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El final de ETA

No hay moral suficiente en la casta política para acabar con ETA, sobre todo, cuando la propia casta está entregada a los ideologemas nacionalistas.

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Zapatero siempre ha utilizado el terrorismo de ETA para mantenerse en el poder. Lo seguirá haciendo para que los de su partido sigan mandando en el trozo más grande de España. Entonces, me pregunto, ¿por qué se extrañan algunos periodistas de que ayer, en un mitin en el País Vasco, volviera sobre sus pasos para arremeter contra el PP y darle cariño a Eguiguren, el principal defensor de la negociación con ETA, y a la banda criminal para que siga luchando por la paz de cementerio? Hay, sin embargo, algo peor que hacerse el lelo; es, en verdad, serlo, según demuestran cada día quienes dicen "ETA está en su final". Obvio.

ETA está retirándose, sencillamente porque ha conseguido la mayoría de sus objetivos culturales y políticos, aunque por si acaso se reserva el "derecho" de ametrallar a quien se le ponga en gana. Y a tiro. Es el único precepto de carácter universal que podemos extraer de una historia terrorífica: los de ETA seguirán matando, con el plácet de los nacionalistas, hasta independizarse totalmente de España.

Muchos son los actores que han participado en ese inmoral proceso. En primer lugar, hay que citar a la famosa "justicia". Naturalmente, desde hace décadas, el sistema judicial y penitenciario tiene asumido que sus funciones represivas son contingentes. Nada tiene que ver la justicia española con la universalidad moral de la ley. El sistema judicial español es vicario del poderoso Zapatero, o peor, de las contingencias electorales por las que pase el todopoderoso PSOE. El premio concedido por el sistema judicial al sanguinario Troitiño, que debería aún cumplir condena hasta por lo menos el 2017, no es sino sólo un ejemplo de los cientos de despropósitos que los jueces y fiscales de España ha cometido a favor de los sanguinarios de ETA.

Menester es citar, aunque sea en segundo lugar, a muchos creadores de opinión pública que o miran para otro lado ante ETA o, sencillamente, dicen alguna grosera generalización. Toda esa gente simula que el gobierno de España está ganando la guerra a ETA. Mil pruebas ponen en evidencia esa falsificación. Otras tantas podríamos esgrimir para mostrar que Rajoy, tercer actor de la gran ocultación, cambalachea con Zapatero para ocultar lo inocultable: los terroristas ganan todos los días alguna batalla al escuálido Estado de Derecho. Nadie me hable por favor de los éxitos policiales frente a ETA... Sólo faltaba que no los hubiera, pero sólo sirven al ministro-candidato para mantener entretenida a la chusma. Es la cebadilla socialista para sacar pecho delante de una prensa indefensa de ideas democráticas y ayuna de Estado-nacional.

En pocas palabras, no hay moral suficiente en la casta política para acabar con ETA, sobre todo, cuando la propia casta está entregada a los ideologemas nacionalistas. Así las cosas, prepárense para lo peor: Eusko Arkatasuna y Bildu pegarán sus carteles en las próximas elecciones. López y Basaigoiti ya han blanqueado las paredes sobre las que colgarán su nauseabunda propaganda. ETA, por desgracia, estará otra vez presente en las instituciones. Los responsables máximos de este acto criminal serán PSOE y PP.

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