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José Apezarena

Del "frenazo" a la ruptura

Ha habido un “frenazo” en la relación entre el Príncipe y Eva Sannum. Es lo que se escuchaba en La Zarzuela la pasada semana. Y ahora lo que se ha producido finalmente es la ruptura. Una ruptura definitiva. El procedimiento para anunciarlo resulta bastante inusual. Porque se había avisado que no existiría una información directa para expresar que la amistad estaba concluida, sino que se avistaría por la vía de los hechos. Es decir, que Felipe de Borbón y Eva dejarían de encontrarse, y el paso del tiempo echaría tierra sobre cualquier posibilidad de boda. No ha ocurrido así.

La noticia ha saltado a la luz mediante una especie de declaración del afectado, un anuncio “a título personal”, al reducido grupo de periodistas que siguen informativamente la actividad de la Casa del Rey. Para ello, les ha convocado a La Zarzuela, a tomar café, y allí se ha producido la revelación. No se trata de un comunicado de la Casa Real, porque tampoco en La Zarzuela nadie confirmó oficialmente un noviazgo, aunque sí se admitió, con claridad, que existía una “amistad” entre ambos. Ahora esa amistad también se excluye, puesto que las palabras exactas de la noticia es que el Príncipe, “junto a Eva Sannum”, ha decidido “poner fin a la relación actual entre ambos”.

Puedo decir que la decisión que ahora se consuma le ha costado sangre al heredero. Había un sentimiento profundo, verdadero y serio, hacia la muchacha noruega; y continuado: cuatro años. Y, en los últimos tiempos, un periodo de alejamiento mutuo para ir enfriando. El Príncipe se ha tenido que hacer daño hasta llegar a una conclusión como la que ahora nos ha anunciado. Y en esa decisión ha tenido parte, definitiva, la comprobación de que los españoles “no querían” a Eva Sannum como Reina de España. Y un heredero difícilmente debería contraer matrimonio en contra de la voluntad —expresa— de los españoles. Salvo que deseara correr un riesgo máximo.

Tenían razón quienes, durante todo este tiempo, reclamaban confianza en el sentido de responsabilidad y buen criterio de Felipe de Borbón. Lo ha demostrado ahora de forma contundente. Y este difícil episodio, que aquí concluye, también le servirá de ratificación personal, y, de futuro, redundará en un mayor aprecio entre los españoles. Que tampoco le viene nada mal.

Este artículo está publicado, junto con otros de César Vidal, Carlos Semprún Maura y Lucas Soler, en la Revista del Fin de Semana de Libertad Digital. Si quiere leerlos, pulse AQUÍ

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