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El inspector Parrilla no reconoce su firma en un informe sobre una toma de declaración en la que no recuerda haber estado

El inspector de la UCIE que participó en la primera declaración de Trashorras ha abierto la vigésimo primera sesión del juicio. En contra del comisario de la UCII que compareció el martes, el testigo ha relatado que el ex minero sí que desveló que "El Chino" le había dicho que los dos etarras detenidos en Cuenca con 500 kilos de explosivos eran sus amigos. El ex confidente no dijo la palabra ETA aunque el agente conocía que esos arrestados eran los etarras Irkus Badillo y Gorka Vidal. En su comparecencia le han mostrado el informe sobre la declaración del dueño de una de las empresas que intermediaron en la venta de las tarjetas al locutorio de Zougam. Figura como instructor pero no ha reconocido su firma; tampoco recuerda haber estado en esa toma de declaración. Este testigo es Antonio Jesús Parrilla, el comisario al que Del Olmo encarceló por hablar con El Mundo.

El inspector de la UCIE que participó en la primera declaración de Trashorras ha abierto la vigésimo primera sesión del juicio. En contra del comisario de la UCII que compareció el martes, el testigo ha relatado que el ex minero sí que desveló que "El Chino" le había dicho que los dos etarras detenidos en Cuenca con 500 kilos de explosivos eran sus amigos. El ex confidente no dijo la palabra ETA aunque el agente conocía que esos arrestados eran los etarras Irkus Badillo y Gorka Vidal. En su comparecencia le han mostrado el informe sobre la declaración del dueño de una de las empresas que intermediaron en la venta de las tarjetas al locutorio de Zougam. Figura como instructor pero no ha reconocido su firma; tampoco recuerda haber estado en esa toma de declaración. Este testigo es Antonio Jesús Parrilla, el comisario al que Del Olmo encarceló por hablar con El Mundo.

(Libertad Digital) La sesión se abrió con el testimonio del comisario de la Unidad Central de Información Exterior de la Policía que participó en la primera toma de declaración de Trashorras, que todavía no había sido detenido.

Al final del interrogatorio de la fiscal Olga Sánchez quedó en evidencia una llamativa contradicción entre el testimonio de este inspector y el de su compañero de la Unidad Central de Información Interior que declaró este martes. Este último dijo que el ex minero nunca habló en esa declaración de la relación de "El Chino" con ETA. Un día después, el agente de la UCIE, con el que viajó a Oviedo por orden de la Comisaría General de Información, le desmintió.

El agente ha hecho un exhaustivo relato de la toma de declaración a Trashorras en Avilés. "Manolón" se ofreció a llamar a su "colaborador" para que les facilitara información sobre unos marroquíes que podían haber tenido algo que ver con el 11-M. Trashorras relató cómo a su vuelta de su viaje de novios, en febrero de 2004, se había encontrado con Mowgli y otros en el Mc Donalds de Carabanchel y después habían visitado la casa de Morata, a "dos o tres kilómetros del Parque Warner". En esa tarde, Mowgli, es decir, El Chino, discutió con Carmen Toro porque justificó el 11-S.
 
Los etarras de Cañaveras
 
En el momento en que Trashorras explicó que los había conocido gracias a los contactos de su cuñado Antonio Toro con Rafá Zouhier en Villabona, el agente dijo que "se dio cuenta" de que tenía delante a Carmen Toro, titular de uno de los teléfonos que habían localizado en Madrid y que habrían entrado en contacto con una de las tarjetas de Morata. En ese momento, Toro, sentada en las rodillas de su esposo, le animó a decir "todo lo que tengas que decir". Trashorras, "a voces", les preguntó a los agentes "qué ofrecéis" porque "esto es un marrón". Manolón intercedió para tranquilizarle diciéndoles que sólo estaba colaborando.
 
Dijo que el ex minero sí que habló de que "El Chino" le había dicho por teléfono que era "amigo de los dos detenidos en Cuenca con 500 kilos de explosivos". Según este testimonio, Trashorras no mencionó en ningún momento la palabra ETA pero a él le quedó claro que hablaba de los etarras Irkus Vadillo y Gorka Vidal, detenidos en la localidad conquense de Cañaveras cuando trataban de introducir en Madrid la "caravana de la muerte".
 
La desaparición del informe
 
Sobre este asunto y a preguntas de los abogados, el policía dijo que conocía la detención de los etarras de Cañaveras, los posibles "amigos de Mowgli", "por los medios". "Pensé que era una salida de Trashorras para evadirse del tema de los detonadores", puntualizó el agente, que señaló que no entendió ni esta referencia ni la despedida de Ahmidan diciendo que se verían "en el cielo". "Dijo que Jamal era de prostitutas y bebía alcohol y no me cuadraba", indicó el agente, que después habló del informe que recogió estas referencias. Según dijo, el día 19 de marzo él mismo elaboró un "informe detallado" de la declaración en el que "incluyó la frase" y puso "textualmente lo que Trashorras dijo".
 
En su respuesta al letrado, explicó que no sabía "qué ocurrió con el informe". "No era para un informe judicial, era un informe interno", detalló, antes de explicar que no tiene explicación para que, según el abogado, el informe de la UCIE en el sumario diga que no hay constancia de dicho informe. "No sé por qué se dice eso", insistió.
 
La "destrucción" de las notas y la revelación de Cartagena
 
A preguntas de otro abogado, el agente indicó en que el "informe interno" sobre Trashorras era "muy detallado" y que apenas tres días después de que lo entregara, el jefe de sección encargado de las diligencias de la detención del ex minero le pidió dicha nota. El policía explicó que se lo "había entregado al instructor" y el instructor "no le dice dónde está". Entonces el agente tuvo que relatarle "personalmente, verbalmente", cómo habían llegado a Trashorras a través de los teléfonos.
 
Otra de las partes más reveladoras de la declaración del policía ha sido su relación con el confidente Cartagena, del que era el segundo controlador. La primera entrevista con él fue en septiembre de 2002 y un mes después ya le dio información sobre el "movimiento salafista" y las personas que lo integraban, y ya habló del grupo de Maymouni, de El Tunecino y de El Egipcio. Les aportó incluso los teléfonos y en el marco de la Operación Esfera ordenaron intervenirlos. Los posibles objetivos también fueron objeto de estos encuentros: se habló de lugares de ocio y de la posibilidad de atentar en Marruecos o España en lugar de Irak.
 
El agente "ignora si se traducían" dichas conversaciones grabadas y apuntó que ellos no "llevaban la investigación". Por eso, dijo que "ignora por qué no se actuó contra estas células", conocidas desde antes de los atentados de Casablanca. El aspecto más interesante ha llegado con las notas sobre las entrevistas que él mismo debía elaborar y que están recogidas en el sumario. El agente indicó que él no había elaborado esas notas, pero en una inspección posterior ordenada por Bermúdez concluyó en que su contenido era correcto aunque el formato variaba.
 
Casablanca y el 11-M
 
Sin embargo sí faltaban algunas, en concreto la 6 y la 10 sobre encuentros con Cartagena. Apuntó como posibles causas que la nota 6 era "escueta" y que la diez era reiterativa respecto a la once. Indicó que "no sabe motivo por el que se dio la orden de destruir las notas" ni "sabe quién las destruyo". Aportó además otro dato, que en la nota nueve faltaba la página 39. Sobre su contenido, ha revelado que en él Cartagena decía que pensaba que el grupo salafista había "participado" en el atentado de Casablanca. "Se habían producido los atentados en 2003 y a continuación él manifestó esto", dijo.   
 
El día 15 de marzo fue la última vez que vio a Cartagena con el objetivo de que le condujera a la finca de Morata. Después fueron al parque Juan Carlos I y, según el policía, Cartagena "estaba muy enfadado" y les preguntó "cómo habéis permitido que pasara esto después de lo que os he contado", en alusión a la masacre del 11-M. Después, el agente indicó que ignoraba si El Tunecino era también colaborador policial.
 
Otra de las afirmaciones que realizó Parrilla, y que resulta sorprendente, es que el acusado Jamal Zougam y su hermano Mohamed, estaban siendo investigados por su relación con el atentado perpetrado en Casablanca por formar un grupo de "colaboración" en labores de apoyo a la célula que acometió al acción terrorista. Precisó que el locutorio ubicado en el barrio madrileño de Lavapiés estaba siendo investigado y que el grupo de la UCIE encargado de la actividad criminal relacionada con Marruecos había "intervenido" los teléfonos de las personas vinculadas al comercio.
 
También explicó que se pidió al confidente Cartagena que vigilara la zona porque suponían que los agentes de la UCIE podían ser detectados "con facilidad". Indicó a su vez que las investigaciones que realizó la unidad a la que pertenecía fueron incorporadas al sumario, instruido por el juez Garzón, que se realizó sobre este atentado. Además, negó durante su estancia que el confidente Cartagena abandonara su colaboración con su unidad por sentirse "desprotegido".
 
El funcionario policial explicó también que a finales del 2003 recibieron un informe del Centro nacional de Inteligencia en que informaba sobre uno de los terroristas suicidados el 3 de abril de 2005, Allekema Lamari, donde precisaba que había llegado a Madrid y que en una ocasión realizó un viaje con "un marroquí" a Valencia para visitar una joyería. El testigo dijo desconocer si ese informe implicaba que Lamari estaba localizado.
 
Mencionó además que su unidad registró aumentos de personal antes y después de los atentados aunque dijo que a él en concreto no le informaron de que existieran datos que situaran a España como objetivo del terrorismo islamista. A este respecto, destacó que hasta la detención de los acusados por su relación con el 11-M no existían en nuestro país "grupos operativos de acción" de la corriente radical islamista aunque sí se habían detectado célula de financiación o logísticas.
 
La identidad del testigo
 
Aunque el inspector de la UCIE comparecía como testigo protegido, su identidad no se pasó por alto: se trata de Antonio Jesús Parrilla, presente en esa declaración de Trashorras y controlador del confidente Cartagena. Su nombre trascendió el pasado mes de diciembre cuando el juez Del Olmo ordenó su ingreso en la cárcel. Sobre él pesaba la única acusación de haber hablado con El Mundo sobre una mafia policial de tráfico de explosivos. El caso, ajeno al 11-M, tenía un gran paralelismo con el del ácido bórico. Como con Garzón, Del Olmo se tuvo que inhibir por incompetencia pero antes había mandado a la cárcel a este policía y a otro compañero, Celestino Rivera. La Confederación Española de Policía tuvo que abrir una cuestación para pagar la fianza de los dos agentes. Al final, pudieron pasar la Nochebuena en sus casas.

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