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La estrategia libia

Libia no es muy importante, pero una derrota sería devastadora.

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Se mire como se mire, el objetivo de la intervención en Libia es derribar a Gadafi, y se diga lo que se diga, el medio es apoyar a sus enemigos internos. Pero los medios de éstos no están muy ajustados al objetivo común, de los de dentro y de los de fuera. Es una estrategia de esperanza, con poco fundamento. En Afganistán, del 7 de octubre al 14 de noviembre del 2001, salió casi a la perfección. Lo que vino después es más bien otra cosa. En Libia está patinando. La Alianza Norte de allá tenía más de ejército que el revoltijo del Este de aquí y los talibán, una vez vaciados de la osatura de militares paquistaníes, resultaron inferiores a las milicias militarizadas de Gadafi.

La esperanza estratégica no residía en la fortaleza de los rebeldes. Seguimos sin saber quiénes son políticamente, pero siempre hemos sabido que no son nada militarmente. Tampoco nuestra apuesta es convertirlos en algo en ese sentido. No hay ni tiempo ni ganas. El supuesto estratégico reside en el desmoronamiento del bando gadafista. Empezó a producirse desde el principio de la crisis y se creyó, se esperó, que parándoles los pies a sus matones artillados el proceso se aceleraría. Pero cuando se intervino era tarde. Lo justo para salvar Bengasi, la capital rebelde, pero para entonces ya estaba en marcha el proceso contrario: la recuperación de Gadafi. La revuelta y las deserciones en su campo habían ejercido sobre él el efecto de una estrategia espontánea de shock and awe, de paralizante conmoción y pavor. Pero cuando Obama se decidió a seguir a un Sarkozy que ya arrastraba a Cameron y salió la resolución 1973, la maquinaria represiva del dictador estaba ya en plena marcha. Los ilusos rebeldes creían que con que sólo les quitaran de encima a la aviación del tirano lo tenían todo resuelto. Ahora han desarrollado adicción a los bombardeos amigos y en cuanto estos amainan, las cosas empiezan a irles mal y no dejan de mirar al cielo profiriendo la jaculatoria "¿Dónde está la OTAN?".

Y la OTAN está, pero no mucho. Ya Clinton se había replegado un tanto en Bosnia para azuzar a los europeos a asumir sus responsabilidades, pero tuvo que retomar las riendas en Kósovo o la Alianza naufragaba. El propósito de Obama es todavía más modesto. Más por fe en el multilateralismo inútil y humilde rechazo del excepcionalismo americano que por fatiga bélica, Obama no quiere que su país dirija. Dirigir desde atrás, lo llama. Escurrir el bulto es la denominación tradicional. No es que los europeos no deberíamos ser capaces de mucho más y hacerlo, pero sin el Gran Hermano estamos perdidos. El Reino Unido ha echado el resto en Irak y Afganistán. La Merkel escurre el bulto sin eufemismos, emulando al impresentable Schröder, por unas elecciones regionales que finalmente pierde. Los europeos orientales, a los que hizo temblar el "podían callarse" de Chirac cuando se atrevieron a pronunciarse a favor de la guerra de Irak, ahora frenan la de Libia. Libia no es muy importante, pero una derrota sería devastadora.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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