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Zapatero: "El proceso de paz sembró una solución definitiva"

El País publica una extensa entrevista con Zapatero en la que hace balance de los diez años que ha cumplido al frente del PSOE. Ante las sospechas, casi certezas ya, de una nueva negociación con ETA despeja dudas. Dice que el "proceso de paz" fue un "acierto" que "sembró una solución definitiva".

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Del joven diputado que encandiló a la militancia socialista apenas queda algo. El hombre de ahora aparece con un rictus de amargura en el rostro y doblado por la realidad de la crisis, dice El País. El periódico atestigua que durante los últimos meses los que han visitado la Moncloa han dejado flotando en el ambiente la sensación de un Zapatero castigado por la realidad.

Y todo ello pese a los fastos del pasado aniversario de su elección como secretario general del partido, el pasado 22 de julio. Con su liderazgo quebrado, la reelección y su candidatura se antojan ahora más difíciles que nunca.

A propósito del estado anímico del presidente, el sociólogo José Andrés Torres Mora, anterior director de gabinete, señala que Zapatero está somatizando las preocupaciones ciudadanas del momento, pero que su pesadumbre no es patológica y que recuperará su proverbial optimismo cuando la sociedad respire.

"He pasado ratos muy malos, la verdad, sobre todo a la hora de decidir las medidas d recorte ante el shock económico". Y continúa el presidente: "He pasado alguna noche sin dormir. La noche del 9 al 10 de mayo la pasé en blanco, primero en contacto telefónico con la vicepresidenta, que estaba negociando en el Ecofin nuestro compromiso de reducir el déficit un punto y medio más. Digamos que me pasé la noche esperando al índice Nikkei".

El País pregunta al presidente cómo combate la ansiedad. "Corro unos diez kilómetros diarios campo a través, pero sobre todo es que yo soy muy tranquilo. Creo que para tener una responsabilidad como la mía, la primera condición personal es tener fortaleza emocional".

No obstante, Zapatero, que reivindica la importancia de un análisis de "luces largas" que no esté atado a "cosas coyunturales", sigue en sus trece y dice que "la situación es mala, pero ya no muy mala". "Sé que las medidas que he adoptado son impopulares, así de claro. Voy a aplicar esas medidas y a mantenerlas. Tengo que ser responsable y ser presidente en lo bueno y en lo malo. Lo haré por encima de mis aspiraciones políticas de futuro. Y que nadie dude de que si hay que adoptar nuevas medidas, las adoptaré".

A continuación, El País le pregunta cómo le gustaría pasar a la historia de España. Zapatero aquí se extiende. "Como el presidente que, además de hacer frente a la crisis, transformó la economía y llevó a cabo la tercera gran transición económica de la democracia, que completó las que se llevaron a cabo en los ochenta y noventa. Con las reformas que hemos emprendido debemos generar una espiral económica positiva cuanto antes. Quiero que esta legislatura sea la de la transformación económica. La habríamos hecho en cinco o seis años, pero ahora con la crisis estamos obligados a hacerla en un año. Somos lo que somos como país y debemos ser conscientes d eque lo hemos hecho bien hasta ahora en la democracia".

Zapatero, que se "reserva" la decisión de presentarse a una reelección, habla de la negociación con la banda terrorista ETA –que llama, como siempre, "proceso de paz"- y lo ve como uno de los grandes aciertos de su mandato junto a "haber sacado las tropas de Irak". La negociación con los asesinos es "aunque sea arriesgado decirlo, fue el proceso de paz. Tengo la convicción de que ahí se sembró una solución definitiva. Tengo esa confianza".

Entre los errores y cosas que ha tenido que aprender, Zapatero reconoce a El País que fueron "cuando la víspera de la bomba en la T-4 dije que estábamos mejor que un año antes y el haber estado demasiado tiempo en el debate de si teníamos una crisis o una desaceleración. No son dos errores menores y es importante que se conozcan públicamente. Yo he aprendido de ellos".

Además, asegura haber "aprendido los límites objetivos de la acción de gobierno". Aquí asegura que aspectos que parecían difíciles han sido fáciles ("la aplicación del matrimonio homosexual") y otros como "la capacidad del Gobierno de intervenir en la economía libre de mercado, se han revelado lo más difícil".

El diario analiza también la trayectoria personal y la propia personalidad del presidente. "Sigue siendo el mismo, continúa con el mismo móvil y conserva más o menos sus relaciones anteriores. Es reservado y oculta sus debilidades, suponiendo que las tenga", dice de él la ministra Trinidad Jiménez. "ZP no es rencoroso, pero rara vez olvida un agravio, un feo, un desplante. Los deja pasar, pero los tiene en cuenta", dice un antiguo colaborador.

Pero hay unanimidad en que apenas ha cambiado en la última década, y también en que nunca hubo un secretario general del PSOE con tanto poder y menos contestación interna. Aún así, Zapatero cree que no tiene el síndrome de la Moncloa. "No tengo una sensación de soledad. Soy un presidente comunicativo que habla mucho con los ministros y los dirigentes del partido. Y hablando de soledad, durante estos años he tenido la gran satisfacción de contar con el concurso del Rey no sólo en lo político, sino también en el personal".

El País, que atribuye literalmente a Zapatero el haber puesto fin a la utilización progubernamental de TVE y haber posibilitado unos informativos plurales sin que se le caigan los anillos, señala otros testimonios que describen al presidente, en concreto, el de un ex colaborador que prefiere no ser identificado. "Lo que mejore caracteriza al presidente es su vocación de poder. Supedita todo al supremo objetivo de ganar las elecciones". "El presidente conoce la importancia del voto sentimental y lo busca aunque las ganancias de estas políticas, caso de la Memoria Histórica, no tienen por qué ser las del país".

Otro dice que "el problema es que no ha querido rodearse de los mejores. Debería haber escuchado más antes de tomar decisiones trascendentes. No ha manejado bien el inmenso poder que tenía". De ello se deduce, según este ex colaborador, a "tratar de situar simbólicamente a la derecha en el pasado franquista y de recabar la adhesión emocional e identitaria de gentes de izquierda que racionalmente podrían legar a pensar que es un mal presidente".

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