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El etarra premiado, condenado por secuestro y escondido por Castro

Participó en varios atentados con explosivos y en el secuestro de un industrial vasco. Desde su huida, ha tenido una prolífica carrera literaria.

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Participó en varios atentados con explosivos y en el secuestro de un industrial vasco. Desde su huida, ha tenido una prolífica carrera literaria.
El etarra huido Joseba Sarrionaindia.

El 7 de julio de 1985, coincidiendo con el día de San Fermín, el cantante vasco Imanol dio un concierto en la prisión de Martutene. Finalizado el mismo, dos terroristas de ETA que cumplían condena en la cárcel donostiarra se escondieron dentro de los altavoces que se habían introducido en el recinto para el concierto y huyeron.

Para ello, contaron con la ayuda del también etarra Mikel Albisu, que dos décadas después estaría en la cúpula de la banda terrorista, llegando a ser su número uno bajo el sobrenombre de Mikel Antza. Tras refugiarse durante más de tres meses en un piso de San Sebastián, lograron cruzar la frontera con Francia.

Los protagonistas de esa huída fueron los etarras Iñaki Pikabea y Joseba Sarrionaindia, Sarri. Este último, conocido en su entorno por su afición a las letras y la escritura, había sido condenado a penas que sumaban más de cuarenta años de cárcel por los delitos de depósito de armas y secuestro (detención ilegal), aunque las penas se refundieron según la legislación de la época y quedaron condensadas en una de dieciocho años.

El etarra había formado parte de los grupos Goio y Akelarre de la organización terrorista durante la década de los setenta, y además de cometer varios atentados con explosivos, participó en el secuestro del industrial José Garavilla, que se produjo en Bermeo (Vizcaya) el 22 de octubre de 1980. El empresario, muy próximo al PNV, volvió a ser objetivo de los terroristas en 1988, cuando ETA le envió un paquete bomba a su domicilio el 4 de noviembre de ese año.

La fuga de estos dos etarras fue recogida por el grupo musical vasco Kortatu, liderado por el cantante Fermín Muguruza y cuyas letras eran muy próximas a las tesis políticas defendidas en la época por Herri Batasuna.

El amplio éxito entre la juventud vasca de Sarri Sarri, –nombre de la misma–, ha hecho que la exaltación de la huida de los dos etarras sea una canción de enorme éxito en la región, siendo uno de los temas estrella en las fiestas populares de la gran mayoría de los pueblos vascos y navarros. Es comparable, incluso, al éxito del Paquito chocolatero en las verbenas del resto de España.

En paradero desconocido durante muchos años, fuentes de la lucha antiterrorista consultadas por Vasco Press, le ubican desde hace más de dos décadas en Cuba, donde habría vivido bajo identidad falsa gracias al régimen de Fidel Castro. La dictadura caribeña ha sido uno de los históricos refugios internacionales que los terroristas de ETA han tenido para huir de la acción de la Fuerzas de Seguridad y la Justicia españolas y europeas.

Durante los más de veinte años en los que Cuba ha servido de refugio para Joseba Sarrionaindia –también lo hizo durante sus años en prisión–, el etarra ha dedicado su tiempo a desarrollar una prolífica carrera literaria en euskera –tanto poesía como narrativa y ensayo–, que ha sido publicada por las principales editoriales de la comunidad vasca sin que ello hiciese público su paradero.

Sus obras ya habían recibido varios premios antes de que este lunes se conociese la concesión del Premio Euskadi de Ensayo 2011. Los tres primeros, por obras escritas antes de su detención como terrorista de ETA, los recibió en 1980, el mismo año de su detención. Fueron el premio Resurrección María de Azkue por una obra de poesía, y los Ciudad de Bilbao e Ignacio Aldekoa por sendos cuentos. En 1986, ya fugado, fue premiado por el premio de la Crítica de narrativa en Euskera. Quince años después, en 2001, volvió a recibir el premio de la Crítica de narrativa en Euskera.

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