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LAS LÁGRIMAS DE ANA por J. Arias Borque, enviado especial en Valencia


L D (J. Arias Borque) Sentada en la primera fila, Ana Pérez dejó caer este viernes sobre sus pómulos las lágrimas que venía reteniendo desde hace días, semanas, meses, años... Sobre todo, en los últimos cuatro ejercicios políticos, en los que el Gobierno, el PSOE y todos los partidos que firmaron el "cordón sanitario" contra el Partido Popular habían convertido a su marido en el muñeco pim pam pum con el que hacer oposición a la oposición.
 
Ana lloró este viernes, por rabia, por los malos tiempos que han pasado desde que su marido, como ministro del Interior durante los atentados del 11-M, se convirtiese en un político perseguido. Pero sus lágrimas también fueron de emoción, por la atronadora ovación que se llevó Ángel Acebes antes de empezar su último discurso como secretario general del PP, y por el aún mayor que recibió al concluirlo.
 
Escoltada a su izquierda por la mujer del ex presidente del Gobierno, Ana Botella, y a su derecha por sus dos hijos, no pudo evitar emocionarse cuando el hombre con el que se casó le dedicó a ella y a sus vástagos parte de las últimas palabras con las que se despedía de su paso por la política al más alto nivel: "Quiero dar las gracias a mi mujer, Ana, y a mis dos hijos, por su apoyo sin condiciones y por sobrellevar los avatares de estos años con una paciencia y una generosidad que nunca les podré compensar", dijo.
 
Este emotivo adiós, el que provocó las lágrimas de Ana y sus dos hijos, fue, junto a la ausencia de María San Gil, el protagonista del primer día del XVI Congreso Nacional de los populares. Una despedida que fue conocida en la noche electoral del 9-M, y que el propio Acebes confirmó el pasado 5 de mayo. Este emotivo adiós fue la razón por la que el ex director del Fondo Monetario Internacional, Rodrigo Rato, retrasó su viaje a Singapur. Su ausencia estaba confirmada. Este emotivo adiós también fue la razón por la que José María Aznar, cuya presencia se esperaba para el sábado, adelantó su viaje a Valencia. Ambos querían arropar a su amigo Acebes, con el que compartieron ochos años en el calor del Gobierno y algunos más en la fría oposición.
 
Precisamente Aznar fue el protagonista de otra de las imágenes del día, al evitar saludar al presidente fundador del partido, Manuel Fraga, cuando tomó asiento en la mesa de honor del plenario valenciano. Hasta en dos ocasiones se cruzó con él, y en las dos decidió ignorarle. Bastante parecida fue su reacción al cruzarse con Rajoy, al que dio la mano tibiamente y dándole la espalda. Para no repetir la escena y ahondar en las heridas, los encargados populares de trasmitir la señal institucional cambiaron de plano cuando Acebes se acercó a la zona que ocupaban Rajoy y Fraga en su despedida final.

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