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PASEANDO POR EL HACHA, por J. Arias Borque

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(Libertad Digital - J. Arias Borque) Encajonada entre verdes montes, la localidad guipuzcoana de Vergara juguetea buscando su espacio en los pequeños huecos que le permite el cauce del río Deva. Junto al Ayuntamiento, en una ikastola decorada con los dibujos de paisajes de los alumnos, se encuentra uno de los seis colegios electorales en los que se dirime quién gobernará durante los próximos cuatro años el Consistorio. Otrora feudo inexpugnable de Herri Batasuna, la ruptura de la tregua-trampa fruto del pacto de Estella entregó el bastón de mando, por primera vez, al PNV, que lo conserva desde entonces, gracias, eso sí, a que la Ley de Partidos impidió en 2003 que el brazo político de ETA intentase un nuevo asalto al Ayuntamiento. La historia no se repetirá esta vez. El hacha y la serpiente regresa con más fuerza que nunca a través de Acción Nacionalista Vasca.
 
Uno de los dos apoderados con los que cuenta el PP en la localidad entra en la sala y se acredita como tal ante el presidente de la mesa electoral. Tras un pequeño murmullo, se hace el silencio. Incluso hay ojos incrédulos. Un extraterrestre acaba de llegar a Vergara, como recién caído de un platillo volante. El único al que habrán visto, con total probabilidad, desde las primeras elecciones democráticas, que no lo son tanto en este rincón de España. Tras unos minutos de silencio absoluto, fruto del flash mental, la conversación vuelve a la sala, a veces, hasta animada. Pero ya nada es igual, del castellano inicial, antes de la acreditación, se ha pasado a un euskera ininteligible, mezcla del batúa que preconiza Ibarretxe en la ETB y las ikastolas y el dialecto del alto Deva. El EHNA, el DNI proetarra que propugna la ilegal Udalbiltza como acción activa de desobediencia civil, circula con total normalidad. De nada sirve protestar o levantar acta, es perder el tiempo.
 
Fuera del colegio electoral, la guerra propagandística en la calle tiene un único ganador. No hay duda, los carteles de ANV inundan la localidad. Junto a ellos, al lado de una herriko-taberna, un cartel de la terrorista Segi recuerda a los más despistados que la opción para estas elecciones es ANV.
 
La lluvia comienza a caer sobre Vergara y acompaña los treinta y cinco minutos en coche que se tarda en llegar hasta Tolosa. Tras unas cuantas indicaciones, y dos o tres vueltas de más, se consigue acceder a una pequeña y sinuosa carretera que en dos kilómetros te introduce en lo desconocido, en el pueblo del que el entorno de ETA llegó a echar hasta al mismísimo Joseba Egibar: Lizarza.
 
Las farolas de la localidad están decoradas con los retratos de terroristas de ETA encarcelados, y el símbolo de ETA, el hacha y la serpiente, está impreso en multitud de paredes. De los balcones de las casas cuelga la banderita de apoyo a los presos. El silencio  de la villa llega a ser ensordecedor, debe ser lo más parecido a andar por un pueblo fantasma. Y todavía queda por ver el Ayuntamiento. Con aspecto de caserío, del balcón cuelgan las fotos de cinco etarras y las paredes están recubiertas con los mensajes más tradicionales: Egibar alde hemendik (Egibar fuera de aquí), Gora ETA; o los que quedan de las últimas elecciones: Orain EHAK (Ahora PCTV).
 
Junto a la puerta de entrada, cuatro ertzainas controlan que todo discurra con normalidad. "¿Qué, os han insultado mucho?" “Ni se les ocurre”, responde uno de ellos mientras se lleva la mano a la pistola. Las escaleras que dan acceso al salón consistorial, lugar donde se ubica la mesa electoral, están llenas de pintadas insultando a Egibar. Ni el interior del consistorio se ha salvado de las pintadas de los salvajes. En el salón, los tres responsables de la mesa saludan al desconocido que entra. Sólo tres en la mesa. Y es que ningún partido ha presentado interventor en una localidad donde sólo se presenta el PP tras la ilegalización de las dos listas de ETA y donde todos los partidos salvo los populares han llamado al voto en blanco para que sea la gestora que se conformó tras la renuncia de Egibar la que se siga ocupando del bastón de mando.
 
En los edificios anexos al consistorio las pintadas que enaltecen a la banda terroristas se repiten una y otra vez, dando un aspecto aterrador a la plaza del pueblo. Si la democracia real llegará algún día a localidades como esta es una pregunta que parece no tener respuesta.

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