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Desaparecidos y torturados por la banda terrorista ETA

La banda terrorista ETA tiene en el armario algunos casos de desaparecidos y varios torturados que nunca ha reconocido públicamente.

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La actividad criminal de la banda terrorista ETA durante cincuenta años lleva camino de quedar, en gran parte, impune, como ya contamos en Libertad Digital. Además ETA no ha afrontado aún algunos de los episodios más oscuros de su historia. 

El caso de Irlanda

Si nos fijamos en lo que ha ocurrido en Irlanda, donde a ETA y su entorno les gusta tanto mirarse, los terroristas del IRA han sido presionados para que digan dónde estaban enterrados algunos de los cuerpos de víctimas desaparecidas –unas dieciséis–. En los llamados Acuerdos de Viernes Santo de 1998 no se recoge explícitamente esta espinosa cuestión. Sin embargo, en el texto en el que se plasma la creación de la Comisión Independiente para la Localización de Restos de las Víctimas, exactamente de un año después (abril de 1999), sí se hace mención a que la creación de la misma es una consecuencia natural del proceso y de los Acuerdos de Viernes Santo. Sea como fuere, los asesinos de la banda terrorista IRA se han visto obligados a "hacer aparecer" a los desaparecidos, no todos, pero sí algunos. La recuperación de algunos de los desaparecidos ha permitido, además, sacar a la luz las mentiras y falsas justificaciones con las que el IRA había difamado a muchas de estas víctimas, falsas justificaciones que también han sido utilizadas con profusión por nuestra banda terrorista autóctona.

Entre ellos, Jean McConville, una mujer protestante que se había casado con un católico. Algunas fuentes (también en el caso del IRA, igual que ocurre con ETA, las informaciones son muchas veces confusas, cuando no directamente contradictorias) hablan de que ella se convirtió al catolicismo tras la boda. El hecho es que el marido falleció y ella se quedó viuda con diez hijos a su cargo. Acusada por el IRA de ayudar a un soldado británico moribundo, herido en el exterior de la casa de Jean, fue asesinada y hecha desaparecer en diciembre de 1972, diez meses después de fallecer su esposo. Para justificar el asesinato el IRA se inventó que Jean era confidente de los británicos –una informadora "de bajo nivel" –, quizá porque era difícil asumir un asesinato que había dejado huérfanos de padre y madre a diez niños. Uno de los diez hijos de McConville, Helen, ha liderado junto a otros familiares de desaparecidos el movimiento por la búsqueda de los cuerpos de las víctimas del IRA. Logró recuperar el cadáver de su madre en 2003.

También ha sido recuperado el cadáver de Eamon Molloy, asesinado en 1975 y cuyos restos fueron devueltos a su familia en un ataúd colocado debajo de un árbol de rododendros en el cementerio de Faughart, en Dundalk, en abril de 1999, el mismo mes en que se creó la Comisión. Otros dos cadáveres recuperados han sido los de John McClory, de 18 años, y Brian McKinney, de 22, dos amigos que desaparecieron en junio de 1978. La madre de Brian, Margaret McKinney, batalló durante veinte años para recuperar los restos mortales de su hijo, cosa que consiguió en 1999. Pero hasta 2002 el IRA no le pidió perdón. El 29 de septiembre de 2011 Margaret recibió en Madrid el premio a la Defensa de los Derechos Humanos de la Fundación de Víctimas del Terrorismo de manos del escritor Mario Vargas Llosa. En dicho acto, la presidenta de FVT, Maite Pagazaurtundúa, señaló que era una "broma sarcástica" la reclamación de amnistía que hace el colectivo de presos de ETA que se había adherido al Acuerdo de Guernica.

Pero todavía quedan cadáveres de asesinados por el IRA que no se han recuperado, entre ellos los de Kevin McKee, Seamus Wright, Columba McVeigh o Brendan Megraw.

Desaparecidos y torturados por la ETA

Aquí también tenemos nuestros desparecidos a manos de la banda terrorista ETA. Igual que en Irlanda, son asesinatos tan vergonzantes que la ETA jamás ha reconocido su autoría, añadiendo un sufrimiento mayor a los familiares que, décadas después, no han podido enterrar a sus muertos. Ni siquiera tenemos cifras exactas, pues hay al menos un caso que no figura en los listados oficiales de víctimas de ETA y sobre el que no hay prácticamente ninguna referencia en los medios de comunicación. Se trata de Antonio Barona Villar, desaparecido sin dejar ningún rastro en el sur de Francia el 11 de diciembre de 1975. Este agente comercial de 36 años y natural de Zaragoza había ido a Biarritz en viaje de negocios. Nunca más se supo de él. El diario ABC, en su edición de 12 de abril de 1995 incluía a Barona Villar entre las víctimas de ETA que habrían sido sometidas previamente a torturas, y daba el dato de que el agente comercial había pertenecido anteriormente a la Policía Armada, prestando servicio en el puesto fronterizo de Behovia en los años sesenta.

Otros dos asesinados y hechos desaparecer, presuntamente por ETA, son dos miembros de la propia banda: Eduardo Moreno Bergaretxe, alias Pertur, desaparecido el 23 de junio de 1976, y José Miguel Echeverría Álvarez, Naparra, militante de los Comandos Autónomos Anticapitalistas desaparecido el 11 de junio de 1980. En el caso de Pertur, sus padres siguen convencidos de que fue asesinado por sus compañeros de la banda, pese a que ETA y su entorno lanzaron todo tipo de cortinas de humo sobre el caso. Ya muy ancianos, esperan poder recuperar algún día el cadáver de su hijo. En cuanto a Naparra, aunque sus familiares culparon a la extrema derecha –concretamente al Batallón Vasco Español–, los propios CAA apuntaron desde el primer momento a ETA, y en un comunicado fechado el 11 de julio de 1980 mostraban su convencimiento de que era "la repetición del caso Pertur", es decir, un caso de rencillas internas dentro de la propia banda.

Antes de la desaparición de Pertur, los inspectores de Policía José Luis Martínez y Jesús María González Ituero cruzaron la frontera hispano-francesa el 4 de abril de 1976, fueron secuestrados por la banda y hechos desaparecer, en este caso no para siempre, aunque ése era el objetivo de ETA. Algo más de un año después, el 18 de abril de 1977, sus cadáveres aparecieron con signos claros de haber sido torturados y con un tiro en la nuca en la playa vasco-francesa de La Chambre d'Amour, en el término municipal de Anglet, entre Biarritz y Bayona. Los cuerpos, en avanzado estado de descomposición, fueron encontrados por cinco adolescentes en un antiguo búnker construido por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Tenían los brazos atados a la espalda con alambre de cobre y les habían amputado las manos, que aparecieron enterradas en las inmediaciones del búnker, si bien les faltaban la mayoría de los dedos. Como en otros crímenes especialmente atroces, ETA nunca ha reconocido la autoría.

Pero antes de que desapareciesen para siempre Echeverría Álvarez, Moreno Bergaretxe y el exmiembro de la Policía Armada Antonio Barona Villar, el 24 de marzo de 1973 la banda terrorista ETA secuestró, sometió a salvajes torturas e hizo desaparecer los cadáveres de José Humberto Fouz, Fernando Quiroga y Jorge García Carneiro, tres muchachos gallegos que cruzaron la frontera hispano-francesa y de los que nunca más se supo. Este crimen fue tan atroz que hasta para una banda asesina, que no tuvo nunca escrúpulos ni piedad con sus víctimas, es vergonzante. Jamás han tenido la valentía de asumirlo públicamente y jamás han dicho dónde están enterrados los cadáveres, convirtiéndose en uno de los secretos mejor guardados de ETA.

La sobrina y ahijada de José Humberto Fouz, Coral Rodríguez Fouz, concejal de Éibar, exsenadora socialista y parlamentaria vasca, ha sido la persona que más ha luchado por esclarecer qué pasó con su tío y sus dos amigos, por que los tres muchachos sean considerados víctimas de ETA, de lo que nadie tiene ninguna duda, y por intentar recuperar los cadáveres. Coral Rodríguez Fouz declaró en 2005 que "un crimen así no se puede perdonar, que no nos lo pidan". Gracias a su lucha y a su empeño consiguió reabrir el sumario del caso en 2006.

Es hora de exigir a ETA que, aunque hayan prescrito, reconozca la autoría de estos asesinatos y diga dónde están los cadáveres de las víctimas que aún no han aparecido. Produce asombro que se dediquen tantos recursos y parafernalia mediática a recuperar los cuerpos de los muertos en la Guerra Civil, a fin de cuentas una guerra entre dos bandos enfrentados, y que no se haga lo mismo con los desaparecidos de ETA que, además de ser mucho más recientes, no han sido víctimas de una guerra entre dos bandos, sino de la actividad criminal unilateral de una banda terrorista.

Un ejemplo acabado de memoria selectiva y doble rasero al mismo tiempo.

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