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Rubalcaba ofrece un liderazgo fuerte frente a personalismos

En su última oportunidad por inclinar la balanza, Rubalcaba ha intentado, en su discurso, enardecer a los delegados con más corazón que cabeza.

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Establecer sus diferencias, su valor añadido respecto a Carmen Chacón. Ese era el objetivo del candidato Alfredo Pérez Rubalcaba ante los 956 delegados que decidirán hoy su futuro. "¡Yo seré un líder socialista fuerte!", prometía Rubalcaba asegurando que a él no le van a "quebrar las fuerzas" y que no lograrán que dé "un sólo paso atrás".

Y frente a un liderazgo fuerte, el rechazo a los "personalismos o carismas". Mención velada a Carmen Chacón que se volvió a producir cuando apeló a la "tarea colectiva". "A mí me escucharéis hablar de vosotros, no de 'yo'".

Otra mención velada: "yo odio el sectarismo, lo odio. Sólo soy sectario con quienes son sectarios pero si alguien os pide vuestro voto a cambio de un puesto en la Ejecutiva, ¡no lo hace en mi nombre! ¡No lo hace en mi nombre!", decía tras las denuncias de su equipo de que eso hace el equipo de Chacón. "Yo no voy a emitir salvoconductos, ni voy a cobrar facturas, ni voy a pedir un cheque en blanco".

Tras una campaña que definió como "intensa y apasionante", y en la que tanto él como su contendiente en la carrera por el liderazgo, Carmen Chacón, han dado lo que considera un "ejemplo de respeto y de elegancia", Rubalcaba se permitió bromear asegurando que "a decir verdad, ella solo ha dicho unas 58 veces que es el pasado y unas 60 que tengo más experiencia que ella". Y luego quiso aclarar: "Bromas aparte, hemos demostrado madurez y un comportamiento exquisitamente democrático".

Tras proclamar su amor al PSOE, "yo quiero mucho, mucho, mucho a mi partido", y recordar a los que "dieron su vida por el partido", Rubalcaba arremetió contra la "derecha", con consignas izquierdistas que buscaban enardecer al público. Llamó a derrotar a los "caciques del siglo XXI".

En pie contra la Iglesia

Sin embargo, el auditorio se mantenía bastante frío, con aplausos que no parecían mayoritarios, hasta que Rubalcaba dijo que acabará con "el acuerdo con la Santa Sede", logrando la gran ovación de un aditorio eufórico ante cualquier ataque a la Iglesia. 

En este sentido, ejemplificó el "orgullo e ilusión" que le inspira el Partido Socialista en el PSOE de Griñán, "un ejemplo de que se pueden hacer cosas de otra manera, de manera solidaria, sin dejar a nadie en la cuneta. De manera equitativa, justa, de manera socialista."

El momento más aplaudido fue su recuerdo a Zapatero, con un sentimentalismo de lágrima fácil: "Sólo vi llorar una vez a José Luis, fue al minuto siguiente de que ETA anunciase que lo dejaba". "No he visto a José Luis esta mañana aquí. Dejad que os cuente algo: esto ha sido muy duro, lo saben los compañeros socialistas vascos, lo sabe Patxi López. Sabéis que soy de lágrima fácil, pero José Luis no, no llora nunca. Solo le he oído –no visto- llorar una vez, al minuto siguiente en el que ETA declaró el fin de la violencia en España".

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