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El Gobierno dice que trabajará "por la verdad" del 11-M y el chivatazo

Primer Consejo de Ministros, y una batería de deberes. La prioridad, la economía. Y un compromiso: colaborar con la Justicia en 11-M y chivatazo.

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Mariano Rajoy utilizó su primer Consejo de Ministros para fijar las prioridades del Gobierno, y que afectan a prácticamente las trece carteras. La música no es nueva, pero ya oficial, lo cual es un salto cualitativo muy importante. Puso deberes, y una fecha límite: la práctica totalidad de las reformas planteadas tienen que estar en curso en el primer trimestre de 2012.

No habrá Navidad para el gabinete presidencial. Entre otras cosas, porque esta primera toma de contacto sirvió para emplazar a los suyos a organizar lo esencial de los diferentes Ministerios en siete días y llevar al próximo Consejo, en víspera de Nochevieja, los papeles clave. Será entonces cuando el Gobierno anuncie los primeros ajustes, que no serán los únicos.

Pero, más allá del impulso económico que requiere el país, el Ejecutivo se compromete a no mirar para otro lado en el resto de asuntos que son "de interés" para la opinión pública. A no cerrar los ojos ante temas tan delicados como la política antiterrorista, y en concreto el chivatazo a ETA, o las presuntas irregularidades en el marco judicial del 11-M. También se acometerá una reforma de la Ley del Aborto vigente, como avanzó en campaña el presidente.

Un trimestre clave para la economía

Volviendo a las “urgencias y prioridades”, Soraya Sáenz de Santamaría se estrenó como portavoz del Gobierno en una abarrotadísima rueda de prensa; la habitual tras el Consejo de Ministros. Y vaya por delante que, marca de la casa, no volverá “a hacer oposición de la oposición”. “Qué diferencia con Blanco o Rubalcaba”, se encargaron de recordar, vía sms, dirigentes populares.

Según anunció, en la reunión del Gobierno del día treinta de diciembre, Rajoy aprobará un real decreto de medidas urgentes para prorrogar los presupuestos hasta que el Gobierno presente unas nuevas cuentas para 2012 a finales de marzo.

También confirmó algo ya dicho a los cuatro vientos, y que incluso Rajoy se encargó de corroborar ante sus homólogos extranjeros: un compromiso claro, sin ambigüedades, de que en los tres primeros meses del año habrá una reducción del déficit, a la espera de conocer la cifra real. El equipo gubernamental ya trabaja en este sentido, porque “los españoles deben de saber, desde ya, que las cifras que dio Elena Salgado no son las reales”.

De igual forma, el decreto que se aprobará el próximo viernes incluirá la prometida revalorización de todas las pensiones, mientras que el caso de los funcionarios que queda en cuarentena, ya que -como se encargó de remachar en constantes ocasiones Sáenz de Santamaría- los nuevos ministros acaban de entrar en su despachos, y tienen que echar un ojo a los cajones. Cristóbal Montoro, el hombre de la tijera -según apodo del propio Gobierno-, será el encargado de tramitar un informe sobre este extremo.

Tal y como Rajoy informó en su discurso de investidura en el Congreso, otra de las medidas del paquete a presentar antes de que concluya el año será que la tasa de reposición en la oferta de empleo público será cero, salvo en el caso de las fuerzas y cuerpos de seguridad y los servicios sociales básicos.

Pese a lo importante de lo expuesto, éstos fueron sólo los titulares. La letra pequeña se centró principalmente en las dos reformas clave que plantea el Gobierno a corto plazo: la laboral y la financiera. Sobre la primera, Rajoy le dio una orden expresa a la responsable de Empleo, Fátima Báñez: meter prisa a los agentes sociales, principalmente a los sindicatos, y llegar a acuerdos, siempre que sean posible. Fecha límite: siete de enero.

Sobre la situación financiera, de la que se encargará Luis de Guindos -responsable de Economía-, Sáenz de Santamaría también dejó claro que en un plazo máximo de seis meses los problemas tienen que estar resueltos, como así emplazó Rajoy de puertas para adentro.

Todos los departamentos ministeriales trabajarán para lograr estos cometidos, aunque no sean los principales activos. A ello llamó Rajoy, autodefinido jefe económico del gabinete. "No hay una vicepresidencia económica, pero hay un presidente volcado en la recuperación económica y la creación de empleo", destacó la vicetodo, no fuera a haber dudas. De hecho, por primera vez, es el presidente el que Comisión Delegada de Asuntos Económicos.

Nombramientos importantes

En importancia, el segundo punto del día para Rajoy fueron los nombramientos. No se eligieron a todos, pero sí despejó su núcleo duro de la Moncloa, el que los propios funcionarios de la casa no tienen a mal llamar la fontanería. Y, esta vez sí, fue previsible. Caben destacar dos personas por encima del resto: Jorge Moragas, como jefe de gabinete, y Carmen Martínez Castro, Secretaria de Estado de Comunicación.

Ambos son clave en el estilo mariano, quienes le acompañaron, siempre a pocos metros de él, en los últimos cuatro años de oposición, los más complicados en la vida interna del PP. Pero, junto a ellos, también se producirá en los próximos días un desembarco de asesores y cargos menores llegados de Génova, como Alfonso Senillosa.

El nuevo estilo de la portavoz

Estos fueron los temas a abordar de puertas para adentro, en esa reunión libre de tacógrafos, pero no los únicos que Sáenz de Santamaría tuvo que torear desde su nueva mesa de trabajo. Lo primero que hizo; marcar la dinámica y estilo de la Portavocía: “Procuraré no hacer crítica ni oposición de la oposición, las críticas parlamentarias y políticas se harán desde otros ámbitos”, sentenció.

A partir de ahí, lo que buscará será una cordialidad más allá de las formas: “Especialmente con el PSOE”, remachó, aunque Rajoy intentará llevar a su redil a otros partidos, como los partidos nacionalistas más moderados. Sigue excluido de la ronda de contactos Amaiur, por no condenar expresamente a la banda terrorista ETA.

“Hay que escuchar a todos. En democracia, es bueno que haya un buen Gobierno y una buena oposición. Del contrapeso y la crítica pueden salir las mejores decisiones”, afirmó una Sáenz de Santamaría que entró con el mejor pie en su nuevo puesto, soportando una de las comparecencias más largas que se recuerdan; más de una hora de duración.

Los asuntos oscuros: 11-M y chivatazo

Y con paso firme entró en dos de las principales manchas del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, excluyendo la económica: las investigaciones judiciales del 11-M y del soplo a ETA de las fuerzas de seguridad en plena negociación. Sáenz de Santamaría se acogió a las vías abiertas en los tribunales para realizar toda una declaración de intenciones: “Que se conozca la verdad”.

El Gobierno “debe colaborar con los procedimientos judiciales, con todos ellos”, clarificó, en relación a ambos puntos negros. Aún más, en voz de la vicepresidenta única, se tiene que “hacer justicia” y para ello lo esencial es “colaborar con la justicia”.

Ya en relación al chivatazo a ETA, Sáenz de Santamaría añadió: “Se tiene que conocer la verdad de los responsables” ya que “afecta al interés general”. En cuanto al aborto, tan sólo reiterar que habrá cambios en la norma vigente, en concreto sobre la capacidad de las niñas de no consultar a sus padres.

“Es cierto que son muchos los deberes que me corresponden. No nos asusta el trabajo, ni las horas ni el esfuerzo”, dijo Sáenz de Santamaría, conocedora del gran peso que sustenta en el Gobierno, incluido los servicios secretos. “Daré lo mejor de mi misma”, solemnizó. Y, una vez más, echó mano de la humildad: “Si a algo no llego, pediré ayuda a mis compañeros de gabinete”.

Tras esta semana de infarto, descanso. Habrá Nochebuena, también para el Gobierno. Rajoy la pasará junto a su familia en Pontevedra, si bien estará pendiente del teléfono móvil. El lunes que viene, contador a cero: arranca un nuevo ciclo, sí, pero las dificultades no serán pocas.

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