en materia industria y, en general, una Europa que proteja mejor sus valores y atraiga a los jóvenes.
 
Por su parte, el primer ministro holandés, Jan Peter Balkenende, apostó también por "reflexión y debate" y dejó claro que no pondrá obstáculos a los países que quieran seguir adelante con la ratificación del Tratado. Sin embargo, afirmó con contundencia que no ve viable que el texto rechazado en el reférendum holandés por casi el 62 por ciento de los votantes, pueda ser ratificado en el futuro en Holanda.
 
Los países que aún no se han pronunciado, poco entusiastas con el Tratado
 
También intervinieron los representantes de los trece países que aún no se han pronunciado. Entre ellos, el primer ministro británico, Tony Blair, quien ya ha suspendido sine die el referéndum de su país, afirmó ante los mandatarios que "a nadie consuela el no de Francia y Holanda" y dijo que los Gobiernos de estos dos países difícilmente "hubieran podido hacer más", según fuentes oficiales británicas. Blair abogó por que la UE aparque de momento el proyecto constitucional y se centre en diseñar y aplicar políticas que afronten el descontento ciudadano en tres áreas: la economía y "la competitividad con dimensión social"; la seguridad, incluida la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado; y el lugar de Europa en el mundo.

El primer ministro danés, Anders Fogh Rasmussen, quien estudia suspender el referéndum previsto para el 27 de septiembre, también coincidió en la necesidad de una pausa de reflexión. Entre quienes ya han ratificado el Tratado, que tomaron la palabra al final del debate, el canciller Gerhard Schroeder también consideró que una pausa estaría "justificada".
 
Por su parte, su homólogo checo, Jiri Paroubek, declaró a la entrada de la reunión que también apuesta por una pausa en las ratificaciones, aunque reconoció que todavía no había decidido qué hacer con su referéndum, que todavía no tenía una fecha fijada pero que estaba previsto para finales de 2005 o para junio de 2006, coincidiendo con las elecciones nacionales.
 
El sueco Goran Persson se mostró poco entusiasta sobre el futuro de la Constitución europea al considerar que si no hay un mensaje claro de Francia y Países Bajos habrá un retraso en el proceso de ratificación. "Espero un mensaje claro de Francia y Países Bajos. Si no lo tenemos, creo que habrá un retraso", en el proceso. Mientras Portugal defendió también la pausa para reflexionar y propuso una ratificación conjunta para los 13 países que todavía no se han pronunciado sobre el Tratado, de forma que los referendos y las aprobaciones parlamentarias se celebren el mismo día o la misma semana para generar así un auténtico debate europeo, alejado de las cuestiones de política nacional. Este plan de ratificación conjunto fue apoyado por España, Austria y Polonia, según informaron fuentes portuguesas.

Cambio radical de postura
 
Esta apuesta por "meter en el congelador" la Carta Magna representa un radical cambio de postura respecto a la reacción inicial de las instituciones comunitarias y la mayoría de Estados miembros nada más conocerse el "no" de franceses y holandeses. Tanto el primer ministro luxemburgués y presidente de turno de la UE, Jean-Claude Juncker, como el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, y el de la Eurocámara, Josep Borrell, abogaron entonces por continuar con las ratificaciones para permitir expresarse a todos los Estados miembros.
 
Y es que los líderes europeos y la burocracia de Bruselas han tenido que ceder a la realidad ante el avance del "no" en los países que tenían previsto realizar un referéndum sobre el Tratado en los próximos meses como Dinamarca, República Checa o Polonia e incluso en Luxemburgo.
 
Hasta ahora han ratificado el Tratado constitucional 10 países con un total de 220 millones de ciudadanos de nueve países, que representan el 49% de la población de la UE. Se trata de Alemania, Austria, Grecia, Hungría, Italia, Lituania, Eslovenia, Letonia y Eslovaquia. España es el único país de la UE que le ha dado su visto bueno a través de un referéndum, el 20 de febrero.
Quedan pendientes Luxemburgo, Dinamarca, Polonia, República Checa, Portugal, Irlanda y Reino Unido, que tenían previsto convocar referendos, y Bélgica, Chipre, Malta, Finlandia, Suecia y Estonia, que han optado por la ratificación parlamentaria.

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