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Rajoy pide elecciones y Zapatero dice que seguirá "cueste lo que cueste"

Debate muy caliente en el Congreso. Rajoy pidió elecciones en sus tres intervenciones. Zapatero, muy enfadado y con el gesto avinagrado, hizo oídos sordos: "Voy a seguir cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste". Eso sí, le retó a presentar una moción de censura "si tiene valor".

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Hasta en tres ocasiones, en las tres intervenciones que utilizó en el Debate sobre el Estado de la Nación, Mariano Rajoy pidió a Zapatero la convocatoria de elecciones generales. Por primera vez en sede parlamentaria, lo hizo con claridad y de forma directa, sin circunloquios ni ambigüedades.

Rajoy subió a la tribuna de oradores y ya fue recibido con una ovación cerrada de toda su bancada. Arrancó demoledor apoyándose en el diario de sesiones para dejar en evidencia a Zapatero que sólo hace un año, en el anterior debate, negaba todo lo que ahora propone, obligado por la UE. Hasta recordó como el citado diario recogía que los diputados socialistas ovacionaban las intervenciones en las que Zapatero rechazaba las propuestas que ahora votan esos mismos diputados sin rechistar. La cara del ministro Corbacho, al escuchar lo que decían hace tan poco tiempo sobre la reforma laboral, era un poema.

Después de un "lo que a mí me conviene es que usted agote la legislatura, lo que ocurre es que no hablamos de lo que me conviene a mí, sino de lo que conviene a los españoles", que sirvió como aperitivo, por fin, lo dijo claramente. Pidió un adelanto electoral. "Es la única medida que necesita este país. Le falta reputación. No tiene autoridad moral. Tiene usted poder pero carece de autoridad y es algo que no cura. Convoque elecciones". La excitación dominaba la bancada del PP. Aplausos constantes y ovación en pie para su jefe de filas.

Zapatero empezó su réplica molesto y dolido. No le gustó nada la petición de elecciones e insistía con lo de "arrimar el hombro". El presidente dijo que "con aciertos y errores" ha hecho lo que interesaba a España mientras que Rajoy hace "lo que le interesa a usted y a sus intereses políticos". Zapatero estaba más flojo que en debates anteriores, aunque mucho más enfadado.

Y también consiguió crispar los ánimos de los populares con su insistencia en torno al Estatuto catalán. El presidente del Gobierno se escudaba en este asunto para no rendir cuentas de su política económica y sus contradicciones. Los diputados del PP le gritaban desde sus bancadas. Y Rajoy eludía una cuestión que no le gusta. Ni siquiera quiso defender el recurso que ha estimado en parte el Tribunal Constitucional. Las elecciones catalanas están cerca, toca pactar con CiU y Rajoy repitió de eso de pasar página y "mirar hacia el futuro". 

El presidente recurrió a la táctica de dilación. Siempre lo hace y más en esta ocasión que estaba enfadado, muy enfadado. Abusa de su ventaja en el debate al no tener límite de tiempo frente a Rajoy que tiene las intervenciones tasadas. Superó con creces el tiempo utilizado por el líder del PP. Por momentos parecía aturdido. Quizás no se esperaba que Rajoy fuese tan claro. No está acostumbrado. En un momento del debate, llegó a poner a George Bush como modelo de presidente responsable que, como él, tomó medidas impopulares.

Finalmente Zapatero concluyó su intervención, dejando clara su intención de enrocarse en La Moncloa. Dijo que elige el camino de gobernar "cueste lo que cueste" y "me cueste lo que me cueste". Descartó así el adelanto electoral que le había pedido Rajoy, al que dedicó descalificaciones de todo tipo. "A usted le conviene lo que no conviene a España", concluyó entre los gritos de reprobación de los diputados del PP en el interior del hemiciclo.

Llegó su segundo turno y, por segunda vez, Rajoy le decía a Zapatero que se vaya: "Ya le ha creado suficientes problemas a los españoles, convoque elecciones". Era la novedad del debate y se notaba. Se sucedían los aplausos de su grupo, entusiasmado con una contundencia hasta ahora inédita en su líder. Rajoy estaba sobrado, sus diputados encantados y los parlamentarios de otros grupos, "pasmaos". No daban crédito a una intervención tan potente para el líder de la oposición, que replicaba a Zapatero: "Diga todas las descalificaciones que quiera, que yo no voy a decir nada, pero no hemos venido a hablar de eso, sino de usted". Ovación pletórica, de nuevo. Pocas veces se vio un ambiente tan caldeado en los últimos años.

Por su parte Zapatero se revolvía descalificando al PP, presentándose como ejemplo de "responsabilidad y el patriotismo", frente al "oportunismo y electoralismo" del PP. De nuevo en la tribuna le espetó a Rajoy que es él quien tiene la confianza de los ciudadanos ("que la dan las urnas en las elecciones)" y le retó a presentar una moción de censura por "coherencia". Claro que, dijo Zapatero, entre la algarabía de los socialistas, para eso hay que tener "un programa y el valor de presentarlo aquí ante los ciudadanos".

Este fue el momento álgido de Zapatero, ya que Rajoy no supo responder el envite. Pero esta vez la iniciativa la tuvo el líder del PP con su exigencia de elecciones. A Zapatero, con la chistera presupuestaria vacía, se le vio a la defensiva, acorralado por momentos.

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