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El Consejo Consultivo, hogar del partidismo y amiguismo socialista

Si se incluyen los nombres de los consejeros natos a la hora de hacer estos cálculos, el partidismo sería aún más exacerbado.

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El presidente del Consejo Consultivo de Andalucía, Juan Bautista Cano Bueso, se encarga de asignar las ponencias que darán lugar a los dictámenes correspondientes sobre las diferentes materias que deben ser formalmente examinadas por el organismo. En la composición del Consejo hay cuotas de partido ya que el PSOE ostenta la mayoría de los puestos.

Los socialistas controlan tanto a los consejeros permanentes -que cobran un sueldo y tienen que justificarlo- como a los no remunerados -que sólo cobran dietas y, ocasionalmente, cantidades por haber participado en alguna ponencia-.

Entre los consejeros no remunerados, Cano Bueso encargó, desde mayo de 2005 hasta dónde alcanza su base de datos -mitad de 2011-, 277 ponencias entre sus miembros, de las cuales 213 fueron a parar a consejeros socialistas, 36 a los consejeros de IU y Partido Andalucista y sólo 28 a los consejeros del PP.

Esto es, el 77% de las ponencias las encargó al partido de sus preferencias: el PSOE. Y dentro de los socialistas, al amigo de sus preferencias: Ángel López, que fue su jefe en calidad de presidente del Parlamento de Andalucía cuando Cano Bueso era letrado mayor del mismo.

La relación de consejeros y ponencias según la propia base de datos del Consejo desde mayo de 2005, fecha de renovación del Consejo hasta el martes es la siguiente:

Si se incluyen los nombres de los consejeros natos a la hora de hacer estos cálculos, el partidismo sería aún más exacerbado: habría que agregar las 5 ponencias de José Rodríguez de la Borbolla y las 19 de Rafael Escuredo Rodríguez –los dos, socialistas-.

El amigo López

Ángel Manuel López y López ejerció el cargo de diputado autonómico andaluz como presidente del Grupo Parlamentario Socialista hasta 1984, fue consejero de la Presidencia del Gobierno andaluz desde 1984 a 1986 y fue el segundo presidente del Parlamento de Andalucía, desde 1986 a 1988.

Finalmente, fue consejero electivo sin remuneración del Consejo Consultivo de Andalucía desde 1994 cargo que compatibilizó durante años con la presidencia de la Fundación El Monte. Pero las normas del Consejo no permiten distinguir a unos consejeros de otros.

Según las fuentes consultadas, López y Cano son amigos desde la etapa parlamentaria de ambos y hay quien sostiene que si bien Cano Bueso ya era letrado mayor del Parlamento andaluz cuando López accedió a la presidencia, este tuvo que mantenerle en el puesto, porque tal nombramiento es atribución de la Presidencia de la Cámara andaluza.

Bien sea por partidismo -ambos se identifican con el PSOE -, bien sea por cadena de favores y amiguismo, lo cierto es que Ángel Manuel López ha recibido él sólo 195 ponencias de las 277 encargadas, nada menos que el 70 por ciento.

Otra prueba más de esta preferencia de Cano Bueso por López es la asistencia a las Comisiones Permanentes a las que, sin pertenecer a este órgano, este último fue invitado por Cano Bueso, originando el correspondiente cobro de las ponencias en las que participó.

Todas estas presencias y ponencias han tenido un importante volumen de ingresos para un consejero que, en principio, ocupa un cargo no retribuido. Coincidentemente, desde la Fundación El Monte, el amigo López invitaba a conferencias y actos a Juan Bautista Cano Bueso.

El coche de López

El segundo vehículo del Consejo es "el coche de López", algo que ha disgustado y mucho al resto de los consejeros que no pueden tener acceso al mismo por haberse convertido en coche casi personal del consejero López.

Según fuentes del Consejo, la propia Amparo Rubiales, consejera socialista, protestó por este privilegio injustificado. Ni siquiera Rafael Escuredo y José Rodríguez de la Borbolla, expresidentes de la Junta de Andalucía, tienen acceso a este vehículo que va y viene a Sevilla continuamente para recoger a Ángel López. Este automóvil podría llevar y traer a algunos consejeros.

Pero no ocurre así. Lo que sucede es que el coche tiene que ir a Sevilla el día antes de la sesión del consejo, permanecer toda la noche allí y al día siguiente, recoger a Ángel López y traerlo a Granada, sede del Consejo y devolverlo a Sevilla cuando termina la sesión. En ninguna parte del Reglamento dice que haya consejeros de especial consideración ni que haya algunos que, por sus méritos o trayectoria, exijan un trato privilegiado y diferenciado de los demás.

Cano y el partidismo

En julio de 1994, Juan Bautista Cano Bueso tuvo que dimitir de su puesto de Letrado Mayor del Parlamento. Cano actuaba simultáneamente como secretario de la Junta Electoral andaluza y fue criticado por la oposición popular e incluso por Izquierda Unida por haber sido inspirador de unas resoluciones que fueron posteriormente desautorizadas por la Junta Electoral Central.

Además, por aquellas fechas, el PP e IU intentaban revitalizar democráticamente Andalucía y sus instituciones, asfixiadas por 12 años de dominación socialista, lo que hacía difícil la permanencia de Juan Cano como letrado mayor de un parlamento que enseguida pasó a ser presidido por Diego Valderas, diputado de Izquierda Unida con el voto del PP.

También fue acusado de mal asesoramiento profesional por haber elegido el Parlamento andaluz a ocho senadores cuando sólo le correspondían siete.

Aunque finalmente fue elegido presidente del Consejo Consultivo en 2002, su nombre fue utilizado por su partido en la negociación sobre la composición de la Cámara de Cuentas en 2004. Luego, tuvo un tiempo dedicado a la Universidad y a los cursos, varios y muchos, en diferentes Universidades.

A pesar de que el presidente del Consejo Consultivo goza de autonomía reconocida en todos los temas, Cano siempre estuvo al lado de Manuel Chaves en el caso de la deuda histórica, cuando dejó de interesar reclamarla, en la cesión de competencias sobre el Guadalquivir, luego recurrida por la comunidad extremeña, y en el caso Marbella, recomendando la retirada de las competencias a la ciudad tras el caso Malaya. El PP lo acusó de inacción en el caso Marbella aduciendo que durante 15 años de irregularidades, el Consejo no había estado presente.

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