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Los siete votos que necesita Zapatero para salvar los Presupuestos… y la legislatura

Con unos Presupuestos irreales, que incluyen más gasto y una recaudación impensable en plena recesión, Zapatero lo tiene difícil para reunir los apoyos que necesita en el Congreso. La continuidad de la segunda legislatura del Gobierno socialista también podría estar en juego.

MERCEDES R. MARTÍN
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Con unos Presupuestos irreales, que incluyen más gasto y una recaudación impensable en plena recesión, Zapatero lo tiene difícil para reunir los apoyos que necesita en el Congreso. La continuidad de la segunda legislatura del Gobierno socialista también podría estar en juego.
Salgado muestra los nuevos Presupuestos. Archivo.

Elena Salgado defendió como pudo el pasado martes los Presupuestos para 2010, cuyas líneas generales fueron difundidas, en sábado, en un Consejo de Ministros Extraordinario. La letra pequeña de las cuentas del Gobierno, que se enfrentan ahora a un largo trámite parlamentario, desmentían la “austeridad” prometida por la vicepresidenta, con un gasto en aumento camuflado por un hipotético incremento de los ingresos gracias a la subida de impuestos y a una recuperación que el Gobierno promete para mediados del próximo año.

Salgado lo tenía difícil para convencer, con esos números, de que éstas son las cuentas que necesita el país para acelerar la salida de la crisis. Y poco tardaron los diputados en responderle: las críticas de los portavoces fueron unánimes aunque con matices distintos. Desde partidos como PP o CiU llegaba un rechazo frontal. Otros, como ERC o BNG, acompañaban las críticas con futuras exigencias que irán desvelándose en los pasillos del Congreso.

Cada año la aprobación de los Presupuestos por parte de un Gobierno en minoría ha supuesto semanas de negociaciones más o menos escondidas que se han saldado, hasta ahora, con la aprobación in extremis de las cuentas públicas. Este año no va a ser menos, pero el rápido deterioro de la situación económica y la manifiesta incapacidad del Ejecutivo para hacerle frente podrían dejar a Zapatero en una situación insostenible si finalmente tampoco lograra sacar adelante sus cuentas. Los siete votos que separan al PSOE de la mayoría absoluta en la Cámara baja le son, más que nunca, imprescindibles.

En principio, el PSOE dispondría de dos vías para hacerse con la mayoría que les hace falta. De un lado, podría intentar ganarse la confianza de los partidos nacionalistas con posibilidades para dejarse convencer y apoyar las cuentas públicas. El voto de UPN estaría asegurado por la alianza que mantienen los regionalistas con el Partido Socialista de Navarra en la Comunidad Foral. Y también se da por hecho el respaldo de los dos diputados de Coalición Canaria al PSOE tras los múltiples guiños del presidente a las islas.

Los votos restantes para lograr la mayoría deberían llegar del PNV: la situación ha cambiado tras el varapalo que supuso para los nacionalistas la pérdida del poder en el País Vasco pero su propio presidente, Iñigo Urkullu, no ha descartado en público un respaldo a los socialistas del Gobierno central. El sentido de su voto dependerá, sin duda, de lo ocurra el próximo 13 de octubre con la votación en el Congreso del polémico blindaje del Concierto vasco.

En el caso de que los nacionalistas cambiaran de opinión y se abstuvieran o incluso votaran en contra de las cuentas públicas, las cosas podrían complicárseles, y mucho, a los socialistas. El grupo vasco, con seis diputados, podría terminar de formar una mayoría suficiente de votos contrarios a los presupuestos y tumbar así la ley más importante en manos del Gobierno.

La otra posibilidad que se le abre a Zapatero es pactar con la izquierda. El Gobierno se aseguró de que la aprobación de la nueva financiación autonómica coincidiera con la tramitación de los Presupuestos, con el fin de garantizarse algunos apoyos. La vista estaba puesta en los tres diputados de ERC, el partido ante el que cedió el Gobierno en las negociaciones del pasado verano. Sin embargo, está por ver que los republicanos apoyen sin más al Ejecutivo, con menos margen de maniobra para hacer concesiones a sus socios en Cataluña.

Los otros cuatro votos que necesitaría podrían llegar de IU-ICV y el BNG y necesitarían, en principio, de algunos cambios en las cuentas públicas que justificaran el voto a favor de estos partidos. Existe la posibilidad de que el Gobierno tratase de ganar su apoyo incrementando aún más la presión fiscal, aunque, en principio, se haya comprometido a no tocar el IRPF. O de que, pese a la austeridad prometida, el Ejecutivo acabe cediendo y conceda más fondos a Galicia, la comunidad de sus antiguos socios del bipartito.

El calendario que esbozó Salgado cuando llevó el proyecto de ley al Congreso augura semanas de negociaciones más o menos públicas pero con algo más de tensión que en años anteriores. El PSOE se juega mucho este otoño, en el que, previsiblemente, las cifras de la recesión complicarán su situación política tras el revés de las elecciones en Galicia y el cambio en el País Vasco. La primera cita importante tendrá lugar entre el 20 y el 22 de octubre, con la votación de las enmiendas a la totalidad, para cuya presentación ya se ha abierto el plazo. El PP, por ejemplo, ya ha anunciado que la presentará.

Si se supera este trámite, el proyecto de Ley de los Presupuestos pasará a la Comisión de Economía, y tras la aprobación de enmiendas a sus artículos se someterá de nuevo a votación el próximo 12 de noviembre. En el caso de que salga adelante, pasará al Senado, donde será aprobado definitivamente. Si fuera vetado, como ocurrió el pasado año, tendría que volver a la Cámara Baja y ser votado de nuevo.

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