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El 'plan Arenas': reducción drástica de asesores, altos cargos y consejeros

Con unos sondeos más que halagüeños, Javier Arenas trabaja en su 'agenda del cambio'. Contará con Rajoy para ganar la batalla electoral andaluza.

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Con unos sondeos más que halagüeños, Javier Arenas trabaja en su 'agenda del cambio'. Contará con Rajoy para ganar la batalla electoral andaluza.
Javier Arenas, en el Parlamento andaluz | Archivo

Será la última batalla, aquella en la que el Partido Popular intentará arrebatar al PSOE su último bastión autonómico: Andalucía. Aunque oficialmente todavía no están convocados los comicios, estos se celebrarán en 2012 -previsiblemente, en marzo-, varios meses después de que los españoles introduzcan su papeleta para elegir al presidente del Gobierno. Una separación de las generales que no ocurre desde 1996.

Javier Arenas concurre a estas elecciones con paso firme y con la convicción de que detrás de él lleva a toda la maquinaria de su partido, Mariano Rajoy incluido. Y es que, unas vez pasado el aluvión 20-N, todas las miradas virarán hacia una comunidad que, hasta la fecha, parece terreno vedado para los populares.

Las cosas, no obstante, parece que están cambiando; que hasta Andalucía se está contagiando de esa marea azul que ha invadido el territorio nacional. Y ya no son sólo los sondeos, que desde meses atrás dan a Arenas como ganador en las urnas: en los comicios locales del veintidós de mayo, y por primera vez en la historia, el PP ganó las elecciones.

Concretamente, el partido liderado por Arenas superó al PSOE por más de siete puntos, unos 292.000 sufragios más. Un vuelco -en 2007, los socialistas vencieron por 8,5 puntos- que se tradujo en la conquista de ciudades insignia de las filas enemigas como Sevilla, Jerez de la Frontera, Algeciras o Antequera.

Ahora bien, extrapolados los datos a unas hipotéticas autonómicas, el PP ganaría las elecciones con 51 diputados, pero no podría gobernar ya que la alianza PSOE-IU le arrebataría el Gobierno. Le faltarían cuatro representantes para la mayoría absoluta.

En el PP andaluz no saltan las alarmas. Sus estudios demoscópicos sí ofrecen una horquilla de mayoría suficiente e insisten en que el cambio es irreversible. Pero no bajan la guardia, saben que será la madre de todas las batallas. La puntilla de una victoria épica de la formación de un líder, Rajoy, que para entonces ya esperan que esté en La Moncloa.

Para convencer a los andaluces, Arenas ya lleva tiempo desgranando su agenda del cambio. Y tiene en los nuevos barones populares, en Castilla-La Mancha, Baleares o Extremadura, el espejo en el que hacer mirar para explicar cómo será su hoja de ruta.

Lo más apremiante, la austeridad. En su primer Consejo de Gobierno, el candidato ordenará suprimir el 50% de los altos cargos y el 70% de los asesores. También adelgazará el Ejecutivo eliminando hasta cinco consejerías, con dedicación exclusiva de los consejeros. Será la primera fotografía del cambio, de otra forma de hacer política.

Los pilares de la política económica del líder del PP-A pasan por una reforma administrativa y del sector público, un plan de recorte del gasto corriente (que, en principio, no afectaría a la educación, la sanidad ni los asuntos sociales), una nueva ley presupuestaria y de la hacienda pública, una política fiscal para las pequeñas y medianas empresas (pymes), los autónomos y las familias o el fomento del turismo, verdadero motor de la región.

Todo ello sin olvidar la industria agroalimentaria, un sector al que le sonó a bendición el anuncio de Rajoy de que recuperará el Ministerio de Agricultura si es presidente. El jefe de la oposición hizo esta proclama en una fábrica del sector en Vélez-Málaga. Andalucía será la comunidad que más visite en esta recta final de 2011, y también en el año venidero.

Será su contribución a la victoria del cambio, pero también un trabajo de campo para ser presidente, a tenor de que en las últimas generales Andalucía y Cataluña dieron la victoria a José Luis Rodríguez Zapatero. Rajoy, dicen los suyos, se siente cómodo en la tierra del sur. "Le gusta el calor de las gentes, el cariño que se le procesa". Y eso también se nota. Históricos fueron sus mítines en Dos Hermanas (Sevilla) o la citada Antequera.

Con todo, Arenas sabe que no será fácil ganar, que calar en la Andalucía profunda no es tarea fácil. A ello se dedica, recorriéndose la geografía de su comunidad a cual peregrino. Pueblo a pueblo, aldea a aldea. Su victoria en las grandes ciudades se da por hecha, pero también quiere conquistar el campo, granero de votos de un socialismo en caída libre.

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